La Coctelera


24 Octubre 2007

Carta a los lectores habituales.

Desocupados lectores:

Publicar la novela se está convirtiendo en un proceso kafkiano. Nada me gustaría más que daros todos los detalles, pero no sería muy inteligente por mi parte, así que me los callo. Ojo: no es que vaya mal la cosa, es que se demora, como los aviones, y se vuelve a demorar cuando todos creíamos en la terminal que ya tomaba tierra y andábamos sacando las pancartas de bienvenida. Y a mí no me queda paciencia y no se me ocurre con qué actualizar. Si sigo subiendo sólo mis lecturas éste acaba siendo un blog cultural bastante gafapasta con cierta mala leche, pero sólo cierta (porque como ya os dije, no encuentro mi tono ni mi alegría mordaz, esa forma de coser las palabras clavando la aguja y pinchándome en el dedo a propósito a la que estáis tan acostumbrados, y los que ya hayáis leído esta frase en el comentario os jodéis: yo reciclo). Lo que está claro es que no quiero hacer un blog sólo de crítica. Siempre he subido mis lecturas cuando no sabía de qué escribir o como excusa para terminar hablando de Politeísmos. Éste nunca ha sido un blog de reseñas. Ya hay muchos, conozco algunos muy pero que muy buenos y el mío no les llega a las suelas, ni es mi intención. El faro no es un blog de literatura ni personal: es una bitácora sobre una novela. Punto. Y la novela no sale, de momento. No puedo seguir actualizando del aire.

Aquí he tenido lectores de todo tipo. Escritores, lectores y freaks, talluditos y quinceañeros. He tenido el mismo número de forofos de Borges que de El señor de los anillos. He tenido todo lo que yo soy y muestro, pero en personas separadas. Y eso es lo que quiero. Nunca me ha gustado encajonarme en un sitio. Nunca me he volcado por entero en el fandom, a pesar de que lo que yo hago podría (sólo podría) meterse con calzador en la literatura fantástica convencional. Tampoco me he proclamado Escritor Con Mayúsculas ni lo haré jamás. Detesto el academicismo, aunque también lo venero por cuestiones de formación. Es como un zapato que te aprieta y no logras sacarte. Soy lo que soy. Soy un funambulista, me gustan los límites, las cuerdas flojas, las delgadas líneas. No me voy a ovillar tan contento en el nicho de un subgénero y a vivir la vida sin mover un puto dedo porque se está muy a gustito en tu rincón, midiéndote sólo contra los cuatro que se reparten la tarta que a más tocas, y no me voy a dedicar a escribir bonito y sin disfrutar de una historia ni meterme en ella ni vivirla porque sea mucho más cool no dejarte llevar por los personajes, que vaya por dios, lo mismo caes en el hiperrealismo, qué tragedia y qué delito.

Me la pela. Escribir no es un proceso de elección. Haces lo que eres y lo que sientes en ese momento. Yo soy un niño viejo al que el cuerpo le queda grande. Así de simple. Hablé de esto con amplitud en un post hace tiempo. Y en otro. Y en otro...

De alguna forma mi novela tiene un “target”, que dicen los editores. El target está entre los quince y los treinta años, posiblemente. Esto es una soplapollez; Alicia en el País de las Maravillas sigue siendo igual de bueno si lo lees con nueve años que con cuarenta. Los targets no existen, pero haberlos haylos, como las meigas. Y posteando sólo Mis Importantes Opiniones Sobre Literatura de alguna forma engaño a mi lector. Porque una cosa es lo que a mí me gusta leer —pijotadas escritas maravillosamente que no cuentan nada— y otra muy distinta lo que a mí me gusta escribir. O me gustaba. Que ya ha pasado un añito desde que terminé la novela.

La cuestión es que estoy cogido por las pelotas. No puedo seguir hablando de lo maravilloso que es el libro porque yo soy el primero que está hasta la polla de él —me lo he leído CIEN veces, señores, CIEN (son más, pero no me creeríais)—, no puedo contaros cómo va su publicación porque hay que ser discretos con estas cosas y no pienso hablar de mi vida porque carezco de ella. Es como si, al volcarme tanto en esto, me estuviera difuminando para lo demás. Me levanto como un zombie. Soy un fantasma en el trabajo. No salgo de casa más que para hacer la compra y sacar a mis perros. No respondo a las llamadas de los colegas. No veo a nadie los fines de semana. Permanezco, durante horas, mirando fijamente la pantalla del correo electrónico con el móvil al lado. No tengo conversación; no me apetece hablar de nada, así que me callo. A veces hasta cierro los oídos cuando me hablan, como si se me hubieran taponado por la diferencia de presión. Porque soy una olla exprés, por dentro, y cuando esto explote, cuando de verdad el libro esté en las tiendas, probablemente no me pare ni un tren de mercancías: detendré todos los problemas con la uña del pie izquierdo y sin despeinarme. Pero ahora me vuelvo borroso e insustancial. Si me miro al espejo es como si los contornos se fundieran con el armarito de atrás. Vivo para la literatura; no tengo literatura, pues no vivo. Elemental.

Así que me voy a tomar un respiro. Es decir, voy a hacer lo mismo que hago siempre, pero avisando: dejaré de postear una temporada —jiaaaaaa, Al, llevas sin subir nada diez días, quién lo va a notar a estas alturas—. No sé cuánto estaré sin escribir. Lo mismo la noria sube de golpe y mañana os sorprendo. Puede que tarde una semana o un mes. No voy a engañaros: no lo sé.

Ahora andaréis diciendo: “Tío, eres más blando que la gaseosa. ¿Por unas cuantas largas te hundes y dejas de escribir? Vaya puta mierda de escritor ‘por necesidad’ que estás hecho, Alvarito. A otro perro con ese hueso, capullo. A mí no me vendes la moto. Ponte a currar y deja de hurgarte en las cicatrices con el cuchillo de la mantequilla, que no cuela”.

Vale. Sí. Podría justificarme con aquello tan socorrido de que tengo diagnosticado un trastorno maniaco-depresivo crónico, pero los lloriqueos —pobre yo, pobre, pobre, levántenme una estatua, por favor, en la que ponga “mártir en proceso de beatificación”— mejor los dejamos para los momentos íntimos a la luz de las velas de un rezo en la capilla o una cena romántica para camelarte una tía (dos actividades que me resultan completamente marcianas: yo soy politeísta y el romanticismo que a mí me mola es el del XIX y la pistola en la boca delante del espejo).

A lo que íbamos: que no voy a disfrazar lo que me pasa. Que sí, que tengo depresión. No es ninguna novedad. A mí me tira al suelo ya no un soplido, sino la pedorreta de un bebé. Por otro lado, me levanto al minuto y a seguir corriendo, que en eso consiste la vida. Pero de entrada me dedico a repasar cicatrices y me vuelco en cuerpo y alma al que siempre será mi verdadero oficio, harto productivo: la papiroflexia. Cojo las páginas de mi novela y las doblo hasta que realizo una pajarita que mueve las alas, para luego lanzarla por la ventana y considerar si ir yo detrás. ¿Triste? ¿Patético? Qué va. Divertidísimo, sobre todo cuando te sucede varias veces al día. Una auténtica juerga, especialmente para los que te rodean. Recuerdo aquella magnífica anécdota de una ex que estaba haciendo una entrevista de trabajo y le preguntaron: “¿Tiene usted pareja estable?”, ante lo cual mi entonces novia pensó: “Bueno... Mi pareja muy estable no es”. No lo dijo —qué desfachatez, una frase tan buena—. Lo llega a soltar y la contratan fijo.

Así que no escribo. Ahora. No escribo porque todo lo que me muero de ganas de contar en este momento no tiene ningún sentido. Si la novela no va a salir YA a la venta mejor cierro la bocaza y me lo guardo hasta entonces, que espero que sea PRONTO. Está la otra opción: qué coño queréis saber del libro, si es que queréis saber algo. Preguntadme, y yo hago un post. Desde el número de pie que calza el protagonista hasta de qué color son sus gayumbos o lo que opina de la situación económica internacional.

Como supongo que os la pela y me leéis por deporte, cerramos el chiringuito durante un tiempo, en conclusión. No mucho, espero. Ya me conocéis. Siempre miento. Es muy posible que mañana esté actualizando. O no.

Hubiera puesto para cerrar un cacho de la peli de Terminator, pero no estaba en youtube y me da pereza subirlo. Así que imaginaos la cavernosa voz de Constantino Romero diciendo “VOLVERÉ”.

Porque necesito unas vacaciones. Y de verdad.

En fin. Como dice el dicho, corre más un galgo que un mastín. Pero si el camino es largo...

Corre más el mastín que el galgo.

¿Desde el faro? Hoy no.

Desde el barco a la deriva, que es lo que pasa cuando se cierran los faros,

Al.

Álvaro Naira © 2007

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Lidia Cervantes

Lidia Cervantes dijo

Vale. Lo entiendo, la aspiración de todo escritor es ser leido. Es perfectamente comprensible.

¿Has probado la autoedición? Ya, ya sé que es menos satisfactorio, pero consigues trasladar al papel tus historias-

Échale un vistazo a esta dirección:

http://www.lulu.com/es/products/

Quizás la conozcas ya. Es auto edición, pero, una auto edición a demanda. O sea, sin apenas coste.

No sé, es una idea.

Otro beso

23 Diciembre 2007 | 09:26

Álvaro Naira

Álvaro Naira dijo

Brrrr... Me has leído la mente. Llevo considerando lulú casi dos semanas. Si se me siguen calentando los cascos, pronto me explicaré.

Claro que conozco lulú. Y también sé cuántas personas están dispuestas a comprar un libro por internet.

CERO.

Mira, creo que tengo calidad suficiente para publicar en una editorial. Ahí se autoeditan los críos con faltas de ortografía que plagian El señor de los anillos. Si yo tiro por ahí, va a ser por un motivo, y sólo por uno. Esto es más complicado de lo que parece. Y creo que...

Que qué coño, que me debería explicar con todo detalle en post y reabrir la puta bitácora, que ya pasean las arañas entre las letras.

Pero prefiero esperar un poco. Al fin y al cabo, aún estoy esperando la Respuesta Definitiva Editorial.

23 Diciembre 2007 | 09:34

Lidia Cervantes

Lidia Cervantes dijo

¿Lo ves? El horizonte se vuelve a abrir ante ti... Pequeño saltamontes :-)

Y lo de Lulu... No te quedes en la superficie, sé que hay mucho de lo que tú dices; pero también bastantes obras que merecen ser leidas.
Seguro que eres de los que disgfrutan buscando tesoros en El Retiro (Eh, hablo de libros...) Yo también, lo hago en el Mercat de Sant Antoni... Pues esto es algo parecido, pero con pantalla de por medio.

Claro, en Lulú has de ser tu propio pregonero. ¿Y qué?

Por cierto, debo ser muy rara pero, los últimos 9 ó 10 libros, los he comprado por internet, algunos en esa editorial.

Más besos

23 Diciembre 2007 | 09:51

Álvaro Naira

Álvaro Naira dijo

No es una editorial. Es una IMPRENTA. Las cosas por su nombre. Vale, te gestionan un isbn si te mueeeeeres por tener uno. Pero nada más.

Y la mayor parte de la gente que se imprime ahí es porque no da la talla para publicar en una editorial. Insisto que no es mi caso, y me la suda que suene a ego desmedido (lo tengo).

Si estoy considerando lulú es por otra cuestión.

Saludos.

(Cascos calentándose a velocidad supersónica. Si no me pego una duchita fría, lo mismo tomo LA decisión y reabro la bitácora).

23 Diciembre 2007 | 10:06

Lidia Cervantes

Lidia Cervantes dijo

Muy probablemente, los que no den la talla, sean los cazatelentos de las editoriales...
No los cazan todos y a los que cazan; los dejan en el limbo per Secula Seculorum...

Tranqui, el ego no me asusta, hay cosas peores.

Feliz ducha :-) O feliz reentré.

23 Diciembre 2007 | 10:18

Lidia Cervantes

Lidia Cervantes dijo

Qué ¿Has salido ya de la ducha?... Espero que si. Si no, te vas a quedar arrugado como un garbanzo... :-P

Bueno, solo quería desearte FELIZ NAVIDAD

Ya, ya sé que es un topicazo, y todo eso... Pero no he podido evitar querer deseartelo a ti también.
Y ojalá que la puñetera editorial se descongele para que el nuevo año te traiga un "incunable", calentito y flamante.

Un beso

24 Diciembre 2007 | 05:51

Pangeah

Pangeah dijo

Oh, me deprimo. No pensé que el panorama fuera tan gacho y oscuro (creo que eso ya lo dije ....) A mí no me importaría comprarlo en Internet. Ya lo hice con Jitanjáfora, novela que conocí en esta bitácora por cierto, y tampoco me importaría esperar diez años para conseguirla. Vamos, que unas ganotas así de leer un libro no se olvidan apenas salga el séptimo del Potter ni nada por el estilo. Así que el contador da vuetas y vueltas y sube a la cantidad de UNO.
¡¡¡¡Ale cabrones, todos a decir lo mismo!!!

(Lo que me toquetea los cojones es que casi nadie se aparezca, qué bola de traidores. A mí no debería importarme, claro. Pero me importa. Y punto.)

¿De veras no hay algo que se pueda hacer? ¿Enviar correos de protesta a algún lado? ¿Sobornar a alguien?¿Chantajearlo? ¿ALGO?

Feliz nochebuena. Y si no creen en ella, pues feliz día.

24 Diciembre 2007 | 09:38

Álvaro Naira

Álvaro Naira dijo

Detesto la navidad. Detesto con todas mis fuerzas la navidad. No es por los centros comerciales, por las luces, el gasto gilipollesco, la hipocresía familiar a la carta, las indigestiones. No. Eso por descontado.

Es por los putos PETARDOS.

Probad a intentar tranquilizar a tres perros de peso maxi que tiemblan como niños de cinco años, que lloran de una forma que parte el alma mientras sus corazones van a doscientos por hora, que intentan sin ningún éxito meterse debajo de la cama, en el rincón más profundo del baño, que te miran con los ojos líquidos del animal acorralado al que le ha caído un palo y espera el siguiente. Todo para jolgorio y jacaranda del homo sapiens, que ha nacido el niño dios y hay rebajas en el corte inglés para festejarlo. Intentad hacerles entender que no pasa nada, que no se les cae el cielo sobre las cabezas. Da igual cuánto sepáis de comportamiento canino, cuánta experiencia tengáis en adiestramiento. Sólo hay un sistema; ignorarlos hasta que se acostumbran y consiguen dormirse. Si los acaricias, si los consuelas, se ponen más nerviosos, y más y más, porque algo no va bien, porque su dueño les transmite su miedo y su preocupación. Mientras te cagas en toda la humanidad, intentas no mirarlos.

Odio las fiestas.

Respecto a Politeísmos, Pangeah: TRANQUILA. No te quedas sin leerlo. Por mis huevos. Lo que no sé es cuándo. Ni cómo. Tengo varias editoriales en la recámara. Y luego está la venta por internet, por supuesto.

Te pido paciencia. Eso que a mí no me queda.

24 Diciembre 2007 | 10:01

Pangeah

Pangeah dijo

Oits, perdón. No tenía ni idea de lo de los perros; acá no se tiran petardos, en todo caso se prenden luces de bengala. Y aunque los tiraran, mis gatos seguirían tan frescos como lechugas, son de huevos largos y se estiiiiiiiran con toda la calma del mundo enfrente del coche en movimiento o duermen como benditos mientras en la calle taladran las cañerías. Cabrones mis nenes.

Y si, por gogolésima vez, estoy super provista de paciencia yo mismita xDDD Puedo parecer paranoica por mis cuatro visitas diarias a la bitácora y mis treinta comentarios de puro flood, pero juro que no lo estoy. No más de lo que debe una mujer, pues.

25 Diciembre 2007 | 06:30

Álvaro Naira

Álvaro Naira dijo

Ap, otro detalle de importancia de la gineta: se asea tanto como los gatos domésticos. Traducción libre: persona muy preocupada por su aspecto físico. No concebiría salir a la calle sin conjuntarse y esas cosas tan extrañas que hace la gente.

25 Diciembre 2007 | 10:03

Azaroa

Azaroa dijo

Vale, definitivamente no soy una gineta xD

26 Diciembre 2007 | 12:17

juegos online

juegos online dijo

Publicar no es un ejercico facil. saludos, es casi mas dificil que escribir.

2 Enero 2008 | 01:13

chipitadechiapas

chipitadechiapas dijo

Abre una web porno. Monta una operadora caliente. Haz camisetas cochinas con mensajes ordinarios tipo "mi novio está fuera este fin de semana" y véndelas. Con toda la pasta que saques, autopublícate. Yo aporto 50 eurines, que ahora soy funcionaria del inem y no tengo un duro.

Busca soluciones. No te quedes parado lamentándote como he hecho yo hasta esta misma mañana. Hostias (¡que me enfado!). Llevo dos días sin tomar la puta pastilla. Y voy a salir del bache, lo sé. Y tú también lo harás, y también lo sé. Sólo tienes que empezar otro proyecto (no me vale eso de que para empezar otro tienes que publicar éste; no, no es una buena excusa, lo siento). Cuando termines el siguiente lo mismo te publican el primero. La cosa va lenta, no es ningún misterio. Hazte un favor y aparca la espera.

Sé que son recomendaciones guarras, típicas de cualquier libro de autoayuda. Pero, querido Álvaro, es lo que hay.

Un abrazo muy fuerte. De ésos apretaos.

3 Enero 2008 | 01:54

Álvaro Naira

Álvaro Naira dijo

Muy buenas, Chipita.

Todos sabemos que lo que yo necesito es escribir una vez. Recuerdo que hace tiempo un lector comentó que llevaba siete años moviendo una novela. "¡Siete!", pensé yo. "Muy mala tiene que ser".

Este tío acaba de publicar. Y no, no es malo. Ni mucho menos. Entonces, ¿por qué coño tardó siete años?

Sencillamente el mercado funciona así. La media para publicar una primera obra oscila entre los cinco años y los diez. Yo eso no lo sabía. Yo no sabía nada. La poderosa maquinaria editorial no está dispuesta a mover un dedo por nadie. Y menos por un autor desconocido. Pero te comen la oreja y el prepucio, y si eres un pringado, picas.

Me doy un mes de espera más para las dos editoriales misteriosas en las que estaba en precontrato, y las otras a las que he seguido enviando, que nunca se sabe si alguna dirá pío de pronto y saldrá por donde menos lo espero. Si no hay respuesta en un mes, reabro la bitácora. Y reabro más cosas. Casi que reabro la caja de los truenos. Estoy harto de contener la palabra y la respiración. Se han perdido cientos de textos estos dos meses. Algunos posiblemente buenos. Se han quedado en mi cabeza, y ya no creo que salgan de ahí. No voy a perder más textos. La censura es mala: la autocensura, peor.

Saludos. Los consejos de libros de autoayuda, desgraciadamente, suelen dar en el clavo. No hay hocus pocus. No hay abracadabra. Sólo hay pura y simple lógica, filosofía de andar por casa en pantuflas: si no quieres que las cosas se paren, MUÉVETE.

3 Enero 2008 | 09:18

eros

eros dijo

"Escribe, escribe y escribe, aunque nadie crea en ti. seguramente porque nadie lo hace. Sigue escribiendo, volúmenes. y si te ahogas muere. Al menos sabrás que nadabas hacia la orilla."

Henry Miller

Tengo 90 visitas en mi blog enlazadas desde tu página y no se por qué ni donde esta el enlace.

Saludos

10 Enero 2008 | 06:11

Chipita

Chipita dijo

Tío, no sé si te he dicho alguna vez que comunicas que da gusto. A mí me llegas. Date un mes, date dos, date un descanso, date lo que quieras. Abre o no la bitácora de nuevo. Pero no dejes de volcar o escupir, aunque sea en un block (de los de toda la vida, qué pasa), esos textos de los que hablas.

Un abrazo de este cuerpo que ya no toma paroxetina :D

16 Enero 2008 | 10:19

Stavrogin

Stavrogin dijo

Estamos esperando ese excelente post que tienes por ahí guardado. Sabemos que te reincorporarás con algo grande... Algo tan grande como la confirmación de la edición de tu novela. Pero la espera, mientras tanto, empieza a ser demasiado larga. Incluso he perdido el hábito de pasarme por aquí.

Ah, yo soy de los horteras que escriben posmodernidad sin "t". Sí, sé que es tan ridículo como escribir "setiembre" o "sicología", pero la Academia es la Academia. Me encanta seguir las normas oficiales, como buen burócrata. Pero no puedo negar que mi actitud es bastante idiota, puesto que, como buen madrileño, también pronuncio la "t" de "postguerra", y la "p" de "septiembre", e incluso la "n" de "instituto".

Un saludo, y a ver si coincidimos en el concierto de los Cure. Espero algo sublime de ellos...

17 Enero 2008 | 10:50

Pangeah

Pangeah dijo

Por esta bitácora el señor Naira puede tomarse todos los meses de depresión que le den la gana. Al final se le pasará. Seguro que sí.

18 Enero 2008 | 02:54

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Autor del limes; siempre en la delgada línea entre la alta literatura y el pulp. Decidió, en medio de un delirio provocado por las drogas, que iba a ser el único escritor que contara historias fantásticas haciendo uso de todos los recursos sublimes y exquisitos de la Literatura Con Mayúsculas —habría tenido mucho más éxito al contrario, narrando gafapastadas en un estilo mediocre y bestsellario—. Cuando tomó tal camino único y propio y resolvió abrirlo a dentelladas, seguramente aún no había leído a Cortázar o, si lo hizo —otorguémosle el beneficio de la duda—, consideró que el maestro no se mojaba lo bastante, que no hundía los puños en el fango de la fantasía más salchichera y cutre para bruñirla en la cochura a fuego lento de su prosa preciosista y convertirla en una porcelana chinesca. Álvaro Naira es un fracasado por elección, lo cual es todavía más triste que ser un pelagatos a secas: escribió una novela, una editorial se la aceptó pero le ofreció un contrato leonino, así que se sintió ultrajado en su delicadísimo ego y la sacó en Lulú, donde nadie la lee, ni la compra ni nada, lo cual le satisface plenamente. Actualmente se encuentra en retiro espiritual en una cueva del Tíbet, con la única compañía de un ejemplar de las Psicomagias de Jodorowsky —al que no soporta— y ortigas como desayuno, comida y cena. Fruto de tales ejercicios ascéticos, ha parido un segundo libro, entre exclamaciones de eureka y albricias. Espera fervientemente que éste tenga tanta repercusión como el anterior; para ello, ha puesto todos los medios a su alcance y ni siquiera lo ha sacado de su disco duro. Antes mostraba su desprecio por la literatura intelectual y el realismo en un hábil juego intertextual —ya que éstos son los géneros que más le satisfacen desde siempre—, y se presentaba como tocapelotas y cínico. En realidad no era más que un niñato un pelo irónico y corrosivo: téngase en cuenta que la ironía es una de las bellas artes; el cinismo una enfermedad terminal. Hoy en día, a tenor de la experiencia que ha ganado y de lo mucho que detesta a la especie humana —desprecio que, bien entendido, comienza por uno mismo— se puede considerar, sin temor a equivocarse, un auténtico cínico. O un enfermo terminal: ustedes deciden.








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