La Coctelera


4 Octubre 2007

Por qué escribir.

Vale. El otro día tocamos fondo. Fondo de verdad. La cosa fue un pelo más dramática de lo que conté en ese post repugnantemente personal, pero lo que suceda entre Mrs. Ciclotimia y yo se queda entre Mrs. Ciclotimia y yo. Que la noria es una dama muy discreta y no le gusta que se aireen sus acrobacias posturales por ahí.

¿Y qué es lo único que se puede hacer una vez que has tocado fondo y estás hundido en el barro?

CHAPOTEAR.

Sí, también puedes subir, que más abajo del suelo no te caes, a no ser que haya un pozo. Así que he tomado una decisión de ésas que nunca cumplo.

No me voy a preocupar más del asunto. La novela saldrá cuando tenga que salir. Va por buen camino: pues que lo siga. Yo, por mi parte, me voy a limitar a esperar noticias y a dejar de comerme la cabeza, porque si continúo así me va a dar un ataque. Se acabó. Tomemos aire, meditemos, carraspeemos y leamos un tópico:

Si tiene solución, ¿para qué preocuparse?
Si no la tiene, ¿para qué preocuparse?

Me encantan los tópicos. Estaban aquí antes que yo y seguirán aquí mucho tiempo después de que yo haya muerto. Y además, el señor Plátano lo corrobora. Y el señor Plátano nunca se equivoca.

Una vez que he dejado claro que me iba a desentender de la novela, voy a hablaros de ella, para que acabéis tan hasta los huevos de Politeísmos como el autor, y eso sin que haya salido todavía a la venta.

¿Qué queda por decir de Politeísmos sin reventar la historia? Muy poco, la verdad. Hemos hablado de la religión de los animales interiores, del subgénero fantástico al que pertenece, hemos subido trocitos sueltos aquí, aquí y aquí, hemos enseñado un anticipo del merchandising que todos deseareis poseer, fotomontajes de algunos personajes, hemos hablado de los cruces realidad-ficción (dos veces), de la banda sonora —y lo que nos queda—, alguna cosa suelta del estilo y la documentación y hemos mostrado un ejemplo de la considerable validez estética que tienen los rechazos editoriales cuando se enmarcan y se cuelgan en una pared. ¿Qué queda por decir?

NADA. Sólo leerla.

Así que hoy voy a escribir desde las tripas. Os voy a explicar por qué vomité este libro. Yo aquí me dedico a hacerme publicidad; soy frío cuando no soy gélido. Intento que os apetezca leerla. Me callo unas cosas y otras las digo. Busco como loco que me enlacéis; quiero que esté presente en internet la novela hasta en la sopa antes de cerrar contrato porque intento obtener el mayor número de ejemplares posible, quiero que esté en las tiendas y quiero que podáis encontrarla, y el ranking de google, aunque no lo creáis, AYUDA, ya que me temo que soy el primer gilipollas que se ha liado a hacerse publicidad mientras aún estaba escribiendo el libro, y en eso sigo un año después de haberlo acabado: normal que ya no tenga nada que contar.

Ojo: lo de la publicidad no es una cuestión de dinero. No os equivoquéis. Yo no quiero “vender mucho” y hacerme de oro —como si fuera tan fácil, ja—. Quiero vender lo justo para que no me cierren la puerta en el futuro. Si supierais cuánto cobra un escritor desconocido lo flotaríais y me llamaríais imbécil por volcarme tanto en esto. Vale, os lo digo. La media son mil euros. No, no al mes, hijos míos. POR NOVELA. ¿Sorprendidos? Sí, sin duda me sale más a cuento ponerme de chapero. Años de tu vida, sueños triturados, noches en blanco, lágrimas, tiempo, esfuerzo, hacerte un zumo con el cerebro y luego bebértelo antes de que se le escapen las vitaminas, por mil euros.

Desde luego no es una cuestión de dinero.

Tampoco es de ego. Qué va. Me conocéis poco si pensáis eso. A mí un escritor que sale por la tele me da risa. Un escritor que sonríe a la cámara en un artículo de periódico me da ganas de llorar. Un escritor que habla para escucharse a sí mismo me provoca ese tipo de ternura que te hace desear tener una licencia de armas. Un escritor que figura es un capullo, no un escritor, a no ser que le obliguen. Pero hay mucho comepollas y chupacámaras en el mundillo, y unos cuantos autores parece que exigen un espejo detrás del que los entrevista para andarse colocando el flequillo, cuando no se dan cuenta de que hacen el más lamentable ridículo. ¿Cuánta gente lee en España? ¿Y de ésos, a cuántos les importan tus pajas mentales y tu sosísima vida? La respuesta es cero. Les importa tu obra, en todo caso. Y ni siquiera. Yo agarraba a todos los pseudointelectuales y los ponía a levantar una pared de ladrillos o a despachar hamburguesas y después los devolvía al plató, a ver qué me decían. Bienvenidos al mundo real. Bajaos de la nube, hostia. No sois nadie. Como todos.

Entonces, ¿yo por qué escribo?

En primer lugar, porque tengo algo que contar. Ya os dije una vez que escribir sobre escribir y lo que le mola a uno escribir y lo escritor que se siente no es más que un ejercicio de autocomplacencia, igual que contorsionarse a ver si alcanzas para hacerte una mamada y correrte en tu propia cara. Y si lo haces en público, además lo que esperas es que te aplaudan. Patético.

Tengo una historia, de acuerdo. ¿Después qué hago con ella? En general no suelo tener una historia sino una imagen, una imagen que me obsesiona. Puede ser muy simple: un pájaro que vuela en un determinado lugar y de una determinada manera, una persona que se da la vuelta y echa a caminar sin mirar atrás. Puede ser muy compleja, también.

Puede ser una frase suelta. Una idea. Un escorzo de un personaje al que todavía no le veo la cara, sólo las botas contrachapadas de placas metálicas y el final del abrigo, el humo de un pitillo que se consume en la mano, una cabeza gacha, una mirada fija, una sonrisa desagradable, mordiente, y un chasquido de dientes por debajo, de animal que avisa antes de soltar la dentellada. Clic. Le tengo. Es sólo una imagen, una imagen fija, como una fotografía. Una vez que lo agarro, no lo suelto.

Tengo un personaje. Ahí, en mi cabeza. Como un recortable. Puedo doblarle las pestañas de los bordes y colocarlo en diferentes espacios. No en todos encaja. Pruebo. Normalmente el personaje dice algo. No se queda callado, en especial si es un bocazas. Esa frase que dice el personaje puede ser “Que te follen” o “Venor mane, meridie, vespere et nocte” (hale, todos a sacar el diccionario de latín). Lo mismo me da que me da lo mismo: lo que importa es que se lo dice a alguien. Ya tengo dos personajes. Miro al otro. Al principio sólo le distingo un rizo, un bucle perfecto, y le doy color. Trazo el óvalo de la cara, delineo unos labios fruncidos en forma de corazón, unos ojos grandes, desmesurados, redondos como canicas, de un color indefinido entre el verde y la avellana, que brillan. Me fijo en los detalles: tiene la piel cremosa, la frente amplia, la barbilla puntiaguda como la de un zorro, las uñas pintadas de negro, muy mordidas, igual que una niña. Eso me fascina. No dejo de mirarle las manos, obsesionado, y en ese momento la muy puta se las lleva a la boca. Clic. La tengo. Entonces les dejo hablar y hablo con ellos. Los suelto para que se muevan en un escenario, que me aseguro de controlar mejor que la palma de mi mano. Y dejo de pensar. Juego.

Cuando llevo unas semanas sin ser yo, unos meses jugando a ser varias personas en mi cabeza, paro. Construyo un esquema de la trama. Pienso. Fijo algunas cosas que van a hacer, algunos sitios por los que tienen que pasar, y vuelvo a quitarles la correa. Y corren, joder. Ya lo creo que corren. Hasta que revientan.

Por debajo, como un torrente sanguíneo, me late una idea. Lo que quiero contar. No es exactamente un mensaje. No hacemos fábulas con su moraleja al pie y en versalita. “No tengo discurso, tengo intestinos”, decía Baradit. Pues lo mismo. Porque cuando escribes, te vuelcas. Porque te vacías, te conviertes en mil personas a la vez para dejar de ser tú, y sólo así descubres quién coño eres. Porque eso es lo que importa. Vivir las cosas que a ti no te pasan, y regalarlas. Que otros puedan compartirlas contigo, sin que te conozcan, sin que te vayan a conocer nunca, porque tú no eres nadie. Lo mismo tus hijos de papel sí, pero tú no, gracias al cielo. Tú no importas. Lo único por lo que vale la pena esto es porque algún día podrás entregarle a un desconocido una historia que pueda hacerle reír y llorar, emocionarse; meterse, joder, meterse en un libro, largarse un rato de esta puta mierda de vida.

Ya, diréis. Otra vez con el discursito posromántico de que “yo vivo para la literatura”. Es raro el escritor que no lo chilla y cacarea. “La literatura es lo único que me importa”, lloriquean con voz de pito. Todos lo dicen.

La diferencia está en que yo no miento. No es pose sino vísceras, desde dentro, como un retortijón o un gruñido. Yo las cosas las hago y las siento a lo bestia. Podéis creerme o no; me la pela.

Y sé que Politeísmos sólo es un librito. Que sí, que tendrá sus fallos. Que no le va a cambiar la vida a nadie.

Vale. Me la ha cambiado a mí.

Si logro que alguno de vosotros, sólo uno, pueda sentir la mitad de todo lo que yo sentí mientras lo creaba, me doy por satisfecho.

Y por eso escribo.

Desde el faro,

Al.

Álvaro Naira © 2007

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Zorba

Zorba dijo

Tu libro no sé si cambiará la vida de mucha gente, pero tu blog da ganas de montar en la noria para poder elevarse, sacar la mano del fango y tener la oportunidad de ver las cosas desde arriba, aunque luego te joda tener que volver a bajar.

Sigo tus posts de cerca, Álvaro, y muchas veces me sacan de la mierda de la vida y me llevan al mundo en el que yo era algo más que yo, el de la adolescencia maldita y rebelde y orgullosa.

Agradezco ver tu orgullo porque hoy en día se ven muchas más cabezas gachas que levantadas. Y de verlas acabas tú mirando también al suelo, pensando qué será lo que todos buscan.

Al toro, que es... "una loba". Gracias desde el barro

Zorba

4 Octubre 2007 | 01:17 AM

despistada

despistada dijo

Pues aquí hay una a la que le encanta saber cosas de un escritor cuando un libro(s) le gusta mucho. Me gustaría saber qué le ocurría a esa persona para escribir eso en un momento determinado y no otro, u otra cosa diferente. Así que me gusta leer tu blog, aunque ahora estoy haciéndolo al revés, debería leer politeísmos antes y decidir si quiero leer o no el blog. Pero bueno... las excepciones a veces salen bien.

4 Octubre 2007 | 01:31 PM

Azaroa

Azaroa dijo

Chico, estoy obsesionada por culpa tuya T_T.

Esta noche he soñado que te decían que sí, que la publicaban y yo tenía que esperar mucho tiempo hasta que los libros llegaban a esta mierda de pueblo dejado de la mano de Diox.

Y era un rollo esperar.

Así que iba a Madrid a buscarla xD. Pero me secuestraban por el camino y ya la historia deja de girar en torno a Politeísmos.

Pero flipa eh?, las movidas que me monto en el coco por ésto... ¡Hasta dormida quiero leerla! (¡leñe!) xD

4 Octubre 2007 | 04:23 PM

Serendipity

Serendipity dijo

:)

(porque ya lo has dicho tu todo)

4 Octubre 2007 | 07:43 PM

Álvaro Naira

Álvaro Naira dijo

Gracias a todos por leer y comentar. Cada vez somos menos; supongo que algo estoy haciendo mal.

A Zorba: buena imagen lo de mirar al suelo. Muy buena.

A despis: míralo por el lado positivo; si Politeísmos no te gusta después, siempre te quedará el blog. O no. O todo lo contrario. Al fin y al cabo, yo escribiré otras novelas, si es que me libro de ésta.

A Azaroa: tengo que hacer esfuerzos ímprobos para no enviarte el pdf, lo juro. Da igual lo tirado que esté, lo harto: hay alguien por ahí que no me conoce de nada que está deseando leerla, y deseándolo de verdad. Y eso levanta a cualquiera. Eso sí: si luego no te gusta, me pego un tiro.

A Serendipity: no hay que decir mucho. Con que deis señales de vida yo me pongo tan contento.

5 Octubre 2007 | 10:16 PM

alfredo

alfredo dijo

Mueve el culo y escribe un par de cuentos decentes! Los posts largos son obra del diablo...

6 Octubre 2007 | 03:28 AM

Azaroa

Azaroa dijo

Había escrito un post para tranquilizarte comentándote las razones por las que creo firmemente que tu novela me va a encantar.

Le di a enviar y mi conexión a internet había muerto.

Se borró y no pienso reescribirlo.

Así que te quedas con la duda :p

(mándame el PDF!!! xD)

6 Octubre 2007 | 08:38 AM

Doctor

Doctor dijo

Pues yo escribo porque quiero ser más famoso, y tener más pasta, que Isaac Asimov... ese tipo sí que se lo montó que lo flipas, ya montaba fundaciones antes de que se inventaran las ONG... jou, jou, jou, pero qué ingenioso que soy... vaaaaaale, de ingenio una mierda, soy un triste... :)

Si cada vez hay menos peña me inventé la chorrada esa de las críticas reloaded para algo... :) Yo me ahorro tediosas lecturas de blogs aún más patéticos que mi vida, y reescribo, porque mis segundas partes sí son buenas, sobre blogs que me molaron en su día... :)

6 Octubre 2007 | 09:54 AM

Álvaro Naira

Álvaro Naira dijo

Coño. ¡El doctor! ¡Y yo con con estos posts!!!! Deme usted un par de días que suba algo de calidad y diversión mediana, porque no puede ir uno al médico sin cambiarse la muda y con tomates en los calcetines, qué vergüenza, lo que pensará de mí...

Sé lo que estoy haciendo mal. ASSSSSSSSSSSSSUCAR!!!! Posts no aptos para diabéticos. Los que me leéis lo hacéis porque suelo ser mordaz e hijo de puta. Os reís y eso está bien. No soy mal humorista, y nadie busca profundidades en la red, sino la carcajada. Y mejor si es la carcajada en la herida, el humor negro y la mala hostia; más divertido. De todas formas, no me sirve. Si quieres ser un buen cocinero tienes que tocar, y bien, todos los palos: el dulce, el salado y el amargo, o vete al club de la comedia. Así que tampoco está de más que me leáis jodido, lírico, blandito, dulzón y cremoso como un postre de natillas, digo yo. Aunque me dé reparo; que tengo una imagen que cuidar.

Por otro lado, la pijotada de no enlazar a nadie me cuesta cara. En principio fue por vagancia; luego por cabreo contra la coctelera y el hecho de que prestigie y dé relevancia en distinto apartado del blog a los que pertenecen a su secta y a los que no, ya que aparecen en distinto sitio los blogs cocteleros que enlazas y los blogs de los vecinos externos a la élite. Luego, porque mis enlaces serían infinitos y quedaría muy guarra la página, ya que metería ahí a TODOS los que considero lectores potenciales, aunque no lo sean, con la esperanza de que lleguen a ocupar ese nicho. No sé. Me lo estoy planteando. Hay gente que se enfada si no la enlazas. Incluso están los que se enfadan si no se les lee y comenta. Y por ahí no paso, aunque sea de netiqueta o etiqueta en la net (cuánto tiempo sin leer ese elegante neologismo). Quien me lea, que lo haga porque quiere, no por la máxima "yo te la chupo, tú me la chupas".

A Alfredo: joder, no sabía que me leías. Me alegra irracionalmente. Y tienes razón, en parte. Creo que colgar cuentos no es la solución. Colgar cachos de la novela tampoco; la gente no suele leer literatura en la red. Pasan de ficción ampliamente. Y si subo un texto, sería de diez páginas, y sin imágenes ni prodesse delectare, evidentemente. ¿Quién carajo se lee eso?

Pero que debo mover el culo es indudable. Me quedo sin ideas, no sé de qué hablar. No me siento ni me sentiré cómodo jamás en el formato blog. Todos mis posts son de cinco páginas. Me gustan así. Ésa es mi estructura, ahí me desenvuelvo bien: cinco. Cuando estoy en una novela, eso es lo que escribo cada día. Es una salvajada en pantalla, desde luego... Pero yo soy novelista. Ni siquiera me gusta hacer cuentos, y mucho menos artículos. En los mazacotes es donde disfruto. Donde hay arquitectura, cimientos y tiempo para enamorarte de todos tus hijos de papel y mantener una relación dolorosa, larga y fructífera. Amores de una semana, pasando, que me he hecho viejo. Y eso es en lo que consiste un cuento.

Paciencia. Encontraré la solución. Tengo muchas cosas que decir, pero aún no llegó el momento de decirlas.

A Azaroa: eso ha sido una perrada xDDDD Pero me ha hecho feliz igualmente xD

Por otra parte, experimento problemas técnicos de conexión. Llevo intentando subir este comentario diez minutos.

6 Octubre 2007 | 02:58 PM

Álvaro Naira

Álvaro Naira dijo

¿Sabéis también lo que me pasa? Que hace dos meses que no envío a editoriales. Así de claro. Desde que tuve el primer informe de lectura positivo y luego surgió el caracol de la nada, paré. MAL HECHO. ERROR. GRAVÍSIMO ERROR.

Los rechazos le hacen a uno sentirse vivo. Y si eres masoca como yo, además te creces porque haces colección.

Así que me voy a portar como un CABRÓN. No tengo contrato firmado aún, ¿verdad? Todo en el aire y de palabra, ¿no? Pues vuelvo a enviar. A tomar por culo. Los cinco siguientes de la lista. Si responden más rápido que la Editorial Misteriosa, se la llevan, y la Editorial Misteriosa se queda con un palmo de narices. Más rapidez la próxima vez.

Cojones.

6 Octubre 2007 | 03:23 PM

Ausente

Ausente dijo

¿Cada vez somos menos? ¿Los que comentan o los que leemos?

7 Octubre 2007 | 11:58 PM

Álvaro Naira

Álvaro Naira dijo

Eso es un misterio que no resolvería ni Iker Jiménez, Ausente... Las visitas suben, sí. Pero ¿cuántos son equivocados?

Saludos.

8 Octubre 2007 | 04:32 PM

Alfredo

Alfredo dijo

Lo mejor que puede hacer un escritor en espera es darle al cuento. No digo que los pongas aquí (yo he colgado cuentos mios que ya cumplieron su función en diversos e-zines o revistas antiguas, pero eso ya es cosa de cada uno), digo que los escribas. Crear un buen cuento no es ingeniería, como una novela: es relojería. Espacios cortos. Tiempos cortos. Luego puedes publicarlos, quemarlos o regalarlos. Pero harás algo, mejorarás como escritor y no te comerás tanto la cabeza. O sí.

9 Octubre 2007 | 12:42 AM

Alma

Alma dijo

Pues a mí me parece que tú sólo escribes para que te aplaudan. No te engañes no eres tan diferente como crees...

9 Octubre 2007 | 03:55 PM

Álvaro Naira

Álvaro Naira dijo

A Alfredo: tienes toda la razón del multiverso. Del dicho al hecho... ya sabes.

A Alma: PLAS, PLAS, PLAS.

9 Octubre 2007 | 05:58 PM

Bonhamled

Bonhamled dijo

Hola ALvaro, gracias por comentar en mi blog y enhorabuena por este blog tan visceral y tan apuntado.
La literatura es un amor casi siempre oculto y subrepticio. Envidio a los que quereis salir de la opacidad pero, al tiempo, os deseo una égida de primera calidad. El ego se resiente.

12 Octubre 2007 | 06:48 PM

Álvaro Naira

Álvaro Naira dijo

Saludos, Bonhamled. Sí, sí que tengo unblog visceral, si lo miro fríamente. Escribo de forma bastante violenta y me gustan los escritores viscerales, cuyas páginas están llenas de furia, de pasión, de fuerza. Escribo y leo con los dientes. Trituro y destrozo.

Esto trae consigo un par de problemas.

Cuando estoy tirado, cuando estoy realmente tirado, las cosas me salen descafeinadas, como a todos.

Y a mí me da vergüenza subirlas.

Por eso llevo más de una semana sin actualizar.

Gracias por pasarte por aquí. Buena aliteración la del ego y la égida. Cuando te enfrentas al mundo real, al mercado REAL, necesitas el escudo de piel de cabrón o sales lamiéndote las heridas.

Que cada cual se lo interprete como quiera.

13 Octubre 2007 | 08:21 PM

Álvaro Naira

Álvaro Naira dijo

Para todos los que no anden muy duchos en mitos griegos, la égida es el escudo de piel de cabra que llevaba Zeus. Si no me engaña la memoria, leer a Homero era la risa con la égida. Aparecía cada tres líneas:

"Y llegó Atenea... y traía la égida".

"Y apareció Atenea... y traía la égida".

"E hizo su aparición estelar Atenea... ¡y traía la égida!".

Por cojones acabas buscando en el diccionario lo que es la puñetera égida, y dejas de confundirla con un quítame allá esta era musulmana (héjira).

Estoy tan tirado que ni me salen comprensibles las metáforas... Paciencia.

13 Octubre 2007 | 08:32 PM

Naira

Naira dijo

*

Holaa!
bueno solo escribo para dejarle un saludo
Alva Naira!

y decir q yo tambien me llamo Naira
^^
Nada le mando un saludo

4 Diciembre 2007 | 12:26 AM

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Autor del limes; siempre en la delgada línea entre la alta literatura y el pulp. Decidió, en medio de un delirio provocado por las drogas, que iba a ser el único escritor que contara historias fantásticas haciendo uso de todos los recursos sublimes y exquisitos de la Literatura Con Mayúsculas —habría tenido mucho más éxito al contrario, narrando gafapastadas en un estilo mediocre y bestsellario—. Cuando tomó tal camino único y propio y resolvió abrirlo a dentelladas, seguramente aún no había leído a Cortázar o, si lo hizo —otorguémosle el beneficio de la duda—, consideró que el maestro no se mojaba lo bastante, que no hundía los puños en el fango de la fantasía más salchichera y cutre para bruñirla en la cochura a fuego lento de su prosa preciosista y convertirla en una porcelana chinesca. Álvaro Naira es un fracasado por elección, lo cual es todavía más triste que ser un pelagatos a secas: escribió una novela, una editorial se la aceptó pero le ofreció un contrato leonino, así que se sintió ultrajado en su delicadísimo ego y la sacó en Lulú, donde nadie la lee, ni la compra ni nada, lo cual le satisface plenamente. Actualmente se encuentra en retiro espiritual en una cueva del Tíbet, con la única compañía de un ejemplar de las Psicomagias de Jodorowsky —al que no soporta— y ortigas como desayuno, comida y cena. Fruto de tales ejercicios ascéticos, ha parido un segundo libro, entre exclamaciones de eureka y albricias. Espera fervientemente que éste tenga tanta repercusión como el anterior; para ello, ha puesto todos los medios a su alcance y ni siquiera lo ha autoeditado ni sacado de su disco duro para que haga la ronda entre los amiguetes. Antes mostraba su desprecio por la literatura intelectual y el realismo en un hábil juego intertextual —ya que éstos son los géneros que más le satisfacen desde siempre—, y se presentaba como tocapelotas y cínico. En realidad no era más que un niñato un pelo irónico y corrosivo: téngase en cuenta que la ironía es una de las bellas artes; el cinismo una enfermedad terminal. Hoy en día, a tenor de la experiencia que ha ganado y de lo mucho que detesta a la especie humana —desprecio que, bien entendido, comienza por uno mismo— se puede considerar, sin temor a equivocarse, un auténtico cínico. O un enfermo terminal: ustedes deciden.








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