La Coctelera


22 Septiembre 2007

La música del mundo (Crítica literaria X).

¿He estado de vacaciones en algún paraíso tropical?

NOOO.

He estado deprimiéndome, que mola más y gasta menos.

Sigo sin tener noticias sobre la Editorial Misteriosa. Ya sé que las cosas de palacio van despacio, pero estoy hasta la polla de esperar. Me aburro, me canso y vivo desconsolado, hundido y arrebujado en mi cama, rodeado por mis perros, entre lágrimas amargas que salan una tarrina de helado con cucharita como en las malas pelis románticas —lo cual es una tautología, pero por seguir con el tópico, el helado sería Haagen Dazs, vainilla con cookies, cremoso y crujiente a la par que azucarado, y he tenido que buscar en google cómo se escribía la marca—. Ahora bien: incluso abatido, triste, lúgubre, gótico y repasando cicatrices, no puedo evitar pensar en los demás —si es que soy todo un filántropo—, así que sólo tengo una meta: que os aburráis y os desesperéis conmigo.

Como no tengo ganas de escribir, me dedico a tragar grandes libros. De más de medio kilo de peso y quinientas páginas mínimo.

Leído: La música del mundo. Le doy cuatro estrellas y media, la media que le falta se la resto por pretenciosidad, pedantería y puntos suspensivos. Recomendado para paladares exquisitos y gente con paciencia. Con mucha. El que se atreva con este libro disfrutará de una de las cumbres de la narrativa reciente, tal vez del mejor escritor de literatura fantástica actual, del aclamado por la crítica, absolutamente desconocido por el público y marciano con antenas para el fandom: Ibáñez. Y no me refiero al de Mortadelo y Filemón.

Nos movemos a un nivel distinto para criticar este libro. Aquí no hay mercado que valga, ni accesibilidad ni entretenimiento, sino profundo desprecio por el lector y por su tiempo. Andrés Ibáñez se sitúa en su tarima y da una clase magistral de las que hacen que el alumno se sienta imbécil, como hace Borges, cosa que sólo les perdono a los que son muy buenos.

Ibáñez lo es.

Estamos hablando de Literatura Con Mayúsculas, y como tal, el libro es un pestiño. Según lo lees, se te queda pegado a los dientes y no hay quien lo mastique. A mí, que me gusta el dulce, me supo a gloria. Me lo tragué de un tirón porque hacía mucho tiempo que no leía algo tan bien escrito. Cada palabra me crujía en la lengua y me sucedía algo magnífico: tener ganas de leerlo en voz alta, de paladear los sonidos y dilatar cada frase en ese interminable suspenso que dan los tres puntitos... Porque hay que destacar un detallito estilístico, una pijotada de escritor bisoño, un jueguecito digno de cualquier ismo, de cuando el siglo estaba joven y los autores hacían experimentos con matraces y probetas rellenos de prosa, puntuación y tipografía, y les estallaba el Quimicefa en el hocico, porque escribir es un juego, pero desde luego no es un juego de niños.

No hay caligramas en La música del mundo, no..., pero la novela entera carece de puntos seguidos y apartes... todo continúa, todo se prolonga, se demora, se prorroga y se estira..., se hace lento y pegajoso, se impregna de una melancolía oscilante..., el mismo tiovivo romántico en el que ahora estáis subidos..., y os mecéis como en un barco..., arriba y abajo..., abajo y arriba..., todo por obra y gracia del punto suspensivo...

Personalmente, me parece facilón tirar de ese recurso. Es tan infantil como pintar una frase de colorines para que destaque. ¿Lo habéis visto? Niñerías. ¿Quieres que tu texto sea moroso y cansino? Pues te lo curras. No te limites a escribir normal y a añadir tras cada pausa otros dos puntitos. Y eso que funciona, os lo garantizo. Como dice Andrés Ibáñez:


... no terminemos las frases, dejémoslas así, ardiendo, para que algo suceda... entonces veréis el mágico proceso mediante el cual una simple frase se transforma en un caracol o en algo eléctrico y útil, o en algo de hermosura tan extraña que no hay otro remedio que encerrarlo en la vitrina de un museo...


Sí, claro que es pedantón. Y bueno, también. A este hombre yo le sigo más o menos la pista, aunque él en persona no me interesa un pimiento porque me huelo que va en la línea de niño-bien morigerado de Juan Manuel de Prada —escribo de oídas, lo que nunca debe hacerse—, y hasta es de su quinta. No importa; que el autor no distraiga de la obra, ya sabéis: la mayoría somos unos capullos integrales, y a mucha honra. Yo leí El mundo en la Era de Varick y me gustó, me pareció el libro de un freak de Dick y Tolkien que además adora a Pynchon, cosa que siempre es muy de agradecer. Lo cierto es que me cuesta retener el argumento, en parte porque no lo tenía y es de estos libros que al año de haberlo leído no eres capaz de decir de qué iba, aunque te gustara en el momento. Pues La música del mundo es mejor, y por eso la olvidaré antes. Magníficamente escrita, un placer de lectura, peca de ser más lenta que En busca del tiempo perdido (vale, exagero) y de carecer por completo de historia y ser una acumulación de pedanterías. Pero se nota que era lo que el autor quería, así que chapeau. Elitista, muy cuidada, jodidamente académica, más que burguesa, aristocrática, pomposa a ratos, aparatosa siempre, da vueltas y revueltas y te lleva a donde quiere: a ninguna parte. Excelente: no es el tipo de literatura que a mí me gusta hacer, pero sí de la que me gusta leer. Para desintoxicarse de tanta elevación atmosférica, recomiendo al terminarla ponerse a mirar los dibujitos de los peores tebeos de la Patrulla X, con especial énfasis en “La canción del verdugo” o “La masacre mutante”.

No os puedo contar de qué trata La música del mundo porque no trata de nada. Puedo deciros que es un tipo de fantasía asombrosa, onírica y lánguida, una forma muy, pero que muy distinta de la que yo empleo para enclavar la maravilla en nuestro día a día. Yo sujeto la fantasía en el paisaje, que es completamente realista. Es Madrid, nuestro Madrid, lleno de mierda y de obras, con su parque del Retiro, su aeropuerto de Barajas, su templo egipcio (?) —sí, hay uno en la capital de España—, sus bares de copas y sus tiendas de esoterismo. Ahí suceden cosas asombrosas. Justo ahí.

En cambio, Ibáñez usa personajes corrientes —más o menos, son todos de lo más snob— que se desenvuelven por un marco a ratos verdadero, a ratos surrealista. El personaje de Block es un niño pijo aristocrático que se funde por las calles de una Viena tostada y se encuentra con un perro y un gato que hablan de la vida y sólo se sorprende porque parlamentan en ragudano, su idioma natal de Tristenia, que, por cierto, no existe —fatuidad gratuita del día de hoy: eso de los perros que hablan se lo roba Ibáñez a Cervantes, como saben todos mis pedantes lectores, a los cuales he ofendido con mi apostilla a algo tan evidente y conocido. Detesto a los críticos literarios. Fin del inciso—. A lo que íbamos: Jaime, Estrella y Block viven en Países, una fantápolis trasunto de nuestros queridos Madriles, pero con playas doradas y azules, el deseo de cualquier dominguero; Jaime investiga en la Biblioteca Nacional sobre su tesis aburridísima y se topa con documentos acerca de la Región Confabulada, capital Zembelia, invención erudita al estilo del Tlön borgiano, que cobra un interés siniestro de secta de iluminados. Y luego está Montoliu, el profesor de Poesía de la Palauniversidad de Países...

Es como si le dieras la vuelta a la realidad y al papel. Por aquí lo estabas mirando, es un sitio que conoces, has caminado por él. Doblas la hoja y la esquina y te encuentras con el mar, un templo hindú o un ave fénix en mitad de Madrid. Vuelves sobre tus pasos; de nuevo estás en tu planeta. Avanzas otra vez. Es tan parecido el sitio que te planteas, por un instante, qué es real y qué es ficticio por el juego de la identificación y la no identificación. Quieres ir al parque del Retiro y remar en el lago más allá de la estatua de Alfonso XII. Sabes que no hay nada después, que se acaba el agua, que no existe una fuente egipcia —aunque dudas—, pero lo mismo es que no miraste bien: valdría la pena buscarla. ¿Y si está ahí? Eso pondría patas arriba tu mundo y te entrarían ganas de gritar: ¡La realidad es mentira! —todo muy postmoderno, claro, como en la mierda de película de El corazón del guerrero—. El juego de mirar dos veces permite que en el parque Servadac —que es el Retiro, en principio, hasta que le das la vuelta— haya sirenas. Despacio, aparecen.


Jaime, Block y Estrella alquilaron una barca, remaron hasta el centro del estanque y allí se quedaron inmóviles, tomando el sol, rodeados de reflejos plateados, rodeados de carpas que surgían del verde subconsciente del estanque para devorar trozos de pan, de plantas acuáticas y satinadas castañas flotantes […] Estrella exigió que la llevaran a la sombra, y Block remó en dirección al monumento de Alfonso XII, que se adentraba en las aguas como las fortificaciones de un castillo, con leones que oteaban la distancia y escalinatas que descendían hasta el agua, y luego se desvió hacia la fuente egipcia, y la barca rozó el fondo arenoso cuando entraba en la verde sombra de los pinos... la fuente egipcia era desde el agua una pared de piedra de unos cinco metros de altura, sobre la cual dos esfinges custodiaban una pirámide truncada, en cuyo pináculo Isis se mostraba al mundo envuelta todavía en su velo... […] y de pronto, sucedió algo asombroso: hubo una ondulación bajo la alfombra de hojas sedosas, y a pocos metros de ellos apareció entre las flores la cabeza de una joven bañista, que se llenó los pulmones de aire, les contempló con una expresión de terror en sus grandes ojos verdes y volvió a hundirse en el agua —¿qué hacía, nadando por allí...? un poco más lejos, otra joven asomó entre los nenúfares su torso desnudo (se había impulsado con tal fuerza que quedaron al descubierto sus clavículas en forma de V y sus pequeños senos), tomó aire y se hundió de nuevo... ahora ondulaba toda la superficie de nenúfares... casi al lado de la barca, surgió de pronto la cola de un enorme pescado, brillante y erizada como un abanico, que al hundirse en el agua produjo un salpicón en forma de explosión luminosa, rápidamente arrastrada por la brisa sobre las cabezas de los tres ocupantes de la barca
—¡ah, demonios!, dijo Estrella con fastidio, retorciendo entre las rodillas el borde de su vestido... ¡son sirenas! […] nunca había visto sirenas por aquí […]
al parecer, las sirenas estaban siempre en un pequeño estanque sobre el que caían unas cascadas bastante artísticas (merecía la pena verlo) y nunca salían de allí... todos los estanques del parque Servadac estaban, sin embargo, comunicados, y no era imposible escapar o deslizarse subrepticiamente de uno a otro —a través de canales plateados entre las espadañas, no muy limpios... […]
—rumbo al estanque de las sirenas, dijo Jaime... sólo tenemos que decidir por dónde queremos ir
—podríamos desviarnos un poco al norte, dijo Estrella, y dar una vuelta por la isla de los náufragos del Titania y parar un momento para ver los tapices del Palacio de Cristal


Es curiosísimo cómo lo hace. Así en extracto no funciona; hay que leer el libro entero. Es como si lo irreal fuera lamiendo nuestro mundo y cambiándolo de color según lo humedece hasta romperlo. Y por el hueco, entran los seres fantásticos. En el parque del Retiro hay un monumento a Alfonso XII —que, por cierto, aparece en Politeísmos— y una fuente egipcia. Os he mentido antes: existe. Pero no es igual. Ibáñez la enriquece con estatuas y ensancha el lago hasta sus pies y más lejos, a un lugar donde hay sirenas. Entramos en el universo que se solapa, en el reino de los posibles en el que vivíamos de críos, donde nada era unívoco, todo era muchas cosas y a la vez y compatibles, porque el bordillo de la acera es un bordillo, claro, pero al tiempo es un puente sobre un río de lava, y si vas por encima haciendo equilibrios y resbalas y caes en la calzada estás muerto, achicharrado entre alaridos. Game over. Fin de la historia.

Poco a poco Ibáñez nos va plegando el papel y le da la vuelta. Si tengo algo que reprocharle es que no lo haga bien siempre. La Praderabruckner y el primer paseo por el parque Servadac son asombrosos. El segundo cansa, aburre y sale Bugs Bunny.


... el cazador tenía un gorro rojo abrochado por debajo de la barbilla, brillantes botas negras y una gran escopeta de dos cañones que empuñaba con fuerza y con la que apuntaba a algún lugar invisible entre las hojas...
—oh, diablos, no hagan ruido, les dijo con muy malos modos cuando ellos tres se acercaban... ¡ese maldito conejo tiene un oído muy fino!
—pero ¿por qué quiere cazarlo?, le preguntó Estrella, con esa mezcla de indiferencia y severidad que usaba con las personas que no le gustaban
—¿que por qué...? ese conejo es un grandísimo hijo de... ¡se ha burlado de mí demasiadas veces! ¡pero ya se acaban tus días, conejo! añadió rojo de ira ¡te haré tragar todas tus bromas estúpidas!
estaba tan furioso que disparó varias veces la escopeta en dirección a los matorrales, mientras seguía gritando: “¿y lo de las zanahorias envenenadas? ¿y los catorce cartuchos de dinamita escondidos en muñequitas de Pascua?” […]
caminando hacia el refugio de los osos, se cruzaron con un personaje bastante estrafalario, vestido con un abrigo negro que le estaba demasiado grande, una elegante bufanda gris y gafas de sol... […]
—Dios mío, dijo Block, ¡es el conejo!

Creo que jamás había leído un tropiezo más espectacular en una novela. Y menos en una tan buena. Os he dicho que La música del mundo es una pijada, que es morosísima, que es una delicia y una pretenciosidad de lo más académica. NO PUEDE APARECER BUGS BUNNY. Pues aparece, ante mi estupefacción. Además es que me imagino la escena:

EDITOR: Andrés, mira, esto de que aparezca Bugs Bunny en tu novela...
AUTOR: (Sonriente) Es completamente postmoderno. Si utilizo mitos clásicos debo usar mitos contemporáneos; así me siento muy rompedor.
EDITOR: (Conciliador) Pero Andrés, sé razonable. Te juro que me ha sacado completamente del texto... Si quieres mitos contemporáneos casi preferiría que usaras a Elvis. En serio. Que no solté la carcajada de milagro...
AUTOR: Tú no entiendes mi mente privilegiada que se adelanta un siglo. Y si me cortas la escena de Bugs Bunny publico en otra editorial.
EDITOR: Andrés, hijo, que tu libro es espectacularmente bueno, que me parece fetén que te molen Disney y la Warner, pero hay un sitio para cada cosa y cada cosa en su sitio...
AUTOR: (Hinchándosele la vena de la frente) ¡O SALE BUGS BUNNY O ME ENFADO Y DEJO DE RESPIRAR!
EDITOR: (Alarmado) ¡Valgame Cristo! ¡No lo hagas, Andrés! ¡Tienes una prometedora carrera por delante! ¡Aparecerás en los libros de texto de literatura! ¡Un montón de pedantes académicos aburridos y sin vida propia hablarán de ti dentro de un siglo!
AUTOR: Y considerarán la aparición de Bugs Bunny propia de la avant-garde y me adorarán. Seré el primero en mezclar iconos de la cultura popular con los consagrados mitos de la elite (dígase la palabra llana, que es más elitista que esdrújula).
EDITOR: (Conteniendo la risa) Pffff juasjuasjuas ¿El primero?
AUTOR: (Suspicaz) ¿Te estás riendo? Mira que me enfado y dejo de respirar...
EDITOR: Sea... Hay que cuidar la salud de nuestras letras. (Que Dios nos pille confesados.)

Quitando a Bugs Bunny, La música del mundo es uno de los mejores libros que he leído desde que cayó en mis manos Escuela de mandarines. A pesar de que el autor tenga un tic horrible: las comas agramaticales. No es tan severo como en “El perro, COMA, corre. PUNTO”, pero para muestra un botón: “la única forma de dar con la puerta que conduce al reino subterráneo de los silfos, COMA, es (siempre) tropezarse con ella al azar”. Página 55. Le he cazado ya tres de este tipo. Lo mismo es “estilística” (vid post de la RAE). Paciencia. Afilaos los dientes para restregarme los gazapos cuando salga a la venta Politeísmos.

Desde el faro,

Al.

Álvaro Naira © 2007

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20 comentarios · Escribe aquí tu comentario

Álvaro Naira

Álvaro Naira dijo

Esto... dije que actualizaría el fin de semana.

No dije CUÁL.

xDDD

Perdonadme, en serio. La verdad es que sin noticias, a la espera de la respuesta, de qué coño iba a hablar.

Gracias a todos por estar ahí y por seguir entrando. A Azaroa y a Elbereth, por regresar y por los ánimos y el supporting. Politeísmos va a salir. Lo que no sé es cuándo.

A los que carecen de paciencia para aguardar a que actualice, les diría que mala suerte, pero en realidad prefiero decirles que me dejen su correo y yo les aviso cuando esté a la venta Politeísmos y así dejan de desesperarse conmigo y mi ritmo de actualización...

Por cierto, me cago en Andrés Ibáñez y en su pijotada de los puntos suspensivos y no poner mayúsculas. Coño, qué difícil es citarle: el word te lo corrige a cada pasito.

22 Septiembre 2007 | 02:36 PM

Azaroa

Azaroa dijo

Yo siempre vuelvo xD.

Mmmm, pues el trozo de las sirenas me gusta. Sobre todo con qué despreocupación dice la tal Estrella lo de: "Son sirenas, nunca había visto sirenas por aquí." Es cómico :)

Ahora me han entrado ganas de escribir (con minúscula, que yo no soy pro-writer xD). Las ganas de leer Politeísmos ya sabes que son permanentes ;).

Ciao! (sip, hoy me despido snob-mente ^^)

22 Septiembre 2007 | 06:32 PM

Álvaro Naira

Álvaro Naira dijo

Es la hostia lo de las sirenas. No te voy a engañar; La música del mundo es un libro difícil de leer. ¿Bueno? Buenísimo. Y sí, lo que comenta Estrella descoloca, es así como consigue que no te sorprenda un carajo que haya sirenas en el parque del Retiro.

He visto que has pillado la imagen de la colilla y el mito en tu fotoblog (te leoooo xDD pero ahí no se puede comentar xDDD). Me alegro de que te mole :) y eso que es simplísima. ¿Te has fijado en el detallito photoshopeado del final del humo?

SÍ. ES UN LOBITO. Muy difuminado para que no quede cutre y se vea pero no se vea :P

Estoy con unas ganas ENORMES de subir un cacho de la novela aquí. Pero no me decido. Lo lógico sería el primer capítulo, claro. ES JUSTO LO QUE MENOS ME GUSTA DE TODO EL LIBRO. No es que sea malo. Es que es lo que menos me gusta, por motivos que ya contaré por aquí. Aparte, está la cuestión de los derechos. Lo mismo la Editorial Misteriosa se me enfada. Sé muy bien que está prohibidísimo divulgar antes de que una novela esté a la venta...

Saludos.

22 Septiembre 2007 | 06:49 PM

Azaroa

Azaroa dijo

¿Cómo no me voy a haber fijado en el lobito? xD yo pensaba que el photoshopeo y todo venía de serie, de donde sea que lo pillaras, por eso no he dicho nada de "robado de la bitácora de Álvaro Naira", pero veo que te ha importado poco el robo xD.

En cuanto a lo del trozo del libro, tranqui, puedo esperar. Un poquitito al menos, jeje. Y si no, haz divulgación secreta... o algo así, para que la EM (Editorial Misteriosa) no se te cabree ;).

23 Septiembre 2007 | 12:21 PM

Álvaro Naira

Álvaro Naira dijo

¡Róbame imágenes! ¡Fusílame! ¡Me gusta! xDDDD En serio, eso significa que están bien hechas :PP

Me parece muy feo que nunca pongas tu correo en la casilla. No sale por aquí y no recibirás más spam QUE EL MÍO MUAHAHAHA.

Estoy haciendo un excell con todos los lectores para enviarles el aviso de SALGAN CORRIENDO A LA LIBRERÍA MÁS CERCANA QUE SE AGOTA el día que esté a la venta Politeísmos. ¡Y me falta el tuyo!

23 Septiembre 2007 | 01:06 PM

Azaroa

Azaroa dijo

Ale, ya está. ¿Complicado eh? xD.

Ahora, además, puedes comentarme mi cacalog si alguna vez sientes la necesidad imperiosa de hacerlo xD, me lo mandas al mimilio y ya está :p

(¿Te das cuenta? tú solito te has metido en la trampa... BWAHAHAHAHA)

23 Septiembre 2007 | 07:07 PM

AnonimiA

AnonimiA dijo

Uy!

Pues yo iba a decir, que por muy bien que escrita que esté, (no suelo juzgar por un par de párrafos) a mi lo de los puntos suspensivos me resulta muy incomodo de leer además de una perogrullada, en las mayúsculas ni entro, y el lobito no lo veo.
Pero cualquiera se mete en una conversación privada. je je je.

Un saludo.

23 Septiembre 2007 | 11:31 PM

AnoimiA

AnoimiA dijo

Por cierto, ya que eres el amo y señor de esta página no podrías quitar ese entrometido "que" . Hace daño a la vista. ¡Ay! Como se echa de menos ese maravilloso comando ctrl+z en momentos así.

23 Septiembre 2007 | 11:48 PM

Álvaro Naira

Álvaro Naira dijo

¡No puedo quitar ese entrometido que! La coctelera no permite editar comentarios...

Azaroa y yo nos referimos a esta imagen de un artículo antiguo. Si estrechas los ojos, te pones bizca, haces el pino puente y pronuncias sententa veces siete "EST SIT, ESTO FIAT" verás aparecer mágicamente la cabeza de un lobo aullando al final del humo. Si no lo ves, se debe a las nulas capacidades de fotomontaje de aquí el autor xD

La música del mundo está maravillosamente escrita. Con dos cachos, y uno elegido con cachondeo (el de Bugs Bunny) es evidente que no se puede juzgar. La pijotada de los puntos suspensivos y la falta de mayúsculas es cuestión de costumbre. Según lees se te olvida.

PERO sigue siendo una pijotada que el autor se podría haber ahorrado.

¡Saludos! Me alegra ver que entraste en el faro para quedarte. A pesar de mi asombroso ritmo de actualización xD

24 Septiembre 2007 | 12:41 AM

AnonimiA

AnonimiA dijo

¡Qué remedio! Mientras sigas diciendo cosas como: "¡A que me enfado y no respiro!" JUA, JUA, JUA, JUA, JUA, a mi tendrás...

Ah sí! ¡Mooooola!Y menos mal que veo perfectamente, que si tengo que ponerme ha hacer todo eso para verlo, seguramente q

si tengo que hacer todo eso para verlo, prefiero ponerme a ojear, mi enciclopedia de Animales Salvajes, mucho más lucrativo sin duda. Menos

Saludos!

25 Septiembre 2007 | 12:13 AM

AnonimiA

AnonimiA dijo

¡Qué remedio! Mientras sigas diciendo cosas como: "¡A que me enfado y no respiro!" JUA, JUA, JUA, JUA, JUA, a mi tendrás...

¡Ah! ¡Ya lo veo! ¡Moooola! Pues menos mal que tengo buena vista por que si tengo que hacer todo eso para verlo, acabo enganchá a mi enciclopedia de Animales Salvajes pa desquitarme.

¡Saludos!

25 Septiembre 2007 | 12:23 AM

Ameliè Poulain

Ameliè Poulain dijo

oh! mierda! he leído que hay que pagar con un post, a ser posible desfaborable. Uys, yo que creía que estoy de cotillear era gratis... ok, imposible leerte entero. Es que los ojos me hacían chirivitas. Y para chasco no sé si debo o no leer "La música del mundo" Que a mí la pedantería me mola, pero ese efecto innovador de que salga bugs bunny (por mucho aprecio que le tenga), me descuadra un poco :P
Me ha entrado curiosidad por tu libro. Me gusta tu forma de escribir. Por lo menos, de cómo escribes aquí. Así que te seguiré la pista. Te agrego a mis favoritos. Espero que no te pierdas!
Saludos

25 Septiembre 2007 | 05:34 PM

Álvaro Naira

Álvaro Naira dijo

Bienvenida al faro, Ameliè. ¿Imposible leerme entero? Eso es porque mis posts son de siete páginas xD Para compensar, actualizo según me da. Una vez por semana, una vez cada dos días, dos veces al día, una vez al mes...

Realmente recomiendo La música del mundo. Pero aún más recomiendo La sombra del pájaro lira. Página 120, pronto os hablaré de él... Pero no seguido, que si cuelgo dos posts de crítica literaria os aburrís, y más si son del mismo autor.

¡Saludos!

25 Septiembre 2007 | 08:08 PM

geles

geles dijo

Me he ac_jonao con lo de las hordas, que miedito!
Me gusta tu blog aunque ciertamente la extensión, bueno, he aumentado mis dioptrías y me he puesto unos vasos a modo de anteojos para acabar de leerte.
Un gustazo.

Ciao!

27 Septiembre 2007 | 01:56 PM

dionisa

dionisa dijo

Hola Alvaro, soy Valeria del blog Hermano Lobo, disculpa que mi comentario no se ajuste al tema del post, escribia para decirte que te he contestado en mi blog en el post del regreso del lobo a Madrid.
Pásate cuando quieras, ¡un saludo!

27 Septiembre 2007 | 09:09 PM

Elbereth

Elbereth dijo

Alvaro, te quiero. Ese es el motivo por el que te leo, además de tu inteligencia, tu arte en la palabra, tu ironía, tu humor...bla, bla, bla... (yo también uso los puntos suspensivos...jajajajjjaja)

Y es verdad, caí en la trampa de que actualizarías en fin de semana, pero a ti te lo perdono casi todo. ;)

No me han entrado ganas de leer el libro, ninguna. Debe ser porque no tengo ni idea de literatura. ¿Me perdonarás?

Un abrazo. ¡Pedazo de entrada! Por cierto como no te publiquen "ya", me das la dirección de tu editor...soy una mujer muy persuasiva...jajajjaja (¿has visto como utilizo los puntos suspensivos? ) XD

29 Septiembre 2007 | 11:26 AM

Álvaro Naira

Álvaro Naira dijo

A Geles y Dionisa, bienvenidos al faro. El blog de Dionisa es una auténtica gozada de divulgación sobre naturaleza y lobo ibérico, y lo recomiendo fervientemente. Además, teniendo en cuenta que ahora mismo me considero uno de los mayores expertos en la materia tras TODO EL TRABAJO DE DOCUMENTACIÓN para la novela, me leeréis por ahí diciendo mis chorradas sin trascendencia.
A Elbereth: me alegro de leerte por aquí de nuevo. La música del mundo es lo que es, un gran libro muy pedante y con un fallo garrafal. Si no te apetece leerlo es lógico xDDD
Comprendo que estáis hasta los huevos de esperar a saber noticias de la publicación de Politeísmos. No tenéis ni idea de cómo estoy yo, en serio. Si fuerais más de dos mil comentaristas lo mismo os daba la dirección de la editorial para que hicierais presión, pero me temo que no llegamos al número...
Y ahora, a romperme la cabeza y pensar con qué actualizar sin tener noticias y sin poder hablar de la novela para no hacer spoilers. Esto empieza a ser doloroso...

29 Septiembre 2007 | 01:14 PM

Ausente

Ausente dijo

Después de leer tu crítica no me han quedado ni gota de ganas de leer el libro. Soy de la peor calaña de lectores que existe. Sí, leo para entretenerme, de hecho leo antes de irme a la cama para olvidarme de todo lo que ha pasado durante el día, y tener que leerme un capítulo tres veces para entender lo que me quiere contar el autor no es mi idea de relajarme.

Ya sé que es por culpa de gente como yo que la literatura hoy en día sea una mierda, pero yo creo que no tiene que ser tan difícil escribir un libro bien escrito y que no necesites una guía para entenderlo. Tampoco quiero un best seller, aún me queda algo de inteligencia.

Supongo que será porque soy de ciencias, yo que sé, pero de todos los libros que has criticado (de los que he leido la crítica, mejor) este es el único que descarto como posible lectura (me refiero a los que has criticado bien, no me voy a leer el libro de la compañera del Iker Jiménez, aunque puede que sea gracioso...).

1 Octubre 2007 | 01:04 PM

Álvaro Naira

Álvaro Naira dijo

No puedo estar más de acuerdo contigo, Ausente. (Me alegro de leerte tras tanto tiempo en que le has hecho honor al nick). Yo también leo para entretenerme. La literatura es un puto ocio. La gente se cree muy importante y se equivoca. No me sirve escribir para cuatro críticos. Me parece absurdo y egocéntrico. Ya he hablado muchas veces de esto, sería repetirme. Ahora bien: puedes optar por un entretenimiento de calidad que, de paso, además de hacértelo pasar bien -o mal, yo es que soy masoca- te dé cosas. Te haga pensar y replantearte el mundo. Me gustan los textos que te hacen reír, llorar, vivir lo que a ti no te pasa. Y pensar. Aunque sea un poquito.

Yo prefiero leer fantasía: ya tengo bastante realidad por el día. Eso sí, si ya te has tragado a los grandes y de lo que sale ahora la mayoría es bazofia y bestseller, las cosas se complican.

Por otra parte, soy escritor. Bueno o malo, lo tendréis que juzgar vosotros. Pero exigente, sin duda. Y para escribir bien hay que leer. Y de todo, y preferiblemente bueno. Este tío es muy bueno. Probablemente sea gilipollas y escribió su libro pajeándose mientras pensaba lo que diría la crítica sobre él. Pero es bueno. Por eso lo leo. Por eso lo critico y lo pongo a caldo.

1 Octubre 2007 | 07:11 PM

Álvaro Naira

Álvaro Naira dijo

Y Gothika es una continua fuente de diversión, hombre xDDD Hay que leerlo.

1 Octubre 2007 | 07:14 PM

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alvaronaira

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Autor del limes; siempre en la delgada línea entre la alta literatura y el pulp. Decidió, en medio de un delirio provocado por las drogas, que iba a ser el único escritor que contara historias fantásticas haciendo uso de todos los recursos sublimes y exquisitos de la Literatura Con Mayúsculas —habría tenido mucho más éxito al contrario, narrando gafapastadas en un estilo mediocre y bestsellario—. Cuando tomó tal camino único y propio y resolvió abrirlo a dentelladas, seguramente aún no había leído a Cortázar o, si lo hizo —otorguémosle el beneficio de la duda—, consideró que el maestro no se mojaba lo bastante, que no hundía los puños en el fango de la fantasía más salchichera y cutre para bruñirla en la cochura a fuego lento de su prosa preciosista y convertirla en una porcelana chinesca. Álvaro Naira es un fracasado por elección, lo cual es todavía más triste que ser un pelagatos a secas: escribió una novela, una editorial se la aceptó pero le ofreció un contrato leonino, así que se sintió ultrajado en su delicadísimo ego y la sacó en Lulú, donde nadie la lee, ni la compra ni nada, lo cual le satisface plenamente. Actualmente se encuentra en retiro espiritual en una cueva del Tíbet, con la única compañía de un ejemplar de las Psicomagias de Jodorowsky —al que no soporta— y ortigas como desayuno, comida y cena. Fruto de tales ejercicios ascéticos, ha parido un segundo libro, entre exclamaciones de eureka y albricias. Espera fervientemente que éste tenga tanta repercusión como el anterior; para ello, ha puesto todos los medios a su alcance y ni siquiera lo ha autoeditado ni sacado de su disco duro para que haga la ronda entre los amiguetes. Antes mostraba su desprecio por la literatura intelectual y el realismo en un hábil juego intertextual —ya que éstos son los géneros que más le satisfacen desde siempre—, y se presentaba como tocapelotas y cínico. En realidad no era más que un niñato un pelo irónico y corrosivo: téngase en cuenta que la ironía es una de las bellas artes; el cinismo una enfermedad terminal. Hoy en día, a tenor de la experiencia que ha ganado y de lo mucho que detesta a la especie humana —desprecio que, bien entendido, comienza por uno mismo— se puede considerar, sin temor a equivocarse, un auténtico cínico. O un enfermo terminal: ustedes deciden.








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