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Sin novedades en el frente. Ya sé que estamos a día 5, que mis lectores llevan comiéndose las uñas con la espera de la respuesta definitiva de la Editorial Misteriosa un mes entero, pero las cosas nunca van tan rápido como queremos. He molestado a quien tenía que molestar, me ha dicho que estaban hasta arriba, que era la primera semana de curro, que aún no había podido hablar con nadie. Bueno. Mañana volveré a incordiar un par de cientos de veces hasta que me manden a la mierda.
Entretanto, vamos a hablar de ortografía. Así, por matar el tiempo.
Por extraño que os parezca, yo también cometo faltas. Sí. Ortográficas. Y no, no estoy hablando de las famosas comas “estilísticas”, que sirven de excusa para que el escritor se sacuda la puntuación como las pulgas y caigan comas hasta en la sopa. Yo eso no lo sigo. Yo planto las pausas gráficas donde la RAE manda, y antes de dormir rezo cien veces lo siguiente:
En el nombre de la Real Academia, de sus sillones y de sus letras, amén:
El uso, COMA, y abuso, COMA, de la coma, COMA, implica, COMA, tomar, COMA, por idiota, COMA, al lector. PUNTO.
Amén.
Así que nada de comas; yo lo que meto son Faltas Mayúsculas. Completas patadas al diccionario. No sólo erratas, de ésas caen una media de cinco por página y seis meses de corrección para limpiarlas. Fruto de escribir alcoholizado y jugar a la ruleta rusa con cuatro vasos: uno de ron, uno de café, uno de Red Bull y uno de cocacola. A cada párrafo, un sorbo de uno al azar. Probadlo. Vuestra vida nunca volverá a ser la misma. Vuestro sistema nervioso tampoco.
Hoy os voy a hablar de todas las faltas que tiene Politeísmos —novela de gran éxito de Álvaro Naira, pronto a la venta en vuestras librerías, compradla que se agota, enlazad este blog, predicad la palabra y demás, que sé que estáis aburridos de mi publicidad rastrera—. Me voy a poner técnico y lingüista, así que ya podéis cerrar la bitácora e iros a ver páginas porno. A todos los que no pueden soportar los meses que quedan para que mi novela esté a la venta, les recomiendo la página de Liz Vicious, la reina del porno gótico adolescente, siniestra de palo, posera, gótica de chocolate, de fresa y menta, enormemente pavisosa que por no hacer, ni pone (y ni folla, qué tía, que es casi softcore lo que hace), pero que en un par de fotillos se parece sospechosamente a cómo imagino yo al personaje de Verónica, cuyo dios interior es una zorra, como todo el mundo podía suponer, y los que no lo hayan hecho es porque no saben que mi novela trata de personas corrientes —es un decir— que tienen divinidades animales dentro, así que ya pueden entrar en este link y descubrir qué es la fantasía realista. Ponedle pelo rizado mentalmente a la muñeca y voilà, he aquí un personaje de mi novela.
Ortografía. Volvamos a la ortografía.
Todos los que me conocen bien saben que soy jodidamente academicista. Defiendo la norma hasta la exageración. Me apasionan los problemas sintácticos. Yo me leo el Diccionario panhispánico de dudas por entretenimiento. Me doy de hostias con quien defienda que existe un complemento indirecto con la preposición “para” . Me flipo con el predicativo y con los tipos de SE. Formo parte de la Asociación en Defensa del Suplemento, el gran arrinconado en las gramáticas escolares, llamado “complemento de régimen”, como si tuviera que ponerse a dieta para entrar en los análisis. Colecciono todas las frases que mezclan complemento directo con suplemento y a las que llevan adverbiales las acaricio en el lomo. (Y la frase anterior es tan ortopédica porque sirve de ejemplo de lo que predica. Just for philologists. Perdón.)
Vale. Que no os habéis enterado de nada. Expliquémoslo de otra forma. Dejémoslo en que divido la literatura no sólo en buena y mala, sino en alta y baja. Bien que digo “que les follen al Realismo y a la novela intelectual” y me proclamo escritor del fandom cuando en el fondo desprecio todo lo que no es canon. Mi canon, por supuesto. Ya os he hablado muchas veces de esto. Valoro la calidad por encima de todo, y por debajo debe estar la norma, que es lo mínimo para entendernos. Yo fijo, limpio, doy esplendor y sigo todo lo que dice la Academia.
O casi todo.
Hay que conocer las reglas para escupir sobre ellas. Si no existe la idea de pecado, hagas lo que hagas no pecas: como pocas poses me molan más que el malditismo a lo diablo miltoniano, abrazo la RAE sólo para traicionarla. Hecha esta precisión, enumeremos mis faltas para que os podáis burlar con impunidad de ellas. En el ring pelean hoy la RAE con su impecable técnica contra Álvaro Naira, luchador de Pressing Catch, táctica Todo-Vale y Patada en los Cojones, escuela Musabetsu Kakutō Ryū y Me Paso la Filología por el Arco del Triunfo. ¡Hajimé!

PRIMER ROUND:
La norma: La adaptación ortográfica de extranjerismos, o Cómo Según Leo Me Parece que Oigo el Espanglis del Hilarante Discurso del Que no Debe Ser Nombrado (viva la caspa)
Versus
La patada al diccionario: los whiskys.
Presentemos a nuestros luchadores amateurs: en la alfombra roja, iluminados por los focos y siempre en el candelero, los términos en debate son “whisky” contra “güisqui”. GÜISQUI. Así lo manda la RAE. ¿No os ha entrado la carcajada? El néctar y ambrosía con hielo infantilizado por la ortografía hasta asemejarse a la onomatopeya infantil para hacerse cosquillitas. Tiqui-tiqui. Pues me rasca, vaya si lo hace. No pienso escribirlo así jamás —me tocará comerme mis palabras con sal y pimienta—. Ya sé que lo mismo sucedió con “estándar” —qué risa nos producía—, y ahora bien bonita que queda, pero con “güisqui” aún no es el caso y me niego. Me grita desde el párrafo. No pasa nada, podemos poner whisky en bastardilla, como le mola a la Real, para dejar bien clarito que no es una palabreja de nuestro idioma emérito sino una inmigrante en cayuco sin los papeles en regla. Uno que no es xenófobo va y se come la cursiva, entre otras cosas, porque me da por culo detener al lector en una palabra sin trascendencia, que la bastardilla resalta lo suyo y se puede utilizar para llamar la atención y subrayar alguna cosa de vital trascendencia. Que no es el caso de lo que acabo de hacer.
El problema viene con el plural. Si tu personaje es un borracho reincidente y en lugar de tomarse un whisky se mete siete, comienza la juerga y la ensalada de letras, especialmente si lo imitas para inspirarte. ¿Cómo escribes la monumental melopea o, dicho de otro modo, cuál es el plural de whisky?
Güisquis. Claro. Es la normativa en español, y me parece oportuna para llamar a un gato. También tenemos whiskies —en cursiva—, que es la correcta anglosajona y recuerda sospechosamente a una marca de comida, también para gato. Y en mi novela hay cánidos; lo mismo se peleaban. Debía optar por una decisión drástica y lo hice: whiskys, la macedonia idiomática, y en letra redonda para que no destaque y nadie se fije en lo bestia que puedo llegar a ser. Ni castellano ni inglés: esperanto, la coctelera de lenguas. Horrendo. Espantoso. Pasemos dos palabras por las patitas de Jack el Destripador y luego las metemos en la máquina de Brundle, a ver qué sale. Esto es lo peor que se me podía haber ocurrido, y mirad que suelo tener malas ideas. Whiskys. Joder. A pelo y sin cocacola.
Pues aunque se me tirarían al cuello un gran número de antiguos profesores, tras muchas vueltas y revueltas, he optado por los whiskys. La imaginación al poder. Como hay que apoyar nuestras decisiones con argumentos sólidos para que no nos tomen por el pito del sereno, os diré que en google salen 382.000 resultados, que dan un total de 382.000 analfabetos. Qué número tan feo: colaboremos para llegar al 382.001.
Vendido por 382.000 a la de una, a la de dos...
A la de tres y adjudicado. Es lo que encontraréis en Politeísmos si no mete sus zarpas un corrector y se fija. Whiskys se queda. Aunque sea una salvajada.
[Niños, no intentéis esto en casa sin la presencia de un filólogo. Mis razones son puramente estéticas y gilipollescas y lo sé. Lo lógico es la naturalización de los anglicismos porque así se escribe la historia. Vosotros dadle a los güisquis y tras la resaca pasaréis a la posteridad. Es un buen consejo.]
GONG y final del primer asalto.
Estado de salud del DRAE (según las reglas del juego de rol de Star Wars): Consciente.
SEGUNDO ROUND:

