Paco Umbral probablemente no es de los grandes ni lo será. Se acomodó, se repetía más que las morcillas en cada libro y se encontraba muy contento en el periodismo. Pero es bueno, y se ha ganado el derecho de que hablemos de él en presente, como si no hubiera muerto, porque su obra perdura.

Le echaremos de menos. Porque era un hijo de la gran puta, y todo un personaje.

A ver si nos enteramos de algo: la literatura no es un bello arte para señoritas en manoletinas rosas y para dulces y encantadoras personas que usan vaselina antes de meterla por el culo, que se ponen guantes de seda y le dan a la corrección política. Ésos que se hagan funcionarios. La literatura es el oficio de los golfos, vagos y drogadictos.

Y que dure.

Desde el faro,

Al.

Álvaro Naira © 2007