La Coctelera


24 Agosto 2007

No escribir.

Cuando releo la bitácora me sorprendo, a ratos. Al releer momentos antiguos, cuando aún estaba escribiendo la novela —Politeísmos de Álvaro Naira, ¿hay alguien que no sabe aún cómo se llama y de lo que trata?—. La bitácora sólo era un diario de escritura, y ahí, apretada y sofocada para no reventar el libro y contar de lo que trata, está toda la fuerza incontenible de la sensación de crear. De lo increíble y magnífico que es parir una historia que no sabes bien de dónde ha salido, cómo se ha formado, dónde estaba antes. Y lo sabes, al tiempo, a la perfección, porque es muchísimo trabajo y te has matado en cada detalle, y lo has vivido, y has llorado y has reído y conoces a los personajes mejor que a ti mismo. Creo que en un libro se nota cuándo el autor ha echado hasta las tripas, se las ha comido y las ha vomitado de nuevo. Ahora todo está en frío. Ahora todo está seco, muerto y enterrado. Se acabó. Fue grandioso e intenso. Se ha terminado. Habrá otros libros en que me suceda lo mismo. Siempre es así.

Lo echo de menos. No sabéis cuánto.

Cuando acabé el libro me inflé a llorar. Sin parar. No podía dejarlo. Era algo nervioso. Reía y lloraba a la vez como si me hubiera metido un alucinógeno. Tenía una percepción distinta de la realidad, que estaba anormalmente lejos, como si se estirara el suelo. Se me acoplaban los mundos, y era mucho más nítido el ficticio, más brillante, con volumen y proporciones auténticas, con personajes más creíbles y redondos que las personas que me encontraba por la calle, que me resultaban vacías, fáciles, inverosímiles, poco creíbles, sin interés ninguno: huecas. La realidad se encontraba aún desenfocada, pero se aproximaba con estruendo, derribando los muros de lo ficticio y atrapándome entre los escombros de lo irreal, lo propio y lo fantástico, que se rompía, se venía abajo, se me deshacía entre los dedos, se licuaba y desaparecía, dejándome las manos pringosas de la nostalgia y el pánico a regresar al día a día. Porque esto es una mierda. Porque aquí todo está incompleto y es insulso. Porque nos faltan piezas. Por eso nos construimos nuestras historias. Para completar el rompecabezas.

[Y qué interés tiene volver, ya sabéis. Qué hay aquí. Material para levantar otra novela. Nada más.]

Cuando fui al registro no dejaba de llorar. Lloraba por la calle. Me paraba en un banco y lloraba más. Y me reía, a la vez, como un chiflado. Y me sentía TAN jodidamente orgulloso de poder llorarlo que me decía: “Joder, si esto no les pasa a todos los que escriben, si soy el único que llora porque ha terminado un libro, si eso es así, qué lástima me dan los otros, qué vida más triste y descafeinada: qué magnífico es berrear como si tuvieras seis años, sentirlo como agujas en la boca del estómago, gritar de alegría por tener la capacidad increíble de vivir las cosas con violencia, que te golpeen, que te hagan daño, que te afecten, que te tiren al suelo y te levanten. Cómo podrá vivir la gente con sus sentimientos de plástico sin herirse a propósito y meterse un rotulador en la costra, hurgar con él, infectarse y pintarse de colores el dolor para verlo bien y que destaque y no se te pierda el sentimiento y se deshaga. Porque merece la pena. Siempre merece la pena sentir. Siempre”. Lloraba y me partía de risa, porque se había terminado. Porque tocaba regresar a recargar baterías para escribir otra. Se había acabado. No quería que lo hiciera y quería. Todo a la vez.

Hermann Hesse, Der Steppenwolf: “Más me gusta sentir arder dentro de mí un dolor verdadero y endemoniado que gozar de esta confortable temperatura de estufa”.

A eso se resume todo. No, no me entusiasma El lobo estepario. Algún día os contaré por qué, cuando hayáis leído mi novela. Pero esa frase me sigue pareciendo increíble. Siempre me lo parecerá. Y la encontraréis también en Politeísmos.

Ahora no estoy escribiendo. No tengo nada que contar, y lo que tengo no me apetece contarlo. Es como volver hacia atrás, al momento en que estaba en parón, cuando pensaba dedicarme a la papiroflexia el resto de mis días, porque no valía, porque no tenía ninguna historia que mereciera la pena el esfuerzo, cuando la rutina te aplasta y asfixia. Cuando dudas, dejas de escribir. Mientras piensas que eres lo bastante bueno, lo eres, aunque no lo seas. Porque te matas en ello y te esfuerzas.

No me malinterpretéis. Éste no es un artículo de modo autodestructivo-on. Sé muy bien dónde estoy y cómo he llegado hasta aquí. Sé que todo son ciclos. Sé que voy a volver a escribir. Tengo cien historias estranguladas en el cráneo. Cuando me entran ganas de escribirlas... me las aguanto. Porque no pienso meterme en la espiral fabulosa y la noria de escribir otra novela hasta que ésta esté en las tiendas. Hasta que me libre de ella. Hasta que haya dejado de ser mía y sea también vuestra.

No sé muy bien con qué actualizar la bitácora. Tengo miles de cosas que contar sobre la gestación de la novela, pero no quiero hacer spoilers. Ya queda menos para septiembre. Pronto sabré si se va a publicar o no en enero. Y muy pronto, podré irme de verdad a otro sitio, sin moverme de mi casa y de la pantalla. Dentro de nada podré borrarme a mí mismo y convertirme en cientos, y vivir lo que les pasa a ellos.

Y desaparecer.

Porque un escritor, como los lobos, va corriendo sobre la escarcha en fila india, detrás de sus hijos de papel, pisando donde ellos pisan. Y con la cola, se barre y se borra sus propias huellas.

Desde el faro,

Al.

Álvaro Naira © 2007

Tags: escrituras

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7 comentarios · Escribe aquí tu comentario

Serendipity

Serendipity dijo

Ya queda menos para septiembre y seguimos cruzando los dedos, espero que la respuesta deshiele la temperatura de estufa pero no por dolor endemoniado sino por alegria desatada y encendida, que nos va a arrastrar a todos.
Es la ultima pieza del puzzle y aprovechando la imagen (por cierto, que bonita, como todo lo demas) "ojalá te lleves el gato al agua".

24 Agosto 2007 | 06:27 PM

neil

neil dijo

No sé porqué leyendo tu post me ha venido a la cabeza Grenouille, el protagonista de "el perfume". Será que su obsesión por el perfume perfecto se parece a tu obsesión por tu novela.

En algunas partes del post me he partido de risa.

Saludos

24 Agosto 2007 | 08:33 PM

Azaroa

Azaroa dijo

:) lo tengo en pendientes (el lobo estepario) aunque el poema me lo se xD. Lo empecé a leer y me deprimí porque soy una burguesa :(. Sniffi.

Q_U_I_E_R_O L_E_E_R T_U N_O_V_E_L_A

ya... mmm... ahora miiiiismo... xD.

Te tengo envidia (y cochina, además) porque yo no se escribir, y también quiero tener hijos de papel que molen más que yo y de los que me sienta orgullosa porque quiero ser como ellos, y les odie por eso, pero en realidad les admire.. y esas cosas, ya sabes... no? xD

Argh.

Yo solo valgo para corretear en círculos y liarme con mis propias huellas... ni siquiera se correr en fila india como los lobos.

Un saludito ^^

25 Agosto 2007 | 12:03 AM

eltioantonio

eltioantonio dijo

Creo que la pasión por la escritura no se puede demostrar de otra manera a como lo has vivido, por siempre en tu vida, recordarás este momento y toda la fuerza y pasión puesta en el empeño.

Un abrazo y toda la suerte del mundo

25 Agosto 2007 | 12:23 AM

Darthz

Darthz dijo

Qué decir... Naira, qué decir... Verse reflejado en un espejo es, a veces, pasar por aquí. Te voy a dar las gracias.

25 Agosto 2007 | 01:08 AM

Elbereth

Elbereth dijo

¡Qué bien escribes !

se me acoplaban los mundos, y era mucho más nítido el ficticio, más brillante, con volumen y proporciones auténticas, ¿Sabes que me siento así, no sólo cuando escribo sino también cuando leo? Y ese mundo que ponen otros --como tú-- a mi alcance, no tiene rival.

Esto me ha encantado...dejándome las manos pringosas de la nostalgia y el pánico a regresar al día a día.

Y esto otro también.... sin herirse a propósito y meterse un rotulador en la costra, hurgar con él, infectarse y pintarse de colores el dolor para verlo bien y que destaque y no se te pierda el sentimiento y se deshaga

Y sí, eso es lo único que al final merece la pena, las lágrimas, la risa... El resto se vuelve vacío...

Bien, tengo que desilusionarte, me gustó el Lobo Estepario, y el Juego de los Abalorios. Lo siento. Quizá porque tenía 15 años cuando le leí, pero sinceramente creo que no fue por eso, fue por frases como la que has puesto.

Pues yo necesito que actualices..me he pasado todos los días...¿porqué solo actualizan los que hablan de su infancia, o cosas así?

Y con este final te has salido...
Porque un escritor, como los lobos, va corriendo sobre la escarcha en fila india, detrás de sus hijos de papel, pisando donde ellos pisan. Y con la cola, se barre y se borra sus propias huellas.

Por favor, escribe. Un saludo y gracias.

25 Agosto 2007 | 08:46 PM

Álvaro Naira

Álvaro Naira dijo

A Serendipity: ya queda menos para septiembre, sí. Sigue cruzando los dedos, no lo dejes ni un instante. La imagen del puzzle es la hostia. La modifiqué porque en origen era rosa pastel y cursilona, y desgraciadamente no recuerdo la fuente de donde la saqué; por eso no pude enlazarla. La primera imagen es de la peli Mirrormask o Cómo Gaiman Jode Una Película Porque No Sabe Hacer Guiones y Cómo McKean es el Puto Amo del Diseño Gráfico.

A Neil: Gracias por pasarte por aquí, leer y comentar. Mi faro es tu casa. El perfume... no me entusiasma. Vamos, de chaval me impresionó porque llevaba cuatro lecturas a cuestas y me flipaba el cruce de olfato y de gusto en las descripciones. Luego crecí, aprendí que eso se llamaba sinestesia y conocí a Flaubert, por poner un ejemplo —uno de los maestros en convertir un paisaje en comestible, otro pedazo de glotón como Proust—, y puse en su justo sitio El perfume. En los best-sellers. Aún hay clases. Muy bien hecho, pero best-seller al fin y al cabo. Suskind tiene cosas mucho más interesantes, además. Me gustaron más El contrabajo, Un combate y otros relatos...

A Azaroa: "también quiero tener hijos de papel que molen más que yo y de los que me sienta orgullosa porque quiero ser como ellos, y les odie por eso, pero en realidad les admire.. y esas cosas, ya sabes... no?".

Cómo no voy a saberlo :) Sí, es justo eso. Y no sabes la inyección de moral que me supone cada uno de tus comentarios, joder. No sé cómo me contengo y no te envío la novela al correo.

No sé si recomendarte que te leas el lobo estepario. Yo la leí de muy chaval y me afectó a lo bestia. Y me cabreó lo indecible... porque ganaba el hombre. El burgués, sí.

De hecho... Vamos a ver cómo lo explico. He dicho muchas veces que un escritor no es un lector agradecido, sino un lector cabreado, porque nadie ha hecho la historia que quería leer y por eso le toca hacerla a él. Un escritor comienza con tierna edad a rescribir los cuentos que no acaban como él quería. Es así.

Bueno.

Pues Politeísmos, en el fondo, es fruto del cabreo que me ocasionó El lobo estepario de niñato. Politeísmos es una historia de gestación lenta, que comencé a desarrollar mentalmente con quince años... y que escribí de tirón el año pasado.

Es un lobo estepario al contrario. Ya me entenderéis cuando lo leáis. Ya lo explicaré cuando lo leáis. Ahora, no.

A Elbereth: joder, no me digas cosas tan bonitas que luego me lo creo xD Como ya he dicho, a mí me apasionó el lobo estepario. Hasta que acaba el Tratac. Sólo hasta ese momento. Por eso la detesto. Por lo que viene luego. Aparte, sí es cierto que es una novela para quinceañeros. Lo cual no significa que sea mala, ni de coña. Alicia en el país de las maravillas es para niños de nueve años y una de las cumbres de la literatura mundial.

Posteo poco, es cierto. Verás, no tengo nada que contar. Este blog nació con la intención de publicitar mi novela. En realidad no me gustan los blogs. Me supone un esfuerzo enorme actualizar, y más ahora, que no hay noticias editoriales, ni las habrá hasta septiembre. Y no estoy escribiendo.

Cuando escribía, el blog era mi diario de escritura. Y eso sí que no me costaba nada.

Pero son ciclos. Pronto volveré a escribir. Espero. Deseo. Porque hacer un artículo por aquí no es escribir. Qué va a ser escribir. Los corrijo, vale, los cuido y tal, pero no como una novela. Ni de coña. En éste hay reiteraciones. Hay cosas que podrían estar mejor de otra forma. Y ni siquiera cuenta nada. Aún así, has marcado justo mis frases favoritas :)

Si te cansas de ver que no actualizo, te recomiendo pinchar en "Mis mejores posturas", en los muñecos felices que follan. Te conducirá a los que yo considero los mejores textos de la bitácora. Desde luego, mucho mejores que el de arriba. Aunque éste no me desagrada. Porque es sincero. Está escrito desde las tripas.

Y eso, en el fondo, es lo único que importa. Pero sólo en ficción, cuando nos ponemos en la piel de miles de personajes distintos, podemos echar todo lo que llevamos dentro. Es la máscara de carnaval que no deja ver quiénes somos lo único que permite que seamos de verdad nosotros mismos.

25 Agosto 2007 | 11:38 PM

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Madrid, España
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Autor del limes; siempre en la delgada línea entre la alta literatura y el pulp. Decidió, en medio de un delirio provocado por las drogas, que iba a ser el único escritor que contara historias fantásticas haciendo uso de todos los recursos sublimes y exquisitos de la Literatura Con Mayúsculas —habría tenido mucho más éxito al contrario, narrando gafapastadas en un estilo mediocre y bestsellario—. Cuando tomó tal camino único y propio y resolvió abrirlo a dentelladas, seguramente aún no había leído a Cortázar o, si lo hizo —otorguémosle el beneficio de la duda—, consideró que el maestro no se mojaba lo bastante, que no hundía los puños en el fango de la fantasía más salchichera y cutre para bruñirla en la cochura a fuego lento de su prosa preciosista y convertirla en una porcelana chinesca. Álvaro Naira es un fracasado por elección, lo cual es todavía más triste que ser un pelagatos a secas: escribió una novela, una editorial se la aceptó pero le ofreció un contrato leonino, así que se sintió ultrajado en su delicadísimo ego y la sacó en Lulú, donde nadie la lee, ni la compra ni nada, lo cual le satisface plenamente. Actualmente se encuentra en retiro espiritual en una cueva del Tíbet, con la única compañía de un ejemplar de las Psicomagias de Jodorowsky —al que no soporta— y ortigas como desayuno, comida y cena. Fruto de tales ejercicios ascéticos, ha parido un segundo libro, entre exclamaciones de eureka y albricias. Espera fervientemente que éste tenga tanta repercusión como el anterior; para ello, ha puesto todos los medios a su alcance y ni siquiera lo ha autoeditado ni sacado de su disco duro para que haga la ronda entre los amiguetes. Antes mostraba su desprecio por la literatura intelectual y el realismo en un hábil juego intertextual —ya que éstos son los géneros que más le satisfacen desde siempre—, y se presentaba como tocapelotas y cínico. En realidad no era más que un niñato un pelo irónico y corrosivo: téngase en cuenta que la ironía es una de las bellas artes; el cinismo una enfermedad terminal. Hoy en día, a tenor de la experiencia que ha ganado y de lo mucho que detesta a la especie humana —desprecio que, bien entendido, comienza por uno mismo— se puede considerar, sin temor a equivocarse, un auténtico cínico. O un enfermo terminal: ustedes deciden.








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