La Coctelera


15 Agosto 2007

Realismo mágico 1.0 (Crítica literaria IX).

En aquellos maravillosos años universitarios, plenos de vida social en la cafetería de facultad, conversaciones frívolas en las que inventábamos el kit de Arregle Usted el Mundo en Cinco Sencillos Pasos y sesudas competiciones de mus —qué pasa, éramos filólogos y éramos muy cultos— tuve un buen profesor. También tuve a gilipollas integrales, y muchos. Mi Buen Profesor comenzaba sus clases explicando por qué le gustaba la literatura, y nos decía que él había vivido muy poco, que había tenido una vida muy aburrida. Nos contaba que leía porque con un libro podía sentir lo que no le había pasado. Con un libro podía viajar a otro país, enamorarse de varias personas a la vez, ir a la luna, a otros planetas, al siglo XII, a la casa de enfrente; podía ser un pirata, un mosquetero, una bailarina y un bohemio. Y aunque parezca un anuncio de higiene femenina, no deja de ser cierto. Yo también leo por eso.

En parte. Porque vas creciendo, y las historias que te satisfacían de mocoso han dejado de hacerlo. Los libros que te tragaban ya no funcionan como en La Historia Interminable: ahora les ves el andamiaje. Y si no está bien hecho, al carajo: edificio al suelo. El estilo, el lenguaje, el ritmo, la descripción y el diálogo te importan más que lo que se cuenta. Y los libros de fantasía reciente no te cubren jamás el hueco estético. Los que yo conozco. Así os lo digo. A pelo.

Se me ha criticado alguna vez lo durísimo que soy con el fandom, del cual he bebido toda mi vida y al cual le debo lo que soy. Porque yo adoro la fantasía. La ciencia ficción. El terror. No hay nada que me guste más. Y soy un hijo de la gran perra cuando hablo de los libros de subgénero. Lo soy. La mayoría es mierda y refrito y combinación de ambos.

Pero no todo.

Leído: Ygdrasil, de Jorge Baradit. RECOMENDADO.

Conocí a Baradit en tauzero. Leí un artículo ahí de no sé qué, quise enlazarlo en el blog, pregunté y me respondió que claro, que linkeara, que copiara y fusilara. Como soy un cotilla y el nombre me sonaba de algo —del portal sedice, del que soy lector asiduo y comentarista nulo— lo busqué por internet y caí en plancha en su bitácora. Me quedé a cuadros, me leí de golpe como unos nueve meses de su blog, me corrí siete veces y, llevado por un impulso irrefrenable, le escribí una sonrojante carta de amor más o menos como la siguiente:


“Eres la puta hostia. Me muero de ganas de conseguir tu novela. Estoy casi febril. Me pareces la polla. Tu escritura es pura acumulación de imágenes, surrealismo densísimo, un viaje de LSD, el pasado y el futuro metidos en la cazuela y bien removido el guiso hasta que cuece y explotan las burbujas como tumores y pústulas. Joder. Pero qué bueno eres. Y no es jabón, que ni lo necesitas ni yo lo voy dando por ahí. Si eres la mitad de bueno manejando estructura, trama y argumento como eres con las imágenes de tus descripciones, que sacuden las pupilas sin que podamos cerrar los ojos, vas a ser de los grandes. ¿Dónde coño puedo encontrar tus libros?”.

Vale. Actúo por impulso y siempre hago el gilipollas. A mí me mandan un mail así y estoy con una erección tres días. Y luego me baja la noria de golpe y pienso que me toman el pelo, me deprimo, agarro una cuchilla y practico el siempre agradable deporte de la automutilación. Suelo decir que prefiero a los escritores muertos porque a esos los puedes adorar sin hacer el ridículo y sin dar lugar a malentendidos, ya que la carta chorreaba lubricante y yo, a pesar de haberme codeado con góticos durante la tira de años y haber visto cosas que vosotros no creeríais, siempre he practicado una aburridísima heterosexualidad, que es poco literaria y menos cool. Así que me flagelé un poco por hacer el capullo y me puse a buscar sus libros. Fin de la historia.

Baradit es chileno, y autor de cf. La combinación de tales atributos hacía que su novela Ygdrasil no estuviera a la venta a este lado del charco, y era bastante estúpido subir un post a la bitácora sobre algo que mis lectores peninsulares no iban a poder encontrar. [Ajem. Claro. Como yo no hago eso un día sí y otro también hablando de mi libro —¡Politeísmos de Álvaro Naira, pronto a la venta en vuestras librerías!—. Sin comentarios.]

Hace más de un mes que tenéis la novela de Baradit en las tiendas. Se me fue el santo al cielo y se me pasó el arroz, y ahora os voy a hablar de ella. No es para todos los estómagos y no se parece en nada a lo que yo hago, aviso.

Pero me encanta.

¿Os gusta el cyberpunk? ¿Os flipó Neuromante? ¿Alita? ¿Ghost in the Shell? ¿Enki Bilal? ¿Os pone la cf, la religión y la mitología? ¿Os flipa Giger? ¿NIN? ¿Os va el sadomaso? ¿Qué tal si añadimos a la mezcla un toque borgiano? Echadlo todo a la coctelera y removed: saldrá una baraditada.

Baradit es excesivo. Es orgánico. Parece un tumor que estalla al que le salen brazos. Ni siquiera es barroco. Es como un videoclip. Es pura estética y fotograma tras fotograma. Escribe con las tripas y con los ojos, no con las manos: hace vomitona de imágenes trituradas. Estrujas las hojas de su prosa entre las uñas y al exprimirlas cae una papilla de cables empapados en placenta, atravesados por una corriente de luz azul eléctrica. Y cuando acabas de leer, te chupas los dedos.

Porque es muy bueno.

Un ejemplo:


Guiamos el desarrollo de la red como se cría al verdadero hijo de Dios. Planeamos su desarrollo como una copia de la estructura neuronal de un santo. Cada nodo diariamente incorporado es una letra del conjuro definitivo. Cuando la última palabra sea agregada, el Altísimo tocará esta obra de sacra artesanía con su dedo hirviente y se alzará viva, levitando sobre las cabezas de los hombres, entonando una letanía electrónica en nota sol. Todas las mentes se sincronizarán en el tono emitido desde el cielo y serán infectadas de amor a Dios. El alma de la humanidad se elevará en una sola mente, se hará carne y cable como un gran insecto, orando en código binario y comunicando directamente a la corteza cerebral el infinito rostro de Dios.

Transmisión pirata emitida a fines del siglo veinte en forma de un virus informático para usuarios. El contenido fue decodificado por error sesenta años después.

Otro ejemplo:


El selknam tenía a Mariana colgando de un árbol por los pies, en un lugar de la sierra del estado de Guerrero. Alrededor del tronco había dispuesto un círculo de rocas negras y cuatro espejos marcando los cuatro puntos cardinales. Sobre los espejos había derramado palabras poderosas y pétalos de flores.
Llevaba dos días girando ritualmente en torno del árbol, para frenar la fricción con que el tiempo desgasta las cosas y así disminuir su efecto erosivo sobre la memoria de Mariana. La danza se sostenía sobre un canto de tres notas musicales que estimulaban curativamente su glándula pineal. Al tercer día desenterró los pulmones de la mujer y los sumergió en agua consagrada antes de reintegrárselos. Puso un pez minúsculo en cada ojo antes de devolverlos a sus cuencas. Abrió un lobo por el estómago y extrajo el corazón de Mariana, que había estado escondido allí durante días, lejos de la mirada de la muerte. Cosió las heridas con fibra de cactus y se sentó a esperar.
A los nueve días ocurrió la maravilla. Con el primer rayo de sol se oyó un llanto de bebé saliendo del árbol, que crujía angustiado; poco a poco el llanto alcanzó su adultez. Saltaban las astillas, la corteza se resquebrajaba. De pronto, una mano rompió la corteza y afloró buscando asirse, luego otra mano; era Mariana, luchando por romper el cascarón y salir a respirar. Finalmente el tronco cedió, la corteza se deshizo y Mariana emergió envuelta en savia y musgo, vomitando tierra. Puso un pie fuera del círculo de rocas y cayó desvanecida a los pies del selknam, que permaneció sentado, indiferente, recortado contra el sol de la mañana.
Las aves no cruzaban el espacio por encima de él.

Podría seguir y seguir pegando trozos, pero casi mejor os lo compráis o leéis el principio aquí. Ha sido amor a primera vista, en mi caso. Consideradme un lector de baraditadas hasta la muerte. No había leído algo tan jodidamente original en ciencia ficción en mi vida. La unión del mito y la informática es impecable: los teclados de ordenador son ouijas para conectar con el más allá, se entra en la red follando, hay personas que sirven de proxy —médium, dispositivo que realiza una acción en representación de otro; en internet, el que permite el acceso de varios equipos con una misma IP—, el presidente de la sección catorce tiene el nombre de un monstruo mitológico y camina sobre los cuerpos desnudos de sus seguidores, el miedo se codifica en datos y se fija con estática a barras de ferrita, hay almas desplazadas y Dios es un organismo en suspensión al que se le reza en binario. Los críticos lo catalogaron como ciberchamanismo. Baradit lo llamó realismo mágico 1.0.

Ahora es cuando debería acabar el post. Sin embargo, los que me leéis desde hace tiempo sabéis muy bien qué toca ahora.

El “pero”.


Soy tan hijo de puta que ni respeto a los escritores que más me gustan. Quiero decir con esto que a Ygdrasil le veo fallos, por supuesto. Y naturalmente voy a enumerarlos.

Lo primero que me rascó fueron los personajes secundarios. Hay un militar y un político que guían todas las intrigas, que manejan a la asesina en serie Mariana la chilena, y que parecen —de verdad— sacados de una mala peli de acción de Hollywood. Son planos. Planísimos. Auténticos tópicos. Y me jodía, no sabéis cuánto me jodía, estar leyendo un libro tan espectacularmente bueno y encontrarme con frases como “¡Quiero la ubicación de las fuentes de la anomalía, y la quiero ahora!” o “¿Quién está al mando?”; “Fulano, Mengano y Zutano”; “Pues ya no lo están”. Mariana, que es un personaje que estéticamente flipa, bebe demasiado de las fuentes de Gally —el cyborg de Alita— y de la Jill de la Feria de los Inmortales, pero eso no me molesta: me molesta que llore. En serio. Es un personaje que llora demasiado y en los momentos más inoportunos. Me gustan su alegría infantil y su ingenuidad en contraste con la psicopatía que hace que le dé por descuartizar tipos, pero de tanto lloriquear y gemir se me olvida a ratos que es una asesina. Soy de los que piensan que impresiona más una reacción cuando es única que cuando se repite ochenta veces, y en el libro se machaca hasta la náusea la cuestión de las “perras”.

Una perra, en el universo de Ygdrasil, es el producto de una industria para el placer personal. Consiste en coger a una mujer, freírle la corteza cerebral, cortarle brazos y piernas para facilitar el almacenaje y usar ese torso de muñeca hinchable hasta que la diña. Mola —literariamente, no estoy tan enfermo. Aún— pero se amenaza en todas las páginas impares y en bastantes de las pares con hacerle eso a Mariana. Cuando no se la amenaza, lo recuerda ella sola —y se pone a llorar—. Llega un punto en que cansa. Una buena idea si se soba deja de serlo.



Luego está el selknam. Es una criatura que parece sacada de una portada de
Dave McKean. Tiene el aspecto de “una mujer, una carta de tarot, un campo de margaritas, un caballo árabe, una voluta de humo de su primer cigarro de marihuana”. El selknam carece de espalda, siempre se ve de frente. Aunque lo mires constantemente, parece que a cada momento lo contemplas por primera vez. Habla en forma de recuerdo, desde el futuro, desde el cielo, desde detrás de Mariana. A veces parece una imagen congelada en un televisor. Otras un gato en forma humana. Otras un insecto. Los selknam son una especie de ángeles por encima del bien y del mal, parte del sistema inmunológico del cosmos. Se sitúan en el curso de los acontecimientos y los propician. "Pisan aquí y no allá, cortan una hoja específica en un arbusto específico, curan a ese niño, dejan de respirar durante unos segundos, lideran una revolución, cortan una hebra de cabello, escriben una frase en la arena".

Después de haberme presentado a este personaje increíble, cuando yo estoy dando palmas con las orejas ante su falta de afecto, de piedad y de odio, cuando imagino —no sé por qué— a un hombre enteramente azul en la postura del loto, cambiando de forma de continuo en sobreexposición, sucede lo peor que podía suceder.

El selknam habla con Mariana sobre las perras. Es la primera vez que se nombran las perras y que se explica lo que es, y el problema está en que se explica. Ahora voy a explicarme yo.

¿Sabéis lo que es un “parlamento” o una “relación”, que vienen a ser sinónimos? Yo no; he tenido que buscarlo en los apuntes de la carrera.

Un parlamento es una convención del teatro, especialmente del Siglo de Oro, como el “aparte”, en el cual un personaje dice “os voy a contar lo que me ha pasado” y se tira luego hablando unos doscientos versos sobre lo que ha sucedido que el espectador no ha visto. Es una forma cojonuda de no tener que gastar en efectos especiales —como sacar toros a escena, plantar rampas desde el primer piso hasta el tablado que imiten montañas o poner agüita con barcos de papel encima—. Esto sirve para que el público se relaje al comienzo de la obra y se dedique a ligar con las señoritas que se aprietan en la cazuela del corral de comedias, porque ya les harán el resumen para el que se ha perdido.

Hoy en día no se puede hacer un parlamento. No es realista. Un personaje no se puede tirar hablando cinco páginas —contadas— sobre su vida. Y mucho menos cuando su interlocutor es cuasidivino y se la pela a cuatro manos lo que le haya sucedido. Cada vez que el selknam interrumpía la trágica vida de Mariana para preguntar qué era una “perra”, si su madre lo había sido, si no era “un producto de riesgo”, qué sucedió cuando la diñó, si la sustituyó, cómo se liberó de “su situación” y especialmente cuando le dice “No continúes si no quieres”, mi grito de guerra era: ¡AL SELKNAM SE LA FUMA! ¡NO LO USES PARA EXPLICAR ESTO! ¡USA AL CAPULLO DE OTRO PERSONAJE! ¡NO ME DESTROCES AL SELKNAM!

No hay más errores en la novela. Un par de erratas técnicas sobre procesadores y placas base, pero yo no soy informático sino escritor y si os las cuento os aburro. Los hallazgos son muchos. Simplemente por esta frase perdono todos los parlamentos:


Ella. Ella embarazada, con el estómago lleno de cuervos.


Pero es que como ésta hay muchas. Baradit tiene los cojones de decir que apenas lee literatura, salvo a Borges, pero que engulle subcultura sin masticarla. A otro perro con ese hueso: no me lo trago. Me parece una pose underground muy respetable, pero no se escribe bien si no se lee. Punto. Al talento en bruto hay que darle de comer y empacharlo con lecturas o se nos queda raquítico hasta el vocabulario.

En resumen: libro recomendado.

Sólo me queda una duda, just for freaks que hayan leído la novela: ¿Qué coño le hizo la Chrysler a Baradit?

Desde el faro,

Al.

Álvaro Naira © 2007

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12 comentarios · Escribe aquí tu comentario

Álvaro Naira

Álvaro Naira dijo

Pido disculpas a todos mis lectores por los GIGANTESCOS, ENORMES E INSALVABLES problemas técnicos que he tenido, entre la coctelera y la conexión, tanto para actualizar como para leer vuestros comentarios y responderos. Os contestaré cuanto antes.

15 Agosto 2007 | 07:26 PM

Darthz

Darthz dijo

Genial post, como siempre... Vi este libro por las estanterías de ese centro desconocido llamado Corte inglés; pero me estoy dando un descanso en la ciencia ficción, despues de leer dos clásicos... Aunque, a decir verdad, uno de ellos: Las estrellas mi destino, me pareció bastante sobrevalorado. Y ahora ando leyendo a Hemingway y a Cortázar, a Poe, Shakespeare, Kafka (siempre) y algunos más. Y eso, ahí, es poco.

Una sonrisa. Me alegra volver a leerte.

16 Agosto 2007 | 03:35 AM

Álvaro Naira

Álvaro Naira dijo

Yo uso la cf de corte entre libros durillos, para descansar y pasármelo bien. Hay que leer de todo. Pero créeme que Baradit se sale del cajón del fandom. Yo que tú no me lo perdería ni lo perdería de vista. Tengo por aquí los premios UPC donde hay una novelita suya, y el principio es espectacular. Yo espero de Baradit un clásico de la cf. Sé que aunque dejara de escribir ahora mismo, entraba en los imprescindibles de literatura fantástica. Así. El tiempo me dará la razón. Pero mejor que entre con una obra sin peros, que estoy segurísimo de que la hará.

Saludos.

16 Agosto 2007 | 12:26 PM

eltioantonio

eltioantonio dijo

Muy buenas referencias... Saludos

16 Agosto 2007 | 07:41 PM

Javier Menéndez

Javier Menéndez dijo

Esto... ¿es aquí donde se paga el peaje?
Muy majo el blog, a ver si hay suerte con la novela.
Ah, no, que tenía que ser negativo el asunto, ¿no?
Un birria el blog. Espero que la novela sea mejor.
¿Así vale?

Bueno, más en serio: un blog estupendo. ¿Dónde se consigue esa novela?
Por cierto que yo también tuve un profesor bueno, y un montón de gilipollas que me dieron clase.

Un saludo, te leo.

16 Agosto 2007 | 07:41 PM

Álvaro Naira

Álvaro Naira dijo

Buenas, Javier. Muy bien pagado el peaje, como tiene que ser. Bienvenido al faro.

La novela se podrá comprar más o menos en enero según mis cálculos, si las cosas van como parecen y no hay contratiempos. Por supuesto que puede haberlos y es muy posible que los haya. En posts antiguos cuento cómo se quedó la cosa con la última criba de una editorial y lo bien que pintada y lo jodidamente mal que me ha venido agosto.

Mis lectores serán oportunamente informados... Deseadme suerte. El tres de septiembre, todo el mundo a cruzar los dedos.

Saludos.

17 Agosto 2007 | 12:10 AM

Azaroa

Azaroa dijo

He leído el fragmento. Es raro xD. Hay veces que me pierdo en esas descripciones tan psicodélicas que hace, qué le voy a hacer, soy algo cortita :$.

Continúo esperando que llegue el 3 de Sept :)

Besoooos

18 Agosto 2007 | 12:25 PM

Álvaro Naira

Álvaro Naira dijo

Jejajajajaja sí, es raro de cojones (por eso me encanta). Y densísimo. Y psicodélico. Y me flipa.

Todos esperamos el 3 de septiembre...

Paciencia.

18 Agosto 2007 | 02:52 PM

Lanark

Lanark dijo

aaaagggggh

a ver dónde meto ahora mi prejuicio sobre este tipo de literatura, que solía rezar: La gente fanática de ese género se toma a sí misma demasiado en serio, y por eso no dan ganas de acercarse a ese mundillo.

Supongo que era cuestión de conocer más gente para que se me derrumbe ese prejuicio, como pasa con casi todos. Pero creo que es la primera vez que leo una reseña de algo así escrita de una manera tan amena y ligera (ligera, en el sentido de no cargar egos pesados) pero al tiempo convincente e informada. Perdón por el halago, ahí, no se nos vaya a inflar don Álvaro y a echar a perder.

Ni para qué hablar del libro, parece una de esas cosas que le vuelan los sesos a uno, en el buen sentido. Definitivamente voy a leerlo.

Mil gracias por la reseña y el texto, pasé un buen rato y me enteré de algo que de otro modo tal vez nunca hubiera conocido. Con esto quiero decir que lo hubiera despachado sin prestarle atención como otro de esos libros de fantasía épica, o algo así.

18 Agosto 2007 | 06:30 PM

Álvaro Naira

Álvaro Naira dijo

El fandom es un gueto. Y sí, se lo toman demasiado en serio. Lo primero que es la cf es entretenimiento sin pretensiones.

Salvo 1984, claro.

Un día hago un post de "slipstream" que, en profano, denomina aquellos libros del fandom que no son fandom, que se han salido del canon. Es decir, que son lo bastante buenos como para entrar a la historia de la literatura y salir de las cloacas. Y el fandom, orgulloso, los escupe, cataloga y expulsa. No son "de los suyos".

Saludos.

18 Agosto 2007 | 07:26 PM

jorge baradit

jorge baradit dijo

Oye Alvaro, no tenía idea que sacabas una novela, ésto de estar a miles de kilómetros del centro del imperio. Pues vayan mis felicitaciones y a ver si la puedo conseguir, me interesaría mucho leerla.

Sobre tu post, básicamente me alegra que no hayas sentido que YGDRASIL te hizo perder el tiempo, me alegra muchísimo que te haya dado pesadillas de calidad y vamos, que todo tiene sus peros, hasta las tetas de la Mónica Belluci ;-)

Un abrazo desde Chile!!

19 Agosto 2007 | 04:12 AM

Álvaro Naira

Álvaro Naira dijo

Jejajajajaja aunque vivieras en el kilómetro cero del centro del imperio no te habrías enterado -aunque para mí el centro del imperio es Washington xDDD-. Llevo un año pegándome contra las editoriales y recibiendo devoluciones de mi manuscrito con los pelos en el mismo sitio en el que los dejé. Vamos, que ni lo abrían. De pronto, apareció una editorial misteriosa en la que no había pensado ni por lo más remoto y las cosas empezaron a rodar. Y vino agosto, chaparon sus puertas y me dejaron en bolas y esperando.

Publicar es muy difícil. Más en España que al otro lado del charco, según me han comentado personas del mundillo editorial: más intereses enfrentados, más mafias, más saturación del mercado. Recuerdo que me recomendaron que lo mandara a Alfaguara Argentina, pero no me pareció adecuado. Mi novela es MUY madrileña. Debería salir primero aquí.

Si todo sale bien, en enero estará a la venta. Más o menos. Mis lectores están hasta la polla de esperar, porque me llevo dedicando a abrir ganas en la bitácora desde hace la tira.

Me alegro de leerte por aquí. Felicidades por Yg, que está pegando fuerte y seguirá pegando. Yo estoy deseando leer el cómic...

19 Agosto 2007 | 12:30 PM

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Autor del limes; siempre en la delgada línea entre la alta literatura y el pulp. Decidió, en medio de un delirio provocado por las drogas, que iba a ser el único escritor que contara historias fantásticas haciendo uso de todos los recursos sublimes y exquisitos de la Literatura Con Mayúsculas —habría tenido mucho más éxito al contrario, narrando gafapastadas en un estilo mediocre y bestsellario—. Cuando tomó tal camino único y propio y resolvió abrirlo a dentelladas, seguramente aún no había leído a Cortázar o, si lo hizo —otorguémosle el beneficio de la duda—, consideró que el maestro no se mojaba lo bastante, que no hundía los puños en el fango de la fantasía más salchichera y cutre para bruñirla en la cochura a fuego lento de su prosa preciosista y convertirla en una porcelana chinesca. Álvaro Naira es un fracasado por elección, lo cual es todavía más triste que ser un pelagatos a secas: escribió una novela, una editorial se la aceptó pero le ofreció un contrato leonino, así que se sintió ultrajado en su delicadísimo ego y la sacó en Lulú, donde nadie la lee, ni la compra ni nada, lo cual le satisface plenamente. Actualmente se encuentra en retiro espiritual en una cueva del Tíbet, con la única compañía de un ejemplar de las Psicomagias de Jodorowsky —al que no soporta— y ortigas como desayuno, comida y cena. Fruto de tales ejercicios ascéticos, ha parido un segundo libro, entre exclamaciones de eureka y albricias. Espera fervientemente que éste tenga tanta repercusión como el anterior; para ello, ha puesto todos los medios a su alcance y ni siquiera lo ha sacado de su disco duro. Antes mostraba su desprecio por la literatura intelectual y el realismo en un hábil juego intertextual —ya que éstos son los géneros que más le satisfacen desde siempre—, y se presentaba como tocapelotas y cínico. En realidad no era más que un niñato un pelo irónico y corrosivo: téngase en cuenta que la ironía es una de las bellas artes; el cinismo una enfermedad terminal. Hoy en día, a tenor de la experiencia que ha ganado y de lo mucho que detesta a la especie humana —desprecio que, bien entendido, comienza por uno mismo— se puede considerar, sin temor a equivocarse, un auténtico cínico. O un enfermo terminal: ustedes deciden.








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