Politeísmos Original Soundtrack © II. (Contiene detalles superficiales de trama y argumento y un montón de mentiras: sigan leyendo bajo su propia responsabilidad. Y fíense de mí, que no les voy a reventar mi novela).
Ha sucedido lo impensable: me han enlazado desde Historias, blog que se dedica a recopilar las pajas mentales varias que pululan en la coctelera, el mejor servidor de bitácoras de la red —porque estoy yo en él—. Me ha hecho mucha ilusión, he dado palmas con las orejas, me he preguntado qué extraordinario motivo les habrá llevado a enlazarme y, finalmente, he descubierto el misterio de por qué habían ascendido de manera anormal las largas visitas (de un segundo de permanencia en la página). Entráis desde ahí.
Pues bienvenidos al faro, si es que os da tiempo a leer esta línea.

¿Y a vosotros, oh lectores habituales, esto qué coño os importa?
Pues mucho. Porque al enlazarme, el individuo en cuestión ha destacado un detalle de mi novela que no carece de gracia, pero que crea un pelo de mala imagen. Cosas del marketing; aquí estoy yo para arreglarlo.
Se ha zampado toda la bitácora —gracias, qué paciencia— y ha definido Politeísmos parafraseando un post muy antiguo:
Crítica literaria, reseñas, escrituras, fricadas, siniestreces, gotiqueces, literatura fantástica y destellos sobre "Politeísmos", su novela, inspirada en Los Panchos, Britney Spears y "los temas más cañeros de Chenoa".
¡Pero Al! —diréis— ¡Tú molas! ¡Tú no escuchas a Chenoa! ¡Tú eres gótico (y de Carabanchel)!
1. No soy gótico. (Venga, gritadlo. Sé que lo estáis deseando: “Soy tan gótico que... NIEGO SER GÓTICO”).
2. No escucho a Chenoa. Tampoco a Los Panchos ni a Britney Spears. De hecho, ni siquiera estoy muy seguro de quiénes son Los Panchos...
La definición fue extraída del primer post de banda sonora, en que me reía un poco del personal antes de dar una lista de OSCURIDADES terribles, PAIN & SUFFERING vario y otras automutilaciones a la carta. Porque, como sabéis los pocos que me leáis desde el principio y hagáis los deberes, en mi novela hay góticos y la he escrito con siniestreo del bueno, siniestreo del malo y cosas que ni de lejos son siniestreo. Básicamente.
De no ser por el blog de Historias jamás se me habría ocurrido poner aquí otro post de banda sonora, que a nadie le interesa. Pero estoy hasta los cojones de leeros la mente: ¿yo qué huevos sé lo que os interesa o no?
Os recomendaría que antes de seguir leyendo os tragarais la primera parte de este post, que por algo me he matado a subir todas las canciones y actualizar los vídeos que se habían caído y seguían por ahí, pero no vais a hacerlo.
Así que os voy a explicar un poco cómo escribo yo.

Yo escribo mucho en el metro. En la ducha. Por la calle. En el parque. Sacando a mis perros a correr. Escribo con música a toda potencia en los oídos. Escribo sin ordenador, sin papel ni boli. Escribo con la cabeza.
Cuando una canción me sugiere una escena, la escucho de nuevo. Vuelvo a ponerla. Recapacito la acción completa y me la cuento. La acoplo al ritmo de la música. La pienso y repienso, la actúo, la digo, hago los diálogos y pongo las voces —cuando volváis a ver a alguien hablando y gesticulando solo por la calle, no le interrumpáis: tal vez sea yo y esté creando una obra maestra—. Oigo la canción mil veces. Mejoro el texto mental con cada repetición. Desarrollo los pequeños detalles de la escena hasta que me la sé de memoria.
Por la noche, ante el ordenador, la escribo. Normalmente, en completo silencio.
Eso es lo que yo denomino “banda sonora”. Aquellas canciones que me sugirieron historias, que para mí están tan apegadas a escenas que veo la acción y a los personajes haciendo el cabra. Como si fueran videoclips.
Y ahora, vamos a jugar a un juego. Vamos, jugaré yo: vosotros me miráis.
Voy a seguiros contando con qué música escribí Politeísmos, pero sin hacer ningún spoiler; sin que os enteréis absolutamente de nada de lo que pasa en mi novela, y sin que os aburráis: lo más difícil.

[¿A que esta imagen es una putada? Yo quiero la camiseta...]
Nos habíamos quedado con The Cure, que ponía banda sonora al final del capítulo tercero del primer arco argumental —cielos, ya habéis dejado de leer todos. Procuraré ser menos críptico—. Ahora pasamos al cuarto episodio, y llegamos a una conclusión horrenda:
El cuarto episodio del primer arco argumental lo escribí sin música.
¿Por qué? En primer lugar, porque fue una auténtica acrobacia técnica y me llevó horas y horas cada línea para generar el contrapunto que buscaba. Escribí a dos columnas y luego lo organicé. Era casi como dibujar y borrar; como realizar un cuento con la escuadra en la mano. No me podía permitir “inspirarme” y dejar volar la imaginación: quería hacer algo muy concreto y necesitaba el compás. En segundo lugar, escribí sin música porque nadie, de momento, ha hecho una versión electrónica-industrial de la Novena de Beethoven —con distinta sinfonía, claro— y la Letanía Lauretana como letra, que sería lo más oportuno para este capítulo.
Yo explico. Pero poco, para que no sepáis qué pasa. La acción va subiendo lentamente; se enlazan dos escenas distintas hasta que se mezclan con precisión milimétrica. Si conocéis la Novena con letra de Schiller en lugar de la versión de Miguel Ríos —qué puta vergüenza de vulgarización, que ha hecho imposible que oigamos el original sin prejuicios— convendréis conmigo en que lo impresionante del IV movimiento es que empieza con música a pelo y los coros se van hilvanando poco a poco hasta que se superponen a la música, hasta que anulan por completo los instrumentos, hasta que no entendemos una mierda, hasta que parecen miles de voces enredadas en un continuo de felicidad suprema, hasta que llegamos al caos extático, angélico, de la contemplación de la divinidad cristiana en el paraíso terrenal.
[Aquí tenéis sólo los coritos, el final del IV movimiento. Aunque me parece un crimen de lesa majestad no escuchar la sinfonía entera...]
Bueno, yo no soy cristiano. Ni siquiera soy monoteísta. Así que me gustaría para el episodio cuarto de mi novela una canción que cumpliera con las características de ascensión y de mezcla, pero en oscuro y atormentado, ya sabéis. Electrónica, industrial. Postpunk de guitarreo y voz de zombie para este episodio no pega. Lo de la Letanía Lauretana viene al caso porque, como mis muchos lectores del Opus Dei saben, la Lauretana es el conjunto de latinajos que se rezan al final del rosario. Lo quiero como letra porque tiene que ver con la acción. ¿Intrigados? ¿Sí?
¿Qué pasa en este maravillosísimo cuarto episodio del primer arco argumental, que tan medido y calculado y estupendamente entretejido está, prodigio estilístico, literatura pura, multitud de recursos dispuestos y orquestalmente armónicos?
Que follan.
PUM, acabáis de hacer, que os he oído. Vale. Denomino cariñosamente a este episodio Escena de Sexo Absolutamente Gratuita, ESAG en adelante. En origen la intención era despollarme un rato, como siempre, y hacer finísima crítica de los best-sellers, que tienen su escena de folleteo innecesaria para el argumento: si yo hago un texto que va a caballo entre la literatura masticatoria y la alta literatura, si camino siempre en delgadas líneas, lo hago. Con dos cojones. Así que está la ESAG como mandan las normas de escritura bestselaria... pero por cuestiones técnicas y capulladas diversas, el capítulo que sobra es una auténtica maravilla de clímax-anticlímax y, posiblemente, lo más impresionante de la novela en el sentido estilístico.
Tendréis que leerla.
Continúa el quinto episodio con una canción que a mí me parece una chufa y más simple que el mecanismo de un chupete.
Está para un trozo de acción necesaria que es una chufa también y prepara las cosas realmente interesantes que sucederán de inmediato, que consisten, básicamente, en que las tres niñas góticas que coprotagonizan la novela se agarran unas bicicletas y se ponen a recorrer Madrid al ritmo de Verano Azul.

En sus viajes en bici ven cosas asombrosas que no os voy a relatar (algunos de mis viciosos lectores han reconocido la imagen y saben muy bien de lo que estoy hablando. Y SE LO CALLARÁN para no reventárselo a los demás).
La niña gótica 1, que responde al nombre de Rebeca —aunque es como los gatos, que nunca acuden a la llamada— luce un atrevido conjunto de cyberpunk torturada y está, directamente, basada en el videoclip con el que escribí sus hazañas madrileñas —qué pasa, ¿no es postmoderno verse influido por un videoclip?—. Descubre a Su Gato Interior y se lo folla con música de Android Lust. Más o menos. Es decir, que no. Que no es eso lo que pasa.
La niña gótica 2, Mónica a todos los efectos, Mon para los colegas —adviértase el pretencioso intertexto entre el nombre de la protagonista y una obra de gran calado entre la intelectualidad como es la de SM serie blanca—, viste como una Puta de Satán, aparca la bici y acaba rebozándose en el césped del parque del Oeste, junto al templo de Debod. Abre las alas —porque su dios interior es un cuervo, tan gótico él— y sale volando. Y de nuevo os he mentido: no vuela; es falso. Se la quieren comer unos pinos. Y os he vuelto a mentir; son tilos. Esto... mejor pasamos a la siguiente canción, no sin antes escuchar la música y hacer unas precisiones:
[Por si se cae el vídeo, que hasta los huevos de youtube estoy, lo pongo también con goear, del que estoy igualmente hasta los huevos:]
Esta canción es la polla. PERO no es de Aphex Twin; no sé por qué cojones existe la leyenda urbana en la red de que Aphex tiene una canción de violines que se llama Outside Kick Ass Violin Solo. NO. Es una canción del grupo Outside, álbum The Rough & Smooth, llamada To Forgive But Not Forget (Lim'chol V'lo Lishkoach). Acompaña a Mon durante todo su periplo y si supierais qué es lo que le pasa a mi personaje, disfrutaríais de la música mucho más. A mí nada me haría más feliz que dibujar de puta madre: me encantaría hacer en animación toda esta escena. Porque se presta a ello. En plan surrealista.

Verónica, la niña gótica 3, es una Princesa de las Tinieblas, una nínfula y una lolita. Y una zorra, por dentro y por fuera —lectores míos, ¿todavía hay alguien en la sala que no sabe que Politeísmos trata de divinidades animales y totemismo urbano?—. Verónica es tan zorra que hasta tiene dos canciones para ella solita en este episodio: siempre chupando cámara.
Escribí con Happy pill, mientras está a punto de atropellarla una nave espacial madrileña —¿qué? Pues eso— y con Blood, de Editors, cuando se encuentra con nuestro Hijo de Puta Favorito, verdadero y único protagonista de la novela —Álex, el lobo feroz, botas New Rock, huevos cuadrados, mala hostia incalificable, todos lo amaréis y lo odiaréis a partes iguales—. En la casa del lobo asistimos a una entrañable transformación de licantropía de las que todos sabemos que a mí me gustan. (Claro que no pasa eso; no jodáis.)
Para que dejéis de sufrir por no saber lo que sucede, os pego la última palabra del diálogo del capítulo sexto del primer arco. Es la siguiente:
—Interesante...
Ahora que he calmado vuestra insana curiosidad de saber qué pasa en mi novela, seguimos con músicas. Me salto algunas y os pego mi canción favorita para escribir paja y no quedarme frito:
Ideal para cuando los personajes y el que firma tienen que caminar por Madrid. Vas al ritmo y dando codazos al personal y sintiéndote el puto amo.
En el capítulo VIII (caramba, ¿cómo hemos llegado tan rápido?) están en un garito, y las músicas son las propias de un garito, y de lo más típicas.
Comenzamos con el Manson, muy oportuno para que al personaje de Álex le apetezca merendarse al pincha sin necesidad de echarle ketchup, y seguimos con Bauhaus, para que otro personaje de fuera de la escena siniestra pueda dar su Sincera Opinión de lo que opina de esa música. Naturalmente, en la novela no se informa de estas cosas. Estáis disfrutando, queridos lectores, de la Edición Extendida de Politeísmos comentada por el autor. ¿A que os sentís especiales? Sabréis más cosas de mi novela que aquellos que la agarren en la tienda. Eso, si me seguís leyendo, que a estas alturas lo dudo.
[Esta canción es un clásico. Y no, no tiene nada que ver con la acción; los vampiros a mí me dan alergia. Escribí con ella porque me gusta; es jodidamente irónica, no se toma en serio a sí misma ni por un momento: “Bela Lugosi is dead... undead, undead”. ¿Esto es gótico y atormentado? Venga ya, es un puto cachondeo. (Por eso me encanta). Se trata, por supuesto, del directo que aparecía en la peli de vampiros de David Bowie.]
Más adelante hay un desencuentro amoroso un tanto desagradable y escribí con una canción que no me gusta, pero la letra venía que ni hecha a propósito. Es lenta y desesperanzadora —traducción libre: aburrida—, y ése era el tono de la escena, que, salvo porque uno de los personajes lleva una camiseta interior rosa de gatitos, es bastante dura y triste.
Ahora sí que me vais a matar, porque el comienzo del episodio IX —y ya estamos en el noveno, hay que ver lo que corremos— lo hice con... la banda sonora de Jóvenes y brujas.
No sabéis lo que me reí escribiendo. Mis lectores de menos de catorce años chillarán que no estoy informado y que en realidad esta canción pertenece al opening de una serie infumable. Pues también, es una desgracia con la que hay que seguir viviendo.
En realidad esta canción es una versión de un tema bastante interesante de The Smiths que trata de homosexualidad con algo de azúcar pero también con algo de sinceridad, como bien dice la letra:
You shut your mouth
How can you say
I go about things the wrong way?
I am human and I need to be loved
Just like everybody else does
De ahí a abrir una serie de brujas para espectadores oligofrénicos —sí, estuve enganchado unos cuantos episodios, hasta que tanta gilipollez me reinició el cerebro— hay un cacho. Lo que viajan los temas, ¿eh?
Para darle una bofetada a tal cantidad de tonterías, las tres niñas góticas —tienen de media diecisiete años, pero son unas niñatas y pienso llamarlas así siempre— apagan la película que estaban viendo, se dejan de chorradas y pasan a hacer una aún más gorda. Nosotros, como buenos lectores, nos ponemos a escuchar a Diamanda Galás. Ipso facto, nos cagamos encima. Luego, seguimos leyendo.
Aprovechad para ir al baño. Yo seguiré torturándoos con cosas que no os interesan...
Mañana.
Desde el faro,
Al.
Álvaro Naira © 2007












Rara Avis dijo
Joder Al, y esos temazos que ibas a poner de Chenoa y Britney Spears, esos que seguro usaste en la escenas de novela rosa en el que los protagonistas se miran a los ojos, les brillan como en un manga Shōjo mientras se agarran de las manos y son rodeados de estrellitas, y en su version animé la camara rota en torno a ellos mientras una bandada de palomas alza el vuelo.
23 Junio 2007 | 01:34 PM