La Coctelera


15 Junio 2007

La coctelera de libros II. (Crítica literaria VII.) (Para qué numeraré los posts I.)

Intrépidos lectores, prometí continuar reseñando mis lecturas a velocidad absurda y así lo hago. En el post anterior pudisteis observar que últimamente he leído nueve novelas, de las cuales no salvo ni una porque soy peor que el pitufo gruñón y sólo me gusta la mía: Politeísmos, que es (todos a coro):

“Una novela de fantasía realista, urbana, sucia y contundente, con una mitología elaborada de tipo totémico, que le da una vuelta de tuerca al tópico de los licántropos”.

¿Cuántas veces lo he repetido? ¿Hay alguien por aquí que no se lo sepa de memoria? Vale, he efectuado cambios mínimos que no afectan al espíritu de mi obra: oscilo entre “mitología elaborada de tipo pagano”, “mitología elaborada de tipo chamánico” y “mitología elaborada de tipo totémico”. Las tres son una gilipollez y las tres son mentira. Porque ni hay una mitología, ni es pagana ni chamánica ni totémica. No al menos como os lo estáis imaginando. Los personajes llevan animales dentro, sí, y el protagonista cree que es un lobo. No cree que le proteja uno; cree que lo es. No estamos ante un indio sioux que persiga búfalos de las praderas para estar en consonancia con su dios, sino ante un siniestro de veintiséis años que fuma como una chimenea y traduce juegos de consola en el Madrid del año 2000. Para más datos... conseguidme un editor. Porque os juro que funciona, aunque de entrada os explote la cabeza y digáis: “vaya puta macedonia que ha escrito este chaval”. Pues no. Un tío que va vestido como Neo nos habla de la religión más primitiva que existe sobre la faz de la tierra... y nos lo creemos.

Así que sólo necesito un editor que la abra y se la lea. Que la publique queda de mi mano: mi texto se defiende solo. Lo cierto es que —aunque os parezca increíble—, me han devuelto los manuscritos sin abrirlos; lo sé porque pongo pelos entre las páginas y ahí siguen. A la próxima editorial le mandaré un original con un TONTO EL QUE LO LEA en la página cien. A ver qué pasa.

A lo que íbamos, que sé que estáis ansiosos por saber qué mierdas leo —cotillas. Y no leo mierda. Bueno, sí, también lo hago— y por conocer mis críticas:

Cuento:


Llamadas telefónicas, de Roberto Bolaño. Divididos en tres partes; la primera, humor sólo para escritores. Los cuentos de las otras dos no me gustan. No recomiendo este libro, y no porque sea una bazofia —Bolaño escribe bien— sino porque no me llega. Igual que entra, sale.

Cuentos del libro de la noche, de José María Merino. Merino me gusta. Por eso estos cuentecillos mínimos, casi adivinanzas, emblemas con su respuesta que debe sacar el lector y hasta con dibujito al pie, dejan un mal sabor de boca. Son poca cosa, notas al margen y en servilletas, y se nota. Hay piezas interesantes, pero en general, es prescindible dentro de su obra.

Cuentos malvados, de Espido Freire. Otra que tal baila. Microrrelatos; lo siento. No digo que sean malos, digo que no me entra la literatura minúscula que se traga mientras calientas la cena en el microondas. Eso sólo se lo consiento a Gómez de la Serna. Leer para nada... mejor que me cuenten chistes (como Gómez de la Serna).

Antología de los mejores relatos fantásticos de habla hispana. Esto es otra cosa. Se trata de una antología juvenil y tiene unos cuantos de los grandes y otros cuantos que yo no conocía, elegidos para que los chavales puedan tragarlos. Y empiezan con Benet —tócate los huevos, así, facilón—. El relato de "Catálisis" es uno de éstos de fantasía a lo Todorov con el manual en la mano, y me dejó bastante frío. El estilo de Benet ya se sabe: moroso, muy cuidado, demasiado cuidado para lo poco que cuenta. Luego, Borges, "El brujo postergado", excelentísima versión —como siempre— del relato popular del Rodaballo (leed a Günter Grass). Para los que no sepan de qué hablo, es el cuento de toda la vida del pez que concede un deseo tras otro, y cuando el deseo se vuelve desmesurado, el pedigüeño regresa a su situación primera de pobreza. Pues aquí lo mismo, pero sin peces. Es una reelaboración de El conde Lucanor, claro. Borges siempre leído, tarimesco e inaguantable. Se le perdona, porque es Borges.
Y de pronto... La Continuidad de los parques. Joder. Cortázar, de nuevo. Nada produce tanto gusto como releer este cuento —del que acabas hasta la polla en la carrera— al cabo de unos años. Orgasmo de golpe, en especial cuando cambia el tiempo del verbo. Pura técnica impecable. Ante los grandes, todos al suelo.
El relato de Cristina Fernández Cubas, desconocida para mí hasta el momento, no está mal. Juvenil. Bien hecho. "Chac Mool" de Carlos Fuentes cuenta la historia de un idolillo que toma vida a lo Lovecraft. No me gusta la estructura de carta a cachos, y le faltan unos cuantos adjetivos del tipo “obsceno”, “licuescente”, “imposible” y “giboso”. Sí, claro que bromeo. El final, de voltereta.
"La luz es como el agua", de Gabriel García Márquez... Niños que navegan en la luz, que rompen las bombillas para que se derrame e inunde el cuarto y cortan la corriente cuando está llena la habitación; que flotan en la luz con su bote de remos. Fantasía en estado puro, lírica impresionante, imágenes de las que se quedan en la retina. Precioso.
Javier Marías: "No más amores". Vale, Marías no es santo de mi devoción porque más que escribir en castellano parece que traduce del inglés, pero éste es un cuento perfecto y lo recomiendo. Fantasmas y vejez. Si tenéis el día tonto, os puede saltar una lagrimita, y eso que es un texto irónico.
Ana María Matute, "El árbol de oro": yo hubiera escogido otro. Matute escribe como los ángeles, pero desluce después de García Márquez.
Jose María Merino, "La prima Rosa". Aquí, aquí hay un buen Merino. Una variación de la corza de Bécquer. Más dura, menos encantadora que el original. Prefiero a Constanza —toda risas, pie pequeño, moral implacable de hada— que a la prima Rosa, que estaría muy buena rellena de jamón y al horno. El relato peca de predecible si conoces la corza.
Juan José Millás, "Ella acaba con ella": una Casa tomada al revés. Si Cortázar es grande, Millás es mediocre. Se deja leer. Le sobran las dos últimas frases y el melodrama.
Cierra la antología Juan Rulfo, "Luvina". Ante Rulfo, no se habla. Se inclina uno.

No ficción muy ficcional:


El último lector, de Ricardo Piglia. Un montón de pedanterías de lectores que leen en obras de escritores que escriben —admirable—. Lo mejor, lo que dice de Kafka. Introduce el ensayo un cuento borgiano de Piglia con el que nos demuestra que Borges es como la madre —no hay más que una—, y que la ley de oro para no ser mediocre (“Nunca seguir los pasos de un gran hombre”) no puede ser más cierta.




Introducción a la literatura fantástica, de Todorov. Leedla. Imprescindible. Un libro al que siempre se regresa.

Continuidad de lo fantástico: por una teoría de la literatura insólita, de Ana González Salvador. Fusile de otros autores; para imitarla, yo le robé la comparación entre Magritte y Escher, que podéis ver aquí.

Actas del II Congreso de la Literatura Fantástica. Una monada de libro. Enorme, violeta y editado por el Museo Romántico. Un montón de artículos, entre ellos uno de la ilustre Pedraza. El de Ferreras, un coñazo muy interesante sobre definiciones semiocríticas del género. No, yo tampoco sé muy bien lo que es, y soy filólogo. Nos indica que Maupaussant padecía de autoscopia, y como yo no lo sabía, me he flipado. Es un síndrome cojonudo, que me gustaría añadir a mi colección de cromos Panini de trastornos: consiste en verse a uno mismo, y no sólo delante del espejo, lo cual asusta ya lo suyo. Esto explicaría tal obsesión de Maupaussant con el tema del doppelgänger, pero no hacía falta. Psiquiatría y literatura: ¿hay que estar colgado para escribir una buena obra? Yo lo estoy, vaya, así que no salgo perjudicado, pero...

Teorías de lo fantástico, recopiladas por David Roas. El mejor libro que he pillado del tema después de Todorov. Con refritos pero también freiduras recientes, sin recalentar. Creo que me lo compraré; hay demasiadas cosas que citan aquí que no he leído como para apuntármelas todas...

Tesis doctoral de vampiros. Luego os digo el título. Si tuviera el estilo de una tesis lo agradecería. Pero NOOO intenta ser literaria. Comienza de este mayestático modo:

VAMPIRO

El vocablo en sí, parco en aguzada tersura que escalofría el alma, mecido en su musicalidad viscosa a la vez que liberado en vaharada fugaz, invernal, penetrante, ambarino y mullido al tacto imaginado, guarece toda una amalgama de pesadilla y pavor, una textura mesmérica que otorga cuna y seda mórbida al seno de los terciopelos más sombríos.

Puaj. Y así, seiscientas páginas. Cuánta goticidad. Perdonadme, pero que hoy en día alguien tenga los cojones de escribir como si se hubiera escapado de un posromanticismo ramplón sin quitarse las puñetas de encaje, y encima una tesis doctoral, me repugna. Lo más útil, la bibliografía. Impecable y larguísima. Yo, que no tengo ni puta idea, considero que son todos los que están, y están todos los que son.

El título de la tesis que firma Julio Ángel Olivares Merino es, atención: Cenizas del plenilunio alado: pálpitos y vestigios del vampiro en la literatura inglesa anterior a "Drácula" de Bram Stoker: tradición literaria y folclórica. ¿Veis como merecía la pena que lo dijera al final?

Miscelánea:

Lais de María de Francia. Edición bilingüe de Luis Alberto de Cuenca, muy oportuno para el 99% de la población que domina el anglonormando. Una gozada de relatos populares mezclados con aire artúrico y alabanza de corte. Un cachondeo con las sábanas de la cama que valen un palacio, con las tías que son más putas que las gallinas y las ordalías en que se demuestra si alguien es fiel o no porque un lobo le arranca la nariz. Todo el mundo folla como campeones, se dan tropecientos besos y se hacen mil gustosas caricias; altamente recomendable para los que crean que en la Edad Media estaban reprimidos. Me cabrea que editor decidiera suprimir dos lais por puro “gusto estético”. Vale, como a él le parecen malos, no permite al lector que juzgue solito.

Baladro de Merlín (Guía de lectura) del Centro de Estudios Cervantinos. Me lo agarré creyendo que era el propio baladro —hay que ver con qué atención miro los libros antes de tragarlos—, porque me encantan Merlín y la palabra “baladro”, que es un grito espantoso según el diccionario, y se aplica por lo general al que soltó nuestro Gandalf medieval cuando le engañó la jovencita —Morgaine, Morgana, Niniana o Viviana— y lo sepultó en el averno o en un árbol o en donde quiera que lo hiciera tras despojarle de sus poderes, que hay versiones para todos los gustos. Este libro es el argumento masticadito del propio Baladro, manuscrito burgalés de 1498, una de las miles de versiones de literatura artúrica que pululaban por Europa, traducción de uno francés. Yo, que considero la peli de Excalibur mi vulgata artúrica y la Verdad Verdadera, me enfado porque en este libro Morgana no es la madre de Modred, sino una tal Elena que carece por completo de carisma y de artes mágicas.

Mirad que me gusta Excalibur, joder. Aunque Morgana sea rubia y Mordred lleve una armadura que lo convierte en Cupido. En esa peli yo descubrí el O Fortuna de los Carmina Burana. Que “cármina” debe llevar artículo plural porque es cánticos en latín y que la palabra es esdrújula lo averigüé mucho después; por eso ahora muestro mi pedantería y os lo cuento.

La ascensión del gran mal, de David B.

Se ve de pena; no se puede leer. Mejor. Compradlo. La ascensión del gran mal es uno de los mejores cómics que he leído en mi puta vida. A la altura de From Hell, de Maus, de Cages, y posiblemente por encima. No debería faltar en ninguna tebeoteca. Durísimo, morboso, tétrico, con un tono surrealista y muy sincero. Es un texto crudo y caliente todavía; recién cazado. Trata sobre la epilepsia del hermano del autor, sobre el monstruo que lo devora y lo destruye y la búsqueda de una cura pasando por todas las ramas de Nueva Era con un humor negro espantoso. Comida macrobiótica, masajes, meditación, espiritismo, comunas, ciencia, operaciones, pastillas. La ruina y desaparición de un ser humano por una enfermedad en la que se deja caer para evitar tomar las riendas de su propia vida. El horror en estado puro. Tremendo. Son seis tomos y el primero es francamente flojo; si os atrevéis con esta obra, no apta para todos los estómagos, pillad todos de golpe y empezad a sentir a partir del segundo volumen esa maldita incomodidad en la tripa que producen los autores realmente buenos. Disfrutad de la literatura incómoda. De la que te quita cosas. (Y SÍ, EN UN TEBEO. ¿Algún problema?).

Bueno. Pues ya me he librado de unos cuantos. Como podéis observar, leo sin ningún criterio, lo que me da la real gana y a mucha honra.

Con esto y un bizcocho... hasta que me apetezca volver a actualizar.

Desde el faro,

Al.

Álvaro Naira © 2007

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eltioantonio

eltioantonio dijo

Una extraña y selecta selección -valga la redundancia- pero es la única forma de explorar nuevos mundos literarios e impregnarse de ellos. En estos momentos leo de Arto Paasilinna "Delicioso Suicidio en Grupo" y por la mitad y por continuar como cada día: "Viaje al Fin de la Noche· un clásico a no dejar de Louis Ferdinand Celine.

Un saludo señor escritor

15 Junio 2007 | 09:44 PM

The Watcher

The Watcher dijo

Joder, por si ya no daba abasto con las toneladas de recomendaciones que recibo cada vez que nos vemos, ahora también en el blog XDD. Bueno, ya sé que es "coctelera de lecturas" y no "coctelera de recomendaciones", pero yo he sacado alguna cosita que quiero leer. Te debo dos collejas: una por no alabar a Borges como es debido, y otra por encontrar una tesis doctoral con semejante título, ¡y leerla!¡Y encima no desvelar el nombre del friki que aceptó dirigirla!

Ah, y La ascensión del Gran Mal, efectivamente, es una puta obra maestra, que me permito recomendar yo también. Es una de esas obras que quita de golpe cualquier posible prejuicio hacia el cómic como medio para contar historias. Y sí, el primero es el más flojo, y aún así, está muy por encima de la media de calidad que se encuentra actualmente en el cómic.

Un saludo.

15 Junio 2007 | 11:39 PM

Álvaro Naira

Álvaro Naira dijo

Al tío Antonio: Bienvenido al faro. Veo que has entrado en el blog y pisando fuerte: ¡tres comentarios! Gracias por pasarte por aquí. En del suicidio en grupo tiene pinta graciosa y es de Anagrama, que te garantiza un nivel literario mínimo y una buena dosis de pedantería: va a La Pila Mental de Libros por Leer cuando Lea Todo lo que Debo Leer Antes. En cambio, lo de Céline me ha subido los colores. Que no, que no lo he leído. Si es que soy analfabeto, joder. Le pondré remedio un siglo de estos...

A The Watcher: pues me has dado la idea mágica de hacer una coctelera de recomendaciones... Pero ahí si que hago un post de tres kilómetros.
Para averiguar el director de la tesis gótica, nada más fácil que acudir al catálogo Teseo. El director es Jesús Nieto García, pero la tesis no se presentó con este título tan rimbombante ante el tribunal, según Teseo. Información sobre el vampiro, a patadas. El tipo se lo curró. El estilo... pues ya está visto. Yo luchaba con cada página para extraer el grano de la paja. Así me escribo yo también dos docenas de tesis.
Y El Gran Mal es impresionante. Le tendría que haber dedicado un post entero. De hecho, tendría que poner una pistola en la boca de todos y cada uno de mis lectores para que se lo compraran.

Saludos.

15 Junio 2007 | 11:59 PM

eltioantonio

eltioantonio dijo

Pues, mi buen amigo, es un libro perfecto, tanto que me abochorna tanta perfección, con razón gano el premio en París en 1932, se trataba de un reconocimiento, sin premio que entregan aún en un pequeño café de esta ciudad los mejores escritores. Creo que tiene mucho merito.

Un abrazo y es un placer comentar en este blog, un saludo

16 Junio 2007 | 01:01 AM

Darthz

Darthz dijo

Me gustan estos posts, sigue con ellos; y quien sabe si algún día me apunte alguna recomendación. Me habría apuntado algo de lo que has dicho -y quizá, en mi memoria selectiva y subconsciente, ya lo haya hecho-, pero son tantas las cosas y los proyectos que aún tengo en mente y lecturas a la espera de ser devoradas que he de dejarlo para otra ocasión. Actualmente, después de acabar con la magna obra Soy leyenda, me meto a leer Las estrellas mi destino; y a continuar algunos relatos y la novela que andaba escribiendo, después de esta frenética semana, ya más relajado. Respecto a los comics yo ya casi he acabado de leer a Gaiman, la serie fina de los 11 tomos de Sandman, y ahora me he hecho con Blankets. From Hell es una de las que me recomendaron en una lista grande de autores como Allan Moore, Gaiman, y otros conocidos; ¿tan recomendable es? ¿Alguna más referente al comic? Estoy empezando en ese mundo.

Una sonrisa.

16 Junio 2007 | 02:42 AM

Álvaro Naira

Álvaro Naira dijo

Salud, Darthz. Esto no son recomendaciones, sólo son mis últimas lecturas. De todas ellas, sólo recomendaría a Borges, Cortázar, García Márquez y Rulfo -qué original soy-, aunque no necesariamente la Antología de cuentos fantásticos de habla hispana de Alfaguara, sino toda su obra en general.
Y también recomiendo La Ascensión del Gran Mal, de David B. Si quieres leer buenos cómics, no te lo pierdas bajo ningún concepto.
From hell es mejor que Sandman en mi opinión. No digo que me guste más, digo que es mejor. Más coherente. Sandman es una serie y empezó de culo. From hell es una historia cerrada pensada desde el principio. Es un imprescindible de la historia del tebeo.
Y aquí lo dejamos. Tal vez haga un post de Joyas de mi Tebeoteca.
Sólo una cosa: PILLA LA ASCENSIÓN DEL GRAN MAL. No te arrepentirás. Y From Hell, claro.

16 Junio 2007 | 02:58 PM

Stavrogin

Stavrogin dijo

Qué tal, Álvaro. En realidad no tengo gran cosa que añadir a tu post. Me ha gustado mucho, como siempre. He tenido la impresión de que he aprendido algo y, sobre todo, me has animado a leer algo de narrativa, que la tengo un poco olvidada en esta fase un poco filosófica-sociológica en la que me he metido.

Poco puedo añadir a lo que has escrito, insisto. Estos post son más interesantes para leerlos que para comentarlos. Invitan a leer, más que a debatir.

Pero, como bloguero que soy, también entiendo que los comentarios son algo así como el alimento que nutre los blogs. Sin lectores, tal vez no habría escritores. Sin comentaristas, tal vez no habría blogueros.

Coincido contigo en que el librito de Todorov es imprescindible. Hay un detalle de Todorov que me gusta: tras pasar por la posmodernidad y el posestructuralismo, seducido hasta la médula por toda la verborrea filosófico-académica (deconstructivista) que rodeaba los estudios crítico-literarios en el circo parisino de los setenta, Todorov explotó y se convirtió a la más denostada de todas las religiones: el humanismo. Frente a las vanguardias, frente a las modas, frente a la deconstrucción de Derrida, frente a las tendencias posmaterialistas, frente a las pedanteorías de todo tipo, Todorov empezó a releer a Rousseau y Voltaire y se volcó en el estudio del "jardín imperfecto". Y ahora publica humanismo. O, lo que es lo mismo, escribe todo aquello que ningún esnob con pretensiones de lúcido desenmascarador se atreve a escribir. Se rebela contra la academia y publica todo aquello que el "semidiós" Foucault ordenó enterrar al proclamar "la muerte del hombre" en "Las palabras y las cosas" (1968, creo).

Quizás por eso sintonizas tanto con Todorov. Como él, mantienes una interesante lucha frente a la banalidad del realismo y contra la charlatanería pretenciosa de la posmodernidad académica. Frente a la ciega estrechez de los sistemas y las metodologías, te nutres del dolor de la calle. Frente a la superficialidad del sentido común, propones la necesidad de lo impredecible, lo grotesco, lo marginal, lo no-obvio en un mundo cada vez más objetivado, automatizado, programado y estandarizado.

Bolaño escribía bien, pero no me interesa casi nada de lo que cuenta. Javier Marías es un imbécil, sin más. Se morirá sin haber utilizado una expresión callejera: maldita rata de biblioteca o, peor aún, de despacho de papá. Un cerdo. Como De Prada, pero con máscara progre. Dos veces cabrón, pues.

Suerte.

18 Junio 2007 | 02:46 PM

Álvaro Naira

Álvaro Naira dijo

Me alegro de leerte, Stav. A ver cuándo actualizamos...

"Javier Marías es un imbécil, sin más. Se morirá sin haber utilizado una expresión callejera: maldita rata de biblioteca o, peor aún, de despacho de papá. Un cerdo. Como De Prada, pero con máscara progre. Dos veces cabrón, pues."

Me parto xDD Qué mala leche tienes. (Como tiene que ser.)

Lo que me aterra es tanta flor dedicada a mi humilde personita. Que si contra el realismo y postmodernismo (sí, lo estoy), que si me nutro del dolor de la calle... Pues no sé. No lo creo. No tengo tantas pretensiones. En realidad tengo las pretensiones justas: cuando la noria sube, ser el libro que cambie la vida a cada lector. Cuando baja, entretenerlo. Y posiblemente por ahí ande la cosa.

Es un libro de fantasía. Es lo que es. No sólo, vale. Pero es fantasía.

Quiero decir con tanta vuelta y revuelta que no has leído mi novela. Lo mismo cuando la leas te parece una mierda con vistas al mar (expresión de Wildkatze, todos los derechos reservados), excesivamente juvenil o intrascendente. Yo creo que no lo es.

Pero seréis vosotros los que tendréis que juzgarla.

Un saludo.

19 Junio 2007 | 06:49 PM

Álvaro Naira

Álvaro Naira dijo

Me apostillo porque he visto que se me caía la noria de golpe, y hay que matizar.

NO TIENE NADA DE MALO HACER UN LIBRO DE FANTASÍA DE ENTRETENIMIENTO. Ya dije que no iba a volver a sentirme avergonzado de escribir algo BUENO, que puede GUSTAR. Pues hale, a cumplir mi palabra. Que me siento muy orgulloso (la frase continuaría con "de ser americano", pero no es el caso). Mi novela es la polla, me encanta y la fotocopiaría y os la pondría en los limpiaparabrisas. Como tiene 312 páginas en formato folio os destrozaría el cachirimbolo del coche, pero eso no viene al caso...

Me muero de ganas de recibir el próximo NO, que se está haciendo esperar...

19 Junio 2007 | 06:53 PM

Stavrogin

Stavrogin dijo

Ja, ja, ja... Sí, igual me pasé un poco tratando de etiquetarte sin haber leído aún tu primera novela. Creo que lo del "dolor de la calle" lo saqué por aquello de que en tu novela -según nos has dicho, claro- hay fantasía pero también jóvenes que trabajan en el McDonald´s de Montera. Quise creer que me podría identificar con la historia, ya que durante seis años fui camararo en un bonito restaurante de la calle de la Ballesta. Los sábados, al salir de ahí, solía ir al Dark Hole a tomarme unas copitas con mi ex.

Matizado, pues. Y sí, de mala hostia voy sobrado.

Saludos

5 Julio 2007 | 04:14 PM

Álvaro Naira

Álvaro Naira dijo

La verdad, Stav, es que no sé ni siquiera si te gustaría mi novela. Lo mismo te flipa; lo mismo no. He leído muchos de tus textos y sería un honor que te flipara Politeísmos. ¿La pillas y no te gusta? Mala suerte. Seguramente te dará mil patadas el personaje protagonista y su puta actitud, como me las da a mí, que le daría dos hostias por ir de superhéroe si me lo encontrara por la calle -mentira, él me las daría a mí-, pero lo mismo acabas admirándolo tanto como lo admiro yo, que creo que debería existir mucha más gente como él, muchísima más, y mejor nos irían las cosas. Y puede que el capítulo VIII del segundo arco argumental te afecte. Con que lo haga la mitad de lo que me afectó a mí -era como una lucha entre dos partes de mi vida- me doy por satisfecho.

Un personaje curra en el VIPS de Plaza de España. Lo del McDonalds de Montera venía al caso para ilustrar lo pedestres que son algunos cachos de mi novela, porque comen dos ahí, fascinante trozo, sin duda. Es un anticlímax, claro, que buena falta hacen para que subamos y bajemos en la montaña rusa. Técnicas.

5 Julio 2007 | 04:43 PM

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Autor del limes; siempre en la delgada línea entre la alta literatura y el pulp. Decidió, en medio de un delirio provocado por las drogas, que iba a ser el único escritor que contara historias fantásticas haciendo uso de todos los recursos sublimes y exquisitos de la Literatura Con Mayúsculas —habría tenido mucho más éxito al contrario, narrando gafapastadas en un estilo mediocre y bestsellario—. Cuando tomó tal camino único y propio y resolvió abrirlo a dentelladas, seguramente aún no había leído a Cortázar o, si lo hizo —otorguémosle el beneficio de la duda—, consideró que el maestro no se mojaba lo bastante, que no hundía los puños en el fango de la fantasía más salchichera y cutre para bruñirla en la cochura a fuego lento de su prosa preciosista y convertirla en una porcelana chinesca. Álvaro Naira es un fracasado por elección, lo cual es todavía más triste que ser un pelagatos a secas: escribió una novela, una editorial se la aceptó pero le ofreció un contrato leonino, así que se sintió ultrajado en su delicadísimo ego y la sacó en Lulú, donde nadie la lee, ni la compra ni nada, lo cual le satisface plenamente. Actualmente se encuentra en retiro espiritual en una cueva del Tíbet, con la única compañía de un ejemplar de las Psicomagias de Jodorowsky —al que no soporta— y ortigas como desayuno, comida y cena. Fruto de tales ejercicios ascéticos, ha parido un segundo libro, entre exclamaciones de eureka y albricias. Espera fervientemente que éste tenga tanta repercusión como el anterior; para ello, ha puesto todos los medios a su alcance y ni siquiera lo ha autoeditado ni sacado de su disco duro para que haga la ronda entre los amiguetes. Antes mostraba su desprecio por la literatura intelectual y el realismo en un hábil juego intertextual —ya que éstos son los géneros que más le satisfacen desde siempre—, y se presentaba como tocapelotas y cínico. En realidad no era más que un niñato un pelo irónico y corrosivo: téngase en cuenta que la ironía es una de las bellas artes; el cinismo una enfermedad terminal. Hoy en día, a tenor de la experiencia que ha ganado y de lo mucho que detesta a la especie humana —desprecio que, bien entendido, comienza por uno mismo— se puede considerar, sin temor a equivocarse, un auténtico cínico. O un enfermo terminal: ustedes deciden.








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