La Coctelera


24 Mayo 2007

Mentar la bicha (El monstruo que hay debajo de la cama I).

Debajo de toda cama de escritor yace, no muerto sino durmiendo, un Monstruo Indeciblemente Feo. Cuando acabas una novela, debes ejecutar el ritual establecido: la imprimes, le pones la espiral, caminas hasta el altar, te persignas, te arrodillas, aprietas con tu frente la tarima y se la entregas, sin osar contemplar nunca ni las pelusas que nimban a tu demonio particular. Tu libro se queda ahí, en su reino: entre los maletones de plástico atiborrados de tebeos, de folios sucios y de carpetas. La novela es una ofrenda para que el Monstruo se alimente y te deje en paz, porque requiere sacrificios para estar contento. La devora poco a poco; a veces tarda más y a veces menos. El Monstruo es horrendo y le tienes miedo. Puede ser negro, gris, verde, irisado, fucsia, licuescente, con tentáculos, sin ellos, gomoso, peludo como un conejito, mínimo, descomunal, inmenso; según el día. Cambia de forma, como Proteo.

¿Qué? ¿Alguien no pilló la elevadísima referencia supracultural? Pues busquemos una expresión equivalente en el panteón contemporáneo.

Cambia de forma, como Mortadelo.

Los lunes y miércoles el Monstruo roe con complacencia tu texto; lo desgusta y paladea, arranca cada fibra de pulpa de papel, araña letra por letra y babea burbujas de saliva que corren la tinta: es de su agrado. Los martes y jueves lo destroza con los dientes, tritura adverbios y preposiciones al tiempo que ruge como un diablo de Tasmania. De cuando en cuanto, regurgita la papilla de un párrafo. Saca la lengua y vuelve a tragarla. Los viernes lame verbos y sustantivos y ronronea. Los sábados chilla igual que una lechuza y sacude la cola de escorpiones; hace pedazos diálogos y te descuartiza si te encuentras cerca. Los domingos llora como un niño que se ha perdido en un centro comercial y se abraza al ladrillo de hojas trizadas y se consuela.

Por cierto, el nombre del Monstruo es Tiempo.

Los libros tienen que reposar. Es así. El problema es cuando el Monstruo vomita tu obra. Después de unos meses, de un año, incluso dos. Normalmente, ha quedado irreconocible. No se parece en nada a lo que querías. Ese aborto no es tu hijo. Avergonzado, lo devuelves a las profundidades del abismo.

Y tu libro se queda debajo de la cama.

Eso es lo habitual.

Ya dije que con Politeísmos no me ha pasado eso. Hice justo lo que deseaba, como si estuviera completa en mi cabeza y sólo tuviera que irle quitando la mierda bruñendo sustantivos y recortando adverbios. “Cojonudo, Al”, diréis. “Pues síguete moviendo y colócala en una editorial”. En eso estamos, pero no es de lo que quiero hablaros. Me ha pasado algo peor todavía.

Cuando el Monstruo me ha devuelto el texto, venía moqueado por el Resabio Académico. Y pringaba, creedme. Los dedos se te quedaban adheridos a las hojas. Por más que intentabas limpiarlos, los chorretones blancos de aristocrático semen facultativo dejaban círculos indelebles, como los rotuladores de los Petersellers. “¿Es grave, doctor?”. Pues lo es. La última vez que sufrí esa enfermedad me tiré seis años sin escribir una letra. No importa; se pasa. A la velocidad a la que gira la noria, mañana habrá desaparecido. Pero ahora, en este mismo instante, me jode. Y mucho. Y afecta a mi forma de escribir.

El Resabio Académico es una dolencia crónica que se contagia en la facultad de Filología a través de los libros, los profesores y los cruasanes con mantequilla de la cafetería. Prospera en alumnos impresionables y cándidos, talentosos, que sacan matrículas y suspenden a partes iguales según lo que hayan dormido en las fechas de exámenes y lo que se la pele la asignatura y el que la imparte. Cuando te licencias, los síntomas se enmascaran pero la enfermedad permanece latente. Vuelves a leer lo que te sale de la polla y con esos anticuerpos se controla el virus. Consigues escribir. Por un tiempo, el Resabio Académico no te afecta. Vociferas a todo el que quiera escucharte un “Que le follen a la literatura aclamada por la crítica”. Te sumerges en bodrios que están escritos con los pies pero son muy entretenidos. Escupes en nombre del postmodernismo y ves películas de hostias y El señor de los anillos. Te desintoxicas de exquisiteces. Haces una falla con los apuntes —claro, los pasaste a limpio, freak, qué importa que quemes los sucios—. Pero el Resabio Académico siempre regresa. Y más si acudes a buscarlo, alma de cántaro. Hay que dejar los sitios, como Delirio. Allá por donde has pasado, no vuelvas.

Todo esto, a raíz de Historias del Kronen. Verídico, y mira que ya está pasado y enterrado el librito. Cuando alguien hojea —no lee— tu libro y te dice: “Esto es un poco Kronen, ¿no?” la indignación sube de volumen hasta que te atruena los tímpanos. ¿Es Kronen? ¿Por qué? ¿Porque hay bares madrileños, drogas y chavales adolescentes? ¿Es ésa la historia? ¿Sólo ésa? Y un cuerno. Eso es la tramoya, que lo mismo podría haber puesto una maceta y una silla, como en el teatro minimalista.

Pero luego, meditas. Y te flagelas un rato, que siempre es oportuno y saludable.

Es que decir “Kronen” es mentar la bicha, señores. Para ustedes Historias del Kronen puede que sea la gran desconocida y justísimamente olvidada. Para un filólogo, es el Anticristo. Se trata de una novelita sin trascendencia cuyo valor es sociológico y costumbrista, y que desgraciadamente trajo cola. Mañas, Loriga, Etxebarría —de los enemigos ampáranos, señor—. Literatura juvenil, literatura femenina, literatura de sex, drugs and rock ‘n’ roll escrita generalmente con el culo (Loriga un poco menos, tengo el vago recuerdo). La generación X americana, que dio algunas figuras no del todo desdeñables —Palahniuk—, se guisaba en la península al socaire del cocido y la olla podrida. Y los garbanzos, además de ser comida prosaica y proletaria, dan gases y repiten. La poderosa maquinaria editorial se lanzó a la piscina, y aparecieron criaturitas como Violeta Hernando, una niña de catorce años que publicó su textito —hoy en día no pasaría eso, los nenes se entretienen con los blogs y el myspace del messenger— y vendió como una cabrona; increíble y pobrecita. Eso es el mercado editorial. El costumbrismo mola. Contar chorradas que pasan todos los días con lenguaje superficial es facilón y gusta al gran público. La no literatura. El baby-boom. Vender. Triunfar. Figurar. La bicha.

En mi humilde opinión, toda la puta generación Kronen fue una bazofia. Sus historias se cuentan con una caña entre tres colegas. Y respecto a la literatura de género —corríjase por sexo, que el género lo tienen sillones y sillas— puedo resumir mi veredicto con una grosería de las que tanto me gustan, que es la siguiente:

Ahí queda eso; Alvarito siempre haciendo amigos. Despellejadme: lo pienso. Yo no soy nadie, gracias a dios —con minúscula— y mis dictámenes literarios compiten en importancia con los del cartero comercial que me deja en el buzón papeles de un restaurante chino.

Y todo esto, a raíz de Politeísmos.

Los que me siguen desde hace tiempo saben que es una novela de fantasía realista, que trata de enclavar la religión totémica en un sector de la sociedad juvenil actual —y lo consigue—, que parte del día a día para llevarte al mito en volandas. Que crea un sistema mitológico satisfactorio, que permite alejarse de la repugnante rutina y soñar un ratito. Además, puede hacer pensar y todo. Y hasta cambiarte la vida.

Vale. Pues eso tiene un nombre. La primera parte, me refiero: la puesta por escrito de la forma de vida de un sector de la sociedad juvenil actual.

Eso se llama costumbrismo. Y el costumbrismo es LA BICHA. Hay que pisarla y destruirla. Porque el costumbrismo no es literatura, no. Es la pura facilidad. Yo soy el primero que lo piensa y lo predica.

[Destapó la caja de los truenos del miedo al Kronen el libro de Luis Mancha (todas las citas son de ahí, tabla incluida). Lo recomiendo. He aprendido más del mercado editorial con este estudio que en todos los meses que llevo dándome hostias contra las puertas del mercado.]

Leamos a algunos señores, que saben más que yo —lectores míos, a cada día y cada libro sé menos cosas, y las que sabía, las olvido—. Desgraciadamente no sabemos quiénes son estos críticos; el recopilador se cuidó muy mucho de decirlo, supongo que para no levantar ampollas.


Y ahí reside el triunfo de algunos de estos autores costumbristas, en el sentido de que es mucho más fácil conseguir un gran público cuando estamos hablando de lo que todo el mundo conoce. A alguien le resulta más fácil digerir una novela que habla sobre crisis matrimonial, de manera muy liviana, sobre los problemas del trabajo, sobre la crisis de la madurez, porque es algo que hemos padecido o que conocemos por gente cercana. Ése es un principio muy claro de identificación. Y el placer de la identificación reside ahí. Pero no creo que la literatura sea ponernos por escrito lo que estamos viendo todos los días, sino rascar lo que hay por debajo de eso.

Vale. Todos de acuerdo. Los escritores de los que no habla ni falta que hace todos sabemos quiénes son, y llevan la mediocridad a gala. La siguiente opinión es un poco más hija de perra, y a mí me hace más gracia:


Lo de la literatura es más sutil que lo de las telenovelas, porque además tiene una trampa: a usted le ha resultado fácil leer esta novela, lo ha comprendido todo, porque en el fondo estamos hablando de cosas insustanciales, de manera insustancial, pero a diferencia de las telecomedias o de los culebrones, usted no es un subnormal profundo, sino que es una persona con sensibilidad estética y con afán de trascendencia, porque esto está escrito, no es visto.

Juas. Chapeau.


Hay una cosa en la que cae muchas veces el best seller de este tipo, donde el lector ve algo, donde se ve retratado el lector y su mundo. Pero no le está diciendo nada nuevo, le está diciendo algo que él ya sabe, pero eso es como muy gratificante. Yo creo que la novela nunca debe ser gratificante, debe ser perturbadora.

Y... sí. Pero no siempre. ¿La Alta Literatura es sinónimo de literatura incómoda?


Hemos entrado en la dictadura de las editoriales que quieren vender y se han propuesto crear un tipo de lector concreto, que lee esas cosas. ¿Qué cosas? Pues ahora mismo sólo hay dos opciones: novelas de tipo juvenil y de tipo femenino. El lector o la lectora leen estas cosas, o bien se identifican con ello, lo cual es muy chachi, mira cuánto sufre este personaje, le pasa lo mismo que a mí, o bien: esto a mí no me pasa. Es la identificación y la desidentificación. Es lo que no hace un lector de literatura. Un lector de literatura lee para gozar: con el lenguaje, con la historia, con el personaje.

Y comenta un escritor (¿quién será?):


—A mí el costumbrismo no me interesa lo más mínimo.
—¿Qué es costumbrismo?
—Es la literatura que se limita a reproducirte la vida tal y como es, con sus modismos, y detrás no hay nada más que hacerte un retrato hiperrealista de lo que es eso: un fin de semana de tres oligofrénicos que viven en La Moraleja (se refiere, claro, a Historias del Kronen).

Yo esa afirmación la aplaudiría. Pero no porque me joda leer un relato hiperrealista. Eso simplemente me aburre. Me jode la falta de calidad, y punto. El tema del que se habla me la pela, y la identificación me puede o no hacer gracia: indiferente. Hay poemas válidos sobre mujeres que hacen la compra. Hay literatura sobre un cubo de la basura y una oda a una sandía. Parece que lo que molesta no es la falta de esfuerzo y el no contar las cosas como dios manda, sino las chupas de cuero. Venga, todos juntos: ¡a escribir novelas de la Guerra Civil! Vamos, hombre. Eso es tarimesco. Eso es reaccionario. Eso es de sangre azul, casi de ultraderecha y de boina y cachaba. Eso es ridículo.


De esa manera, la “cofradía del cuero”, se ha calificado irónicamente a un determinado núcleo de autores nuevos fuertemente impregnados de la estética rock y la cultura de la imagen. Sus relatos muestran un cierto malditismo, con proclividades canallas, y giran en torno al sexo, alcohol, drogas, el rock, la carretera y la violencia. Su estructura suele ser anárquica y fragmentaria y su lenguaje funcional y directo aunque a veces aspira a tonalidades líricas. Las deudas con la literatura norteamericana, incluido el realismo sucio y la novela negra, son evidentes. Tan evidentes como las contraídas con las letras del universo del rock.

Asiento de forma convencida cuando me dice que no le gustan porque tienen una estructura absurda y un lenguaje funcional —aunque le pongo pero: el lenguaje debe ser SIEMPRE funcional, primero. Luego, debe ser más cosas—, pero me entra la risa cuando critica que estén influidos por la música. Y encima el “rock”. Ah, qué malos. Satánicos y de Carabanchel. Una vergüenza. No sé a vosotros, lectores, pero me recuerda a la crítica descacharrante que Laura Miller le hizo a Palahniuk:


Imaginen unas novelas de porquería. Imaginen que todas ellas están escritas con el mismo falso y repetitivo y ampuloso estilo rebosante de imperativos y slogans. Imagínense todo eso torpemente ensamblado. Imaginen que lo poco que tienen de remotamente inteligente ya fue hecho antes y mejor por otros. Imaginen que estas novelas trafican con el nihilismo poco cocido de un estudiante de secundaria que acaba de descubrir a Nietzsche y a Nine Inch Nails. Y, hey, para qué perder el tiempo imaginando todo eso cuando aquí viene otra novela de Chuck Palahniuk.

Yo me parto. A Chuck no le hizo ni puta la gracia. Exagera, por supuesto. Se pasa tres pueblos. Palahniuk es un tipo desigual y repetitivo: tiene algunas cosas sueltas gloriosas, hallazgos impresionantes, y falta de constancia en el trabajo. No pule ni aunque le maten, y no piensa mucho antes de escribir. A mí, personalmente, me gusta Palahniuk, pero lo que venía al caso era lo de NIN. ¿Acaso tendría algo de malo que le hubiera influido? Mira tú, aquí los críticos lo que pasa es que no miran al pasado; en el siglo XV influía la literatura basura de la época y hoy en día influye la música. Pero claro, que te influya un cancionero mola más. Es más culto. Más viejo. Y seguramente tendrá lepismas a estas alturas y estará meado por gatos.

Resumiendo:

Aquí el patio de colegio del mundillo se agita, cacarea y se da picotazos por el maíz del reconocimiento y el de las pelas, que no son el mismo. Tiene su gracia que te indiquen cómo hay que escribir; aunque estoy bastante de acuerdo, me cabrea. Los “malos” de la historia son los que hacen costumbrismo, ganan dinero, salen en la tele y escuchan “rock”. Los “buenos” son los que escriben para el que está sentado en el despacho de enfrente. En el medio, ni chicha ni limonada, quiero y no puedo, Luis Mancha ha plantado a Juan Manuel de Prada, pobre tipo. (No le falta razón, pero joder, es una crueldad: mal no escribe.) Y cita a un crítico:


Éste es un impostor. Éste hace que cuida el lenguaje impostando. Es el efecto contrario que también se puede hacer. Uno puede cuidar el lenguaje porque tú crees en eso, pero no voy a escribir una cosa que parezca eso, porque eso da mucho empaque, detrás de eso no hay nada, es hojarasca. Cuando a un escritor se le notan los trucos, y a Prada se le notan los trucos del lenguaje, intenta aparentar más de lo que es.

Todo el mundo hace mierda salvo el que habla, en conclusión. A mí Historias del Kronen no me gusta, pero no porque sus personajes escuchen Metallica —y Mañas escriba Metálica con su tilde, que me la fuma, como si escribe supercalifragilísticoexpialidoso con hache intercalada—, sino porque sus diálogos no me resultan verosímiles, me parecen más falsos que una moneda de tres euros. (No he leído de él más que el Kronen. Lo mismo sus demás libros son maravillosos y es el autor del siglo.) Para mí, Etxebarría es la bicha, pero no porque predique lesbianismos, sino porque sus novelas son sencillísimas; una Laforet de tercera fila.

Y respecto al costumbrismo...

A ver, la fantasía es como es. Tiene sus normas. Así se hacen las cosas cuando no hay orcos. Si voy a introducir una paja mental inmensa, la realidad tiene que ser muy pero que muy creíble e identificable y hasta pedestre. Leed el post de pedanteorías para una literatura fantástica.

Era lo que querías, Al: mezclar fantasía y realismo. Jódete si ahora no te gusta y apechuga.

Bueno, no. No era lo que quería. Al menos la etiqueta. Ni de coña pensé yo en la generación Kronen. Ni de lejos ni borracho ni febril ni en mi peor pesadilla. Yo pensé en realismo, pero en el de toda la vida, como debe ser: el decimonónico. Vale, que sí, que estamos en el siglo XXI y el realismo se ha transformado por obra y gracia del Premio Planeta en el superventas de turno y dinero y aplauso. Pues yo no tuve presente el mercado, ni para bien ni para mal, a la hora de escribir. Si el costumbrismo vende, ¿por ello debo no usar el costumbrismo cuando lo pida la historia? Guay. Vamos a castrarnos todos a golpe de suplemento cultural, de manual de Teoría de la literatura y de diccionario. Ponemos la polla en medio y cerramos. Como no son lo suficientemente contundentes ninguno de los volúmenes, más bien lo que sucede es que nos frotamos con satisfacción —aunque rasque—, caemos en el onanismo literario y en el “Mira qué bien escribo y qué lejos estoy de lo que vende”. Pues tampoco. Hay que escribir al margen del mercado, siempre. Y al margen significa AL MARGEN, no teniéndolo presente para hacer fintas y esquivarlo y con ello satisfacer nuestro ego.

¿Dónde está el problema si el costumbrismo era de lo que quería partir?

En que lo he conseguido. Eso sí, lo he hecho BIEN. El lenguaje de llano tiene lo que la Cordillera Cantábrica. Me gusta el trabajo transparente que deja ver la historia cuando la historia requiere que se vea, y me gustan la complejidad gilipollesca y el sonajero y la voltereta estilística cuando sirven para algo. Si están por estar, no me interesan. Y el que opine otra cosa, que no me lea.

Eso sí, reíos de mí si os apetece, pero el Resabio Académico me susurra al oído: “Álvaro, como publiques... Álvaro, como triunfes... Que esto se puede vender como churros y lo sabes... Has currado como un bestia, has mezclado lo fantástico con lo cotidiano, has trabajado el estilo de forma que la lírica salvaje y las mayores burrerías que dañan sensibilidades —pacatas— se entrelazan sin que chasque un solo adjetivo... Pero ¿pensaste en lo que querías? ¿Te ponía realmente hacer costumbrismo madrileño de un montón de niñatos, y encima góticos, que hay que ver la madre que te parió? ¿Sabes a lo que juegas?”.

Lo sé. Juego a colocar una historia que tenía dentro y que salió con una soltura alucinante, como jamás me había ocurrido. Y juego a sacar una novela que puede gustar porque ya ha gustado. A amigos, que no cuentan, a conocidos, que no molestan, y a desconocidos, los únicos que importan. Veinte personas es un comité de lectura de prueba razonable. Detenedme, esposadme y sometedme a tortura pública: quiero publicar. Principalmente, para liberarme de esta historia, encerrar al Monstruo por un par de años y escribir cosas MEJORES.

El Kronen es la bicha, pero no porque el costumbrismo lo sea. El Kronen es la bicha porque no es bueno, porque pesa tan poquito que es como no leer nada. Y si yo parto del costumbrismo, es para llegar a otro sitio. A la fantasía, señores. A la fantasía. Ah, que eso hoy en día también vende. Pues nada, nada. Me dedicaré a componer esquelas; por ahí no me pillan fijo.

Las decisiones que tomamos nos cierran y nos abren puertas. Tal vez, realmente, debería autoeditarme en Lulú y pasar sin pena ni gloria, ¿no? Así no hay problemas con el mercado. Así la crítica no te escupe en la cara. Así no eres nunca fácil ni comercial. Así te masturbas pensando en qué guay eres, qué bohemio, qué estupendo que no encajas en el panorama editorial.

Pero eso también tiene un nombre. Se llama MIEDO. Y la huida, siempre hacia delante.

El tiempo de las dudas se ha pasado. El miedo a caer, también. El Resabio Académico es una gilipollez: en cien años, todos calvos. Y muertos. ¿A quién le importa la crítica? ¿A quién le interesa el canon? ¿A quién le quita el sueño estar bien o mal considerado? Pues a los que tienen complejo de inferioridad, realmente. Si sale y vende, de puta madre. Si sale y no vende, de puta madre también. Si no sale, lo sacaré yo. Y el que se engañe y crea que mastica prosa fácil, que vuelva a leerla. Y si sigue pensando que es sencillo, pues que lo tire a la papelera o se limpie el culo con el libro: yo no me voy a enterar.

Pero claro, vosotros ni siquiera habéis leído mi novela. Así que lamento que no entendáis por qué este post, de dónde el miedo, y que os llevéis una impresión equivocada de mi libro. Ni intenta ser un cascabeleo de metáforas altisonantes —por favor, me leéis por aquí, sabéis cómo escribo— ni una estupidez plana y seca que igual se lee que se olvida. Ya lo juzgaréis, si el mercado quiere. Y si no lo quiere, también. La puerta de internet siempre está abierta.

Desde el faro,

Al.

Álvaro Naira © 2007

servido por Álvaro 21 comentarios compártelo

21 comentarios · Escribe aquí tu comentario

despistada

despistada dijo

uhm (mientras me recoloco las gafas) uhm... xDDD me gustan los libros que me dejan algo, aunque tengo que reconocer que es algo muy subjetivo. Algún librito de estos de "jovencitos" me ha dejado huella por estar en una época chunga, aunque no suele ser el caso. Ahora estoy en la búsqueda de todo... música, libros nuevos. Supongo que es un modo de matar el tiempo libre para evitar sentirme sola o aburrida. Estoy con la paranoia de eso ahora.
Por otra parte... me gusta cómo has acabado el post: escribe lo que te de la gana, independientemente del mercado. Supongo que es cuando se escribe de verdad, sin presiones ni nada parecido (no puedo evitar acordarme de Misery de S.King... xDD). Muchas veces, cuando leo tus posts, pienso en las tonterías que escribí intentando empezar "mi novela". xDDDD el monstruo lo ha vomitado, se ha limpiado con ello y se ha cagado encima por si acaso. Por suerte me lo tomo a risa, pero desde entonces que no he vuelto a agarrar un boli o un teclado para "volver".

Suerte con la noria... no viene a cuento, pero me gustaría subir algun día a una de verdad.

25 Mayo 2007 | 10:27 AM

kilometro-0

kilometro-0 dijo

Sólo he tenido tiempo de mirar por encima y eso no es leer así aún no puedo ponerte ningún comentario, pero la primera impresión es que me interesa lo que dices, así que tendrás noticias mías.
¡Salud!

25 Mayo 2007 | 11:31 AM

Serendipity

Serendipity dijo

Ave, Naira!
Si es que ya lo has dicho tu tooooodo... sigue probando, "nunca es tarde si la bicha es buena", ya veremos si sisea alguien un siiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii, que ya va siendo hora, pero tienes que seguir intentandolo. Te cito:
LA HUIDA, SIEMPRE HACIA DELANTE.

25 Mayo 2007 | 01:05 PM

Álvaro Naira

Álvaro Naira dijo

:) Saludos. Parece que no pierdo a todos mis lectores, a pesar de fumármela actualizar con regularidad y escribir truños de cinco y seis páginas, y sin más imágenes que las que me apetece poner; no para partir el texto y hacerlo digerible, sino para ilustrarlo y porque son bonitas.

A Despis:

XD bueno, todos hemos tenido quince años, y es normal que nos gusten y afecten libros que después aborrecemos. Yo he leído una cantidad de mierda que no puedes imaginar, más que nada porque carecía de Pseudointelectualoide Mentor a lo profesor Keating y escogía los textos en la biblioteca por la portada y por el título. Para que te hagas a la idea, saqué La montaña mágica creyendo que iba a tratar de hechiceros... Y me la tragué porque por mis huevos no dejaba a la mitad un libro, y lo más raro es que me gustó.

A ver que piense en lo más vergonzoso que he leído que me gustara en su momento... No, no puedo decirlo. Se me suben los colores.
Vale. Lo digo.
Me gustaba la Dragonlance, y ahora voy y me meto debajo de la mesa un rato...

Lo que pasa es que el baby-boom me pilló en los comienzos de Mi Pedantería (creo que fue en COU, o en primero de carrera, cosa así; había descubierto en una enciclopedia una absurda lista de las cien obras más importantes de la literatura universal y me las andaba leyendo, desde el Poema de Gilgamesh a Cien años de soledad, una detrás de otra y sin respirar ni entender la mitad. Claro. Yo me creía el Mejor y tenía que leer a los que eran tan buenos como yo. Bendita sea la pubertad). Y las kronadas me cabrearon lo indecible, en parte porque yo escribía de la hostia de bien y me parecía fatal que unos niños pijos se forraran vendiendo chorradas tan, tan inferiores a Mi Literatura (cuando Mi literatura de esa edad era asquerosamente mala, como podrás suponer), mientras yo me comía los mocos y juraba en arameo sobre la Escuela de Letras, en la que, por cierto, nunca quise entrar (ni aunque hubiera podido, puto atraco a mano armada) porque un Escritor nace, no se hace. Igualito que los góticos. Nadie sobre la tierra me podía enseñar A MÍ a escribir, cielosanto, claro que no. Aysh... menos mal que crecemos. (Aunque sigo considerando que el escritor nace, no he cambiado una mierda. Gracias a dios. Pero ahora pienso que también se hace, por supuesto. Cada día. Y sí que alguien te puede enseñar, no a escribir, sino técnicas: los demás escritores, muertos y vivos, pero en sus libros).

No le tengas miedo al Monstruo, despis. Con el miedo, él se crece. Si escribías, escribe. El Monstruo es inofensivo; aunque se cague encima de nuestros textos, se limpia y a correr. El Monstruo está hecho exclusivamente de tiempo; y al tiempo no hay que temerlo. Todo lo que escribimos algún día nos resultará ridículo. Con el tiempo. Y eso, despistada, es MUY BUENO.

Porque significa que ahora escribimos mejor que antes.

A kilómetro-0:

Bienvenida al faro :)

Hago artículos infumablemente largos y la pantalla no propicia que se lean de cabo a rabo. Para compensar, tardo mucho en escribir el siguiente xD Por cierto, tu bitácora me gustó, especialmente el texto de la gallina y el relato fantástico de la pared. No conocía la carta del jefe indio a Monroe, fallo imperdonable. ¿Te ríes si te digo que casi me ha hecho llorar? Si es que soy un sentimental. Y ecologista, coño. Que no en vano mi novela trata de eso, pero a lo burro. Save the planet, kill yourself.

A Serendipity:

Gracias por los ánimos, siempre. Y sí, si la bicha es buena, qué coño importará que haya bicha, ¿no? Viva el puto costumbrismo. A la mierda.

Un saludo.

25 Mayo 2007 | 08:26 PM

AcMe

AcMe dijo

Aunq me repita: haz tu propia editorial con casinos y furcias!!!!!!!!! y q le den por saco a la novela intelectual y a esos cabrones de la academia.
VIVA EL GALLEGO!!!!!!!!!!!

25 Mayo 2007 | 08:53 PM

Álvaro Naira

Álvaro Naira dijo

xDDDDDDDDDDDD Ofrezco un gallifante a quien encuentre la referencia del comentario de AcMe. Y no me refiero a lo de Futurama, no.

Viva el gallego, siempre.

25 Mayo 2007 | 09:49 PM

Álvaro Naira

Álvaro Naira dijo

Hablando de fricadas, aunque mainstream en este caso: feliz día del orgullo friqui. Hace treinta añitos se estrenó Star Wars en USA. En España, algo más tarde. El que suscribe la vio por primera vez desde la tripa de mamá.

Nos hacemos viejos.

25 Mayo 2007 | 10:46 PM

The Watcher

The Watcher dijo

Je. Me parece que el gallifante es para mí. Es de Luces de bohemia de Valle. ¿Me lo mandas a casa o tengo que ir a por él?

26 Mayo 2007 | 02:18 AM

Zorba

Zorba dijo

Aquí puma deseando desplumar a un mirlo vanidoso. Lo que pasa es que en la fábula creoq ue en vez de un puma era una zorra... ¿Conoces la fábula? El miro encontró un trozo de queso y se subió con él en el pico a un árbol. La zorra pasó por allí y pensó "ñam, mira este amigo que ya ha ido a recoger mi cena..." se hizo la tonta, se hizo la graciosa, alabó sus plumas negras, su pico tan agudo... Le dijo que con un piquito tan agudo seguro que cantaba de maravilla. El mirlo picó, claro. Siempre pican. Y cuando cantó, el queso se cayó, a zorra se lo comió... Lo típico que pasa en esta vida. Bueno, todo este cuento para decir que ya sabemos quién es el mirlo si la zorra es el escritor (ponle Álvaro Naira, autor de Politeísmos). No te preocupes, los mirlos son unos pajarracos de mierda que vanpor ahí de exquisitos pero luego comen mierda, aunque ellos creen que lo hacen con estilo. Lo sé porque en mi casa en invierno hay unos cuantos y se comen las bolitas de los setos, la comida del perro, la basura y si te descuidas hasta tu paraguas. Son una raza cruel, sin sentimientos, que no se ocupa de los hijos cuando nacen y la hembra tiene que hacerlo todo. Y además le roban la comida a los otros animalitos. Un desastre. Los mirlos literarios hacen igual, se pavonean de lo bien que interpretan y dejan caer los propios textos que interpretan; se dan pisto hablando de novelas que pretenden ser difíciles cuando no lo son, intentan encontrar dificultad en las que están escritas con el nabo y se hacen pajotes con las que más les ponen. Luego lo cuentan todo en libros de pseudo crítica que normalmente llevan portadas que parecen cajitas de sex shop moraditas, azulitas, fucsias o verde césped. A mí me ponen más las fucsias. Parecen consoladores de diseño, de esos que puedes meter de diez en diez en jarrones transparentes combinados con orquídeas, peonías y nifeas, o usar ara remover un cóctel. Asqueroso, puagh... Pero así son, hoy me han sembrado y yo recolecto metaforillas. En fin, para quien nunca haya probado esta clase de placeres ocultos, recomiendo empezar por el nivel morado, luego el verde y por fin el fucsia. ¿La diferencia? Los primeros son como viudas menesterosas que te echan un polvo pudoroso en tiempos de necesidad en un cuarto donde todavía sobresalen del cajón los tirantes del marido largamente llorado; los segundos son como viejas cortesanas con camas de pan de oro desconchado y doseles llenos de polvo, que suplican una noche de lujuria pero luego no pueden acabarla sin una chupadita al cacharro del asma; pero los terceros... ¡Ay, los terceros! son lolitas que te reciben en picardías y te desatan la ropa a mordiscos, te dicen obscenidades al oído, escenifican en un escenario chabacano y obvio, todos sus movimientos y posturitas son copiados, te introducen en el camino de la seguridad, de lo ya vivido... Lo único delicioso es su juventud, su candor y su idea de que lo están haciendo bien, que son las mejores, que a los veinte saben más que la madama a los cincuenta... En fin, tras esta paja mental creo que voy a darme una ducha de agua fría. Espero que se haya entendido algo, oh Al tú que todo lo sabes
Mitto tibi navem prora pupique carentem,
Zorba

28 Mayo 2007 | 12:21 AM

kilometro-0

kilometro-0 dijo

Lo que cuentas sobre la Monáña Mágica, me pasó a mí también, ja,ja! siempre leí de manera caótica, y teniendo nueve años, elegí un libro que le llama Cuentos (Chejov), es fácil adivinar qué esperaba encontrar en esa lectura, lo que no imaginaba es lo que encontré y entre otras maravillas, la lectura de uno de los cuentos me excitaba de manera que nunca había sentido nada igual, no te digo la cantidad de veces que lo releí!!!!
Bueno, tantas cosas me gustaría cometar de tu blog...! pero no me deja espacio este cuadradito. En resumen te digo que en general, coincido con tus opiniones pero te digo algo, qué más da la crítica y las etiquetas?. los críticos son artistas frustados y lo peor, casi todos pagados por las editoriales que ya no se preocupan de la calidad sino de la venta-pelotazo, así que, tiempo gastado en ocuparse de ellos.
Ves? se me acaba el espacio...To be continued

28 Mayo 2007 | 07:19 PM

kilometro-0

kilometro-0 dijo

sigo, y no sé por dónde pero bueno. Las etiquetas. en realidad no me interesan nunca leí literatura infantil, ni juvenil, ni "ismos" en toda su variedad, leo lo que, en principio creo que me interesa, si me remueve, si me descoloca, si necesito subrayar, anotar al margen...entonces sé que acerté en la elección, si no me dice nada, me da igaul si está escrito de la manera más sublime, para mí es perder el tiempo, así que dejo el libro, aunque esto he de confesar que lo he conseguido a edad tardía porque, tenía metido en la sesera que cuando un libro se empieza hay que terminarlo, qué idiotez más gorda, pero con esa idiotez me he tragado cada peñazo...así que, un día me liberé de la losa espartana y fui capaz de dejar a medias los libros vacíos, que para vacíos no necesito yo libros.
Se me vuelve a acabar la hoja. agggrrrr!!!

28 Mayo 2007 | 07:26 PM

kilometro-0

kilometro-0 dijo

Ahora te digo lo de los colorines, sé que llevas razón, pero mira, otra cosa que logré en mi vida es reconocerme mi vena hortera, y tan feliz, no es permanente pero cuando me sale el ramalazo, pues lo dejo a su bola y me siento bien.

Bueno ahora, te digo que me alegro de que te guste la carta del indio y me alegro de que te emociones y de que llores, y de todos los sentimientos que te suscite, porqeu es un texto que siempre está conmigo y que leo de vez en cuando, y me conmueve igual que el primer día que la leí.

Una cosa: Me gustaría leer tu novela. Sé que aún no está publicada y entiendo que no me la envíes, pero si en un momento de enajenación mental transitoria lo hicieras...
Otra cosa: lo del faro me ha gustado. Una vez quise ser farera. Es una fijación para mí.

28 Mayo 2007 | 07:38 PM

Álvaro Naira

Álvaro Naira dijo

Kilómetro-0: tienes más espacio que el cuadradito xDDD Mira los comentarios de arriba lo largos que son, por ejemplo el de Zorba —ave, Zorba, venaturi te salutant, aunque venor es un verbo deponente y creo que he escrito una burrada—. Se puede seguir escribiendo; no sé dónde estará el límite, la verdad.

Me alegra que te interese mi novela sólo con haber leído un post. Bueno, de momento no creo que se me crucen los cables, pero te añado a la lista de petición del texto. (¡Ya son siete los lectores desconocidos que desean tragársela! Sólo siete. Y yo, tan contento).

¿Qué fue lo que te marcó de Chéjov? ¡No lo has dicho! Muy mal.

Respecto al tema de críticos, alta literatura, etiquetas y demás... Tienes toda la razón del mundo, pero el Resabio Académico siempre pega fuerte. No a la hora de escribir. Me puedo pajear con altar literaturas varias y con lo que es canon y lo que no cuando la noria baja y me siento débil, influenciable y gilipollas, pero cuando te enfrentas a la pantalla en blanco estás solo tú. Y con poco decente que seas, no tienes presente a la crítica. Ni para bien —imitar algo y recibir el aplauso relamido—, ni para mal —esquivar algo que resultaría censurado—. Es que además, tampoco podrías. Porque estás dentro, porque lo demás no existe. Sólo una historia, una idea, unos personajes, unas frases, unas palabras y el punto y final. Cuando lo clavas ya vienen los problemas.

Y el Monstruo despierta...

Un saludo.

29 Mayo 2007 | 09:21 PM

despis

despis dijo

oche, a mí me cuentas, no?

30 Mayo 2007 | 09:29 AM

kilometro-0

kilometro-0 dijo

pues me marcó los párragos eróticos, porque a esa edad, no había leído nada qie me excitara sexualmente. En particular una escena a la orilla de un lago en el que se mezclaban las caricias, un pez, y el deseo de los protagonistas y recuerdo otro cuento que la protagonista era una mujer mayor que había sido prostituta y que aunque ya no era tan solicitada por los hombres, ella se seguía maquillándose ante el espejo igual que si la esperaran en una fiesta, describía que esta mujer tenía alrededor de los pedones unos pelitos muy finos y que ella extraía con gran cuidado, después, con el pincel del colorete, los rozaba para darles un color rosado......En fin, no sigo más, con esto ya creo que te harás una idea de la revolución de hormonas que me provocó ese mágico libro ja,ja!

30 Mayo 2007 | 02:24 PM

kilometro-0

kilometro-0 dijo

agrrrrrrrrrr! escribí mal!! párragos=párrafos
pedones=pezones

Eso me pasa por chapuzas y no releer!

31 Mayo 2007 | 07:34 PM

Álvaro Naira

Álvaro Naira dijo

Jejejejeje. Yo no recuerdo el libro con el que me vino la revolución hormonal... Pero con Chéjov, seguro que no. Lo leí más talludito.
Lo pensaré. Seguro que lo encuentro.

Un saludo. ¡Y no te corrijas las erratas! xDDDD por comentarios todos escribimos con los pies y a toda velocidad; yo el primero :P

2 Junio 2007 | 10:00 PM

Luis Mancha

Luis Mancha dijo

Estimado Álvaro, me he encontrado por casualidad tu blog y me he divertido mucho. Me alegro que te haya servido de algo mi libro. Quizá para un escritor novel es un poco perjudicial y en tu caso que eres un descreído llueve sobre mojado. Pero en fin si lo lees con espíritu positivo y realista, que no costumbrista, puede ser de provecho, por lo menos para saber el suelo que pisas. A ver si tengo tanto éxito como Historias del Kronen, aunque lleva un año en la calle y creo que no va camino de ello...

Sólo una puntualización, la cita sobre Prada es de un crítico, yo ni entro ni salgo lo único que trato es de analizar la lógica de funcionamiento del campo literario.

Ánimo y suerte en tu aventura editorial.

9 Marzo 2008 | 09:20 PM

Álvaro Naira

Álvaro Naira dijo

Vaya. ¡Luis Mancha! ¡Gracias por pasarte por aquí! Corrijo lo de Prada en diez minutos; es cierto que era cita y parece que no... Mil perdones.

Tu estudio me pareció espectacularmente bueno. ¿Hunde a un novel? Sí. Claro. Faltaría. Es que la Bicha da mucho miedo, sobre todo cuando empiezas a escribir...

Si las cosas salen bien, algún día mi novela estará a la venta. Espero.

En cualquier caso, me alegro de haberte hecho reír un rato. Procuro hablar de literatura con alegría, desenfado y sin pretensiones, porque me encanta, porque es lo que más me gusta del mundo. Aunque el mercado editorial a veces dé ganas de llorar. Y no sólo lo que se publica, no. Más bien lo que no se publica, la lucha agónica de un novel por colocar un texto que es decente, mientras a la venta salen muchas cosas... que no lo son.

9 Marzo 2008 | 10:32 PM

Luis Mancha

Luis Mancha dijo

Está bien tu forma de tomarte las cosas, de lo contrario a la bicha, como tú le llamas, no le duras ni dos minutos.
Por cierto, no sé si conocerás a los de literaturas.com, pero creo que hacen una labor de outsiders muy interesante, incluso publican en papel, han creado una red social en la red... Han cambiado el dicho, en lugar de si no puedes con el enemigo únete a él, ellos practican el si no puedes con el enemigo, ignóralo y han hecho un mundo literario paralelo gracias a Internet.

En fin, si publicas algo házmelo saber me encantaría leerlo.

Por cierto, una curiosidad: ¿cómo supiste de la existencia de mi libro? Si es casi invisible.

11 Marzo 2008 | 03:24 PM

Álvaro Naira

Álvaro Naira dijo

Saludos, Luis. Últimamente no me tomo tan bien las cosas; llevo mucho tiempo de espera para publicar, y lo que me queda. Y estoy bastante hundido; hace un mes que no actualizo esta página, que antes funcionaba maravillosamente y me traía trescientas visitas diarias. Estoy cansado de matarme en colocar mi novela y no tengo ninguna gana de escribir. Pero hay que seguir peleando; no hay otra opción.

Bueno, sí la hay. Internet. Conozco literaturas.com. Y conozco lulú. Y todos los sitios de autoedición, en realidad. Claro que el Resabio Académico me chilla que debo publicar "de verdad" primero. Si publico y me demuestro a mí mismo que no necesito pagar para ver mi texto en papel, que merece la pena él solito... casi que decido no volver a publicar "de verdad" JAMÁS. Directamente los textos a internet y se acabó, y así dejamos de deforestar el Amazonas. Hoy en día el que no publica es porque no quiere. Si lo que buscas es que te lean, es sencillísimo. Y es lo que importa, en realidad. Lo único que importa. Yo no me quiero ganar la vida escribiendo: quiero escribir, a secas, y ser leído.

Así estamos. De momento publicar es mi espina, ahí, clavada. Y no sale. Eso sí: me doy un plazo. Si se acaba, subiré mi novela a la red y me lanzaré a escribir otra, porque ahora estoy tan centrado en publicar ésta que no soy capaz de hacer nada.

Como me has dejado tu correo en la casilla que queda oculta y sólo veo yo como administrador, cuando Politeísmos se publique te aviso si quieres. Recibirás, como les digo a todos mis lectores, un único correo (nada de spam), y ocultaré los demás destinatarios porque nadie más tiene por qué saber tu dirección. Es lo mínimo.

Ah, encontré tu libro de forma sencillísima: tengo por costumbre usar la página de REBIUN, un catálogo que conecta un montón de bibliotecas universitarias. Si quiero saber qué es lo último que hay sobre un tema, meto "Kronen" en búsqueda y el último año en publicación. Para averiguar qué interés académico tiene el libro que me ha salido, pincho y miro en cuántas bibliotecas lo tienen. El tuyo está en quince universidades españolas, así que pensé que merecía la pena echarle un vistazo. Ningún libro es invisible si de verdad quieres buscarlo.

Un saludo.

11 Marzo 2008 | 08:53 PM

Los comentarios están cerrados


Sobre mí

Avatar de Álvaro

alvaronaira

Madrid, España
ver perfil »
contacto »
Autor del limes; siempre en la delgada línea entre la alta literatura y el pulp. Decidió, en medio de un delirio provocado por las drogas, que iba a ser el único escritor que contara historias fantásticas haciendo uso de todos los recursos sublimes y exquisitos de la Literatura Con Mayúsculas —habría tenido mucho más éxito al contrario, narrando gafapastadas en un estilo mediocre y bestsellario—. Cuando tomó tal camino único y propio y resolvió abrirlo a dentelladas, seguramente aún no había leído a Cortázar o, si lo hizo —otorguémosle el beneficio de la duda—, consideró que el maestro no se mojaba lo bastante, que no hundía los puños en el fango de la fantasía más salchichera y cutre para bruñirla en la cochura a fuego lento de su prosa preciosista y convertirla en una porcelana chinesca. Álvaro Naira es un fracasado por elección, lo cual es todavía más triste que ser un pelagatos a secas: escribió una novela, una editorial se la aceptó pero le ofreció un contrato leonino, así que se sintió ultrajado en su delicadísimo ego y la sacó en Lulú, donde nadie la lee, ni la compra ni nada, lo cual le satisface plenamente. Actualmente se encuentra en retiro espiritual en una cueva del Tíbet, con la única compañía de un ejemplar de las Psicomagias de Jodorowsky —al que no soporta— y ortigas como desayuno, comida y cena. Fruto de tales ejercicios ascéticos, ha parido un segundo libro, entre exclamaciones de eureka y albricias. Espera fervientemente que éste tenga tanta repercusión como el anterior; para ello, ha puesto todos los medios a su alcance y ni siquiera lo ha autoeditado ni sacado de su disco duro para que haga la ronda entre los amiguetes. Antes mostraba su desprecio por la literatura intelectual y el realismo en un hábil juego intertextual —ya que éstos son los géneros que más le satisfacen desde siempre—, y se presentaba como tocapelotas y cínico. En realidad no era más que un niñato un pelo irónico y corrosivo: téngase en cuenta que la ironía es una de las bellas artes; el cinismo una enfermedad terminal. Hoy en día, a tenor de la experiencia que ha ganado y de lo mucho que detesta a la especie humana —desprecio que, bien entendido, comienza por uno mismo— se puede considerar, sin temor a equivocarse, un auténtico cínico. O un enfermo terminal: ustedes deciden.








Creative Commons License
Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons.

Fotos

Álvaro Naira todavía no ha subido ninguna foto.

¡Anímale a hacerlo!

Buscar

suscríbete

Selecciona el agregador que utilices para suscribirte a este blog (también puedes obtener la URL de los feeds):

¿Qué es esto?

Crea tu blog gratis en La Coctelera