"Éstos son mis principios; si no le gustan, tengo otros". (Mercado editorial ¿V? Perdí la cuenta del número).
Alvarito se declara oficialmente a la caza de un agente. Se abre la veda; espero que no se escondan en sus madrigueras. ¿Problema? Que estamos al filo de un puente —a puntito de caernos al río, y me he cogido fiesta en el curro—, así que tengo tiempo de sobra para arrepentirme y cambiar de opinión ochocientas veces a lo largo de estos días.

¿Qué es un agente?, os preguntaréis. Yo explico —JA, yo, que tanto sé del mercado editorial—. El agente literario es una siniestra figura vampírica, chupóptera del dinero del honrado artista. Va a comisión de las ventas. A cambio, lleva al autor a la editorial, le hace los contratos, le programa la agenda, le prepara presentaciones y le facilita todas esas cosas que YO NO QUIERO HACER —como no me cansaré de repetir, no pienso conceder entrevistas, sesiones de fotos ni de firmas porque abomino del escritor estrella, porque soy misántropo, porque detesto la sociedad de consumo y porque un cocodrilo me comió la cara—. El trabajo del agente es similar al de canguro, pero mejor remunerado. Vigilan a sus autores. Los cuidan. Les dan de comer. Supongo que también les cambiarán los pañales, los cogerán en brazos cuando lloren y se asegurarán de que toman su medicación a la hora, cosa que siempre se agradece.
Ahora en serio: la ventaja principal para los enfermos de literatura es que el agente se encarga de todas las molestísimas gestiones que bombardean al autor desde el mundo real, y así el escritor puede dedicarse a vivir en lo ficticio, calentito y a gusto. A mí me vendría que ni pintado; soy de los que sienten náuseas y temblor de piernas ante un formulario de la declaración de la renta.
Oh, Al, ¿y por qué no lo has hecho antes? ¿Es que no se te había ocurrido?
Joder.
Claro que se me había ocurrido, pero es que los agentes no se venden en el supermercado. Además, mi religión me lo prohíbe. Veréis, la mercantilización de la cultura me asquea, y el que un escritor tenga manager como si fuera una estrella de cine me repugna. Es... jodidamente frívolo.
Pero una cosa es la teoría y otra la realidad. Y no se publica sin agente; lo he descubierto ya. Me he caído del guindo. Al parecer en Alfaguara no aceptan ni un original que vaya por correo ordinario, como ha ido el mío. Van derechitos a la incineradora —treinta y siete euros de fotocopias y canutillo a la mierda, confío en que al menos reciclen el papel—. Y lo mismo en cualquiera de las grandes. Lo que me jode realmente es que no lo digan. ¿Por qué no hacen lo que Valdemar, que es y será siempre mi editorial favorita, por sus fondos, su integridad y sus principios? ¿Por qué no dicen las demás que no aceptan originales no solicitados? ¿Por qué te aseguran por teléfono que te responderán, y te dicen una fecha? Ganas de ilusionar a la gente a lo tonto.
Me reprochan conocidos y amigos, algunos interneteros y otros personales, que me preocupe por el mercado. ¿Qué coño importará publicar? Lo que importa es producir, mucho y bueno. ¡Ya te leerán cuando te mueras! Qué ombliguismo, qué falta de decoro literario eso de querer salir a la luz. Claro. Si es que soy un hijo de puta egoísta. Mola mucho más verlo desde la nube con una bolsa de palomitas al lado del arpa.
El problema es que yo no soy cristiano. Soy politeísta. Y lo de la nube no me vale.
Antes de que os cabreéis conmigo y me digáis que me contradigo, y que no quiero figurar pero parece que sí quiero —si no, me la traería al fresco que no me leyera ni el gato—, preciso: a mí me importa una mierda ganar dinero. Y el reconocimiento se lo puede meter la crítica por el culo. A mí me interesa el lector. Necesito publicar porque un libro no existe hasta que no lo lee un desconocido, del mismo modo que no existe un color si el que lo mira es daltónico. Además, tengo otro problema, y de los serios: soy incapaz de dejar de tocar mis textos. Sigo, y sigo, y sigo. Si no publico, NUNCA empezaré otra novela.
Y estoy tan jodido, tan hasta la polla, tan harto de que las cosas no se muevan a la velocidad que me gustaría, por un único motivo:
Estoy hasta los cojones de Politeísmos. La quiero, claro. La adoro. Pero ya pasó su momento. Está terminada; si la sigo tocando me la cargo. Es juvenil —vale—. Tiene fallos —también—. Podría ser mejor —que sí—. El primer capítulo es flojo —joder, me he enterado—. Es sexto capítulo del segundo arco tiene una bola de fuego que humea un poco y en el noveno hay una casita enorme —para averiguar el Oscuro Significado de tan sesudos términos en el diccionario estilístico Naira-Español, Español-Naira, pinchad los enlaces—. La novela goza de una envidiable salud respecto a la cantidad de adverbios —en los análisis que le hago con la herramienta del word salen un huevo y parte del otro— y están desperdigadas unas cuantas reiteraciones. Además, puede que un lector poco avezado considere el estilo plano. No lo es. Es engañosamente plano. La novela está medida con escuadra y cartabón. Y NO SE NOTA. Porque si se ve el trabajo, la documentación, el detalle estilístico, la elección precisa de cada adjetivo, si los cimientos no están bajo los ladrillos, se transparenta la pedantería. Y entonces no funciona.
Uno no tiene hijos feos. Politeísmos es lo bastante buena como para que todas esas chorradas carezcan de importancia. Si no me creéis, que os lo diga el Comité de Corrección de Primeras Pruebas. Señores, que yo tengo creyentes de la religión de la novela, ¿de acuerdo? No muchos, pero los tengo. Sea mala, sea buena o todo lo contrario, afecta. Y eso es lo único importante.
Aunque Politeísmos fuera una patata —que no lo es—, lo que me tortura es otra cosa.
Necesito publicar porque debo darle el carpetazo. Tengo que dejar de tocarla y de leerla. Tengo que publicar porque... porque me muero de ganas de escribir. Necesito mi bocanada de fantasía tanto como respirar. Otros personajes aúllan, gritan, muerden y se pelean en mis tripas. Tengo que empezar otra novela.
Y no puedo.
Así que cambio de principios, como Groucho Marx. Agentes editoriales, tiemblen: ya llego.
Desde el faro,
Al.
Álvaro Naira © 2007










Azaroa dijo
Pues, hablando egoístamente, si es algo que va a ayudar a acercar un pasito más tu novela a mis garras, bienvenido sea.
Un saludo ;).
27 Abril 2007 | 09:54 PM