Longum est, non legitur.
Hace días que estoy más vacío que un jarrón. Hace semanas que estoy absurdamente tarimesco e inaguantable, subido a mi pedestal de Profesionalísimo Escritor. Hace meses que estoy más frío que un pescado. Es como si midiera mis palabras. Es como si pensara y repensara los posts. Me digo: “ahora toca meter una chorrada”; “ahora toca comentar un libro”; “ahora toca hablar de mi novela”.
Estoy haciendo publicidad. Estoy intentando colocar mi libro en una editorial —en Alfaguara en este preciso momento. Imposible, por supuesto—. Estoy tratando de ganar lectores.
Estoy cagándola. Eso es lo que estoy haciendo. No consigo más lectores. Los motivos son evidentes. Cuando los copistas medievales no se dedicaban a pintar tetas, culos y monstruos follando en las capitales y márgenes de los manuscritos, leían. Y al toparse con un montón de churros que no comprendían —que lo mismo era árabe que chino que un monigote—, escribían: “Graeca est, non legitur”, que viene a querer decir: “Esto es griego y no lo leo”. Porque leer en griego es casi regresar a la barbarie, vaya.
Otra vez me puse pedante, ¿lo visteis? A lo que me refiero es a que he observado, en mi breve experiencia bloguera, que los posts largos no se leen. Y tras mi rasgamiento de vestiduras, he hecho examen de conciencia. No es que toda la población internetera sea analfabeta ni que yo sea un tostón ilegible —que lo mismo sí—. Es que leer en pantalla CANSA. Los ojos duelen. Los electrones nos sacuden la retina y nos entra dolor de cabeza. Los artículos que tienen éxito son los que puedes abarcar de una vez con la mirada. Y es así. A la desesperada, opté por partir con imágenes mis vomitonas emocionales —que no lo son tanto, ya os he dicho que me mido, me constriño y me castro cada vez que me pongo a escribir aquí: error craso—. Añadí vídeos. Cambié el formato. Masqué los posts y los puse bonitos. Eso me lleva tiempo, tiempo perdido. Yo soy escritor, cojones. No diseñador gráfico (aunque haga mis pinitos).
A pesar de todo el trabajo, sigo sin tener apenas lectores. Y no varía.
Me apunté al concurso de 20 blogs para ver si me venía gente. Y me vino, sí. Y su nombre era SPAM —¿a que ha sonado bíblico?—. Ni un lector entró para quedarse.
El error es mío. Tiene que serlo.
No me voy a poner a patalear y a tener una rabieta y a odiar a la humanidad y a decir que todo el mundo es inculto y que no se hizo la miel para la boca del asno y soplapolleces egomaniacas por el estilo. Algo estoy haciendo mal. El qué, no lo sé. Tal vez es que sigo con demasiada precisión el Manifiesto del Mal Bloguer. Tal vez quiero abarcar un público demasiado amplio y mal definido.
¿Qué es lo que yo quiero?
Lectores, vale.
¿Cuáles?
Pues teta y sopa. Y a la vez. Y muchos. Porque esos son los lectores posibles de Politeísmos —¡compra Politeísmos, novela de gran éxito de Álvaro Naira, cuando salga a la venta en tu librería!. Quiero aficionados a la literatura fantástica de toda ralea —incluso a los que les mola la Dragonlace—, quiero chavales de quince años, quiero roleros, friquis y góticos. Quiero personas que se disfracen de los personajes, gente capaz de sentir y emocionarse y partirse la boca por una frase, por una idea, por una escena, como yo lo hago. Pero quiero adultos también; quiero lectores exigentes. Quiero devoradores de calidad. Quiero enfermos de literatura. Quiero niños desde los seis a los sesenta años, como dijo Exupéry, Carroll, Dalh, o Barrie, que ahora no caigo —aunque en mi novela se folla demasiado, pongamos desde los nueve—. Quiero el fandom y el mainstream. Quiero estar en el género y fuera de él. Quiero hacer reír y llorar. Quiero ser un escritor fácil y uno difícil. Quiero vender una obra de culto sólo apta para iniciados y un best-seller —hay que vender ALGO o no te vuelven a publicar jamás. Cantad conmigo: “primera novela no vendida, autor enterrado en vida”—. Lo quiero todo.
Pero no me lee ni un alma. Apenas ha habido dos o tres lectores desconocidos que han expresado su deseo de leer mi novela cuando salga a la venta.
¿Es un fracaso?
Pues no. Es un triunfo.
Tres lectores son más que ninguno. Si tengo que ganarlos así, así los gano. Ahora bien, si alguien conoce una forma mejor, estoy dispuesto a escucharla.
(No. No pienso ir al programa de Sánchez Dragó. Primero, porque no me abrirían la puerta. Segundo, porque creo que ya no existe —yo siempre a la última—. Tercero, porque lo mismo me daba el impulso atávico de colocarle las gafas en su sitio de una forma algo radical.)
Desde el faro, siempre (nunca la imagen fue más apropiada),
Al.
Álvaro Naira © 2007












Álvaro Naira dijo
Y... todo el post de arriba es una puta mentira fruto de la noria, que ya subió.
Porque lectores tengo. Pocos.
Pero de los buenos.
Gracias a todos.
12 Abril 2007 | 12:23 AM