La Coctelera


8 Abril 2007

El jarrón (Parte II). (Mercado editorial III.)



Estimados lectores,

Estoy vacío como un jarrón. Comencé la novela en abril del año pasado, si no me equivoco (no sé el día exacto, y mira que me gusta llevar las cuentas). Ha pasado un año increíble, magnífico, irreal, de estar en otro sitio, de vivir en otra parte. Dentro de Politeísmos¡compra Politeísmos, novela de gran éxito de Álvaro Naira, cuando salga a la venta en tu librería!—. Quien no haya escrito nunca no sabe lo que es eso. Te levantas pensando en la novela, desayunas con los personajes, te duchas con ellos, vas en metro acompañado por su presencia, escuchas la música con la que escribes, trabajas con ellos en la cabeza, te acuestas con ellos y te duermes con ellos. Y, por supuesto, sueñas con ellos.

Y ahora, se acabó. Tanto trabajo y tanto esfuerzo que depende tan sólo de que una editorial me abra la puerta. A la espera. Todas mis ilusiones, todas mis esperanzas, están en manos de que algún becario tenga un buen día y agarre el original y se lo lea. Puede ir derecho a la papelera. Puede que coja al azar, pille una página poco aparente y no siga mirando. Puede que la empiece y la deje. Puede que no le guste. Puede que ni la abra.

Ya que el modo autodestructivo-on no es excesivamente entretenido, yo me dedico a fantasear. Pienso en lo que pasará cuando se cumplan los tres meses y llame a Alfaguara para tener mi respuesta, porque, francamente, dudo que me la den directamente ellos. Llamaré, y preguntaré por la novela. En mi cabeza, ellos me dicen:

“¿Pero usted quién es?”.

Y yo respondo:

“Nadie. Yo no soy nadie”.

Y cuelgo.

Luego envío a Anagrama. Imagino que se la leen. Detallo mentalmente el proceso. Me llaman para una entrevista. Me dicen que les ha gustado. Pido día libre en el curro y me voy a Barcelona. Y entonces, hablamos.

“Sí, nos parece una novela interesante. Podríamos considerar un contrato. Verá, tendría que realizar una gira por España y unas veintisiete entrevistas y media. ¿Tiene usted un book?”.

“¿Un book? ¿De fotos? ¿Como las modelos”.

“Exactamente”.

“No, verán. Es que tengo fotofobia, como los vampiros. Lo del flash de las cámaras me da alergia”.

“Qué tontería. Pues usted me dirá cómo rellenamos la maquetación del sitio en que va la cara de los autores”.

“Pueden poner un smiley. O una foto de mis perros. Es que yo no quiero salir a la palestra. Quiero que me lean. Sin más. No quiero nada que tenga que ver con hacer el capullo. No quiero conceder entrevistas, no quiero hacer giras ni firmar libros”.

“Pues es que una editorial debe promocionar a los autores”.

“Ya, bueno. Pero yo prefiero que se promocione la obra”.

“Mire que es usted especialito. ¿Tanto le asquea el contacto con los lectores?”.

“No, hombre. A mis lectores los adoro. Todos ellos podrán hablar conmigo en la bitácora, o en el canal de IRC. Y todos los días, si les da la gana. Yo respondo. Además, soy el primer friqui de mis textos. Cuando hagan la peli, iré disfrazado. Lo que me da asco es el mercado. ¿Me explico?”.

“Perfectamente. Ya le llamaremos”.

En ese momento, mis pronósticos se salen de tiesto. Empiezo a pensar en mandar la novela a editoriales juveniles y de fantasía. Me imagino que envío a SM. Se la leen, y me llaman:

“Buenos días. Verá, hemos recibido su novela”.

“¡Oh! ¿Les ha gustado?”.

“No es esa la cuestión. ¿Sabe usted qué significan las siglas de nuestra editorial?”

“¿Sisebuto Martínez?”, aventuro yo, pillado por sorpresa.

“Santa María”.

“Oh”.

“Oiga, ¿de verdad creía usted que Politeísmos encajaba en una editorial juvenil cristiana?”.

“Hombre, pues no. Pero juvenil empieza. Tiene niñatas en la edad del pavo, sex, drugs y música siniestra. Y del cristianismo, habla. Mal, pero lo hace”.

“Ya. ¿Y en qué colección, según su elevada visión de las cosas, deberíamos publicar Politeísmos?”.

Yo medito.

“En SM serie roja, tal vez. Para mayores de catorce años. Los críos están muy espabilados”.

“Claro”.

La voz resopla. Me va a colgar. Tengo que ser rápido.

“¿Qué tal si crean una nueva colección? ¡SM serie negra, joder! ¡Para mayores de veinte años! ¿No le parece una buena idea?”.

Intento colgar velozmente, por aquello de decir siempre la última palabra.

Lo siguiente sería ir a Martínez Roca.

“Sí, si nosotros se la publicamos. Pero debe llamar a sus personajes con nombres de fantasía. O que parezcan históricos. Da igual que no lo sean; basta con que lo parezcan”.

“¿Qué tienen de malo los nombres de Álex, Paula o Fran?”.

“Nuestros lectores lo leerían si se llamaran Alesán de las Estepas Sombrías y Palanora de los Montes de la Perdición Maldita”.

“Sí, y Froilán de Todos los Santos. ¿No le parece que no encaja en Madrid eso?”.

“Claro. Debería ambientarlo en el planeta Reticulín, con tres o cuatro lunas mínimo”.

“Ya. ¿Y bajo la influencia de una de ellas, Alesán de las Estepas Sombrías se convierte en licántropo y se lanza al monte a asesinar paladines y hechiceras?”.

“Precisamente. Aunque también puede ambientarlo en Madrid, pero en el siglo XIII, por ejemplo. En portada podemos hacer un photoshop con alguna de Conan”.

Con Minotauro la conversación sería breve:

“Nos viene como anillo al dedo su obra. Tras Gothika de Clara Tahoces, estábamos pensando en ampliar el mercado a los licántropos”.

“¿Pero ustedes se la han leído?”, pregunto yo.

“No, con la sinopsis nos vale. Salen góticos, ¿no?”.

En ese momento, yo cuelgo.

Desesperado, envío a Timun Mas. Me piden que cambie el título. Debo llamarla “Matagóticos”, a juego con las colecciones de Matatrolls, Mataskavens, Mataorcos y Mataperritos de las praderas. Y crear un juego de rol a su medida. No tengo nada en contra de la creación de un juego de rol, claro. Pero es que es engañar a los lectores; en mi novela no se matan góticos. Ah, no. Esperad un minuto que piense... Vale, habrá que enviar a Timun Mas. Se acabaron las dudas.

Así ocupo mi tiempo. No recibo respuesta de Alfaguara, así que fantaseo. Y veo, clarísimamente, que Politeísmos no tiene mercado. Lo abrirá si se publica, pero me temo que ahora mismo no hay sitio donde encaje. No es realismo: no entra en las editoriales grandes y severas. No es fantasía; en las editoriales de subproductos roleros no se acopla. No es juvenil; pero sí empieza así. No sé qué es. Bueno, sí que lo sé. Es fantasía realista.

Y al borde de la caída desde la noria, pienso: la subiré a internet. Si en ninguna parte funciona, que esté en libre circulación.

Ya. Claro. La gente se lee novelas de trescientas páginas en la red. ¡Joder! Si no os leéis ni mis posts cuando pasan de la página... Y además, no sé, me gustaría ganar dinero. Llamadme burgués. Pero he trabajado como un animal. No sabéis el trabajo que lleva. Eso, de alguna forma, hay que compensarlo. Más dinero, menos curro absurdo, más tiempo para escribir, más novelas. Es un buen trato.

Estoy vacío como un jarrón. Y no puedo llenarlo con nada. Hace años escribí un relato hiperbreve sobre jarrones malísimo. Hablaba de la posibilidad de crear. Ahora, el jarrón está hueco. Se ha roto. Ni jarrón hay. No debo empezar a escribir otra novela en este momento. No puedo perder el foco; estoy intentando colocar ésta.

No tengo ni ganas de escribir aquí.

Desde el faro,

Al.

Álvaro Naira © 2007

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The Watcher

The Watcher dijo

Ay, Naria, cómo te mola, ¿eh? El rollito de escritor maldito a lo Rimbaud o Baudelaire. Álvaro Naira, autor de la obra más inclasificable de las letras españolas. ¿Suena bien? ¿Te pone? Pues no te flipes. Novelas más raras se han publicado. Lo sabes mejor que yo.

Es cuestión de tiempo. "Oh, Alfaguara no me ha contestado al día siguiente de haber enviado, qué desgraciado y qué maldito soy". A todos nos hubiera gustado que la novela hubiera llegado Alfaguara, algo en el título hubiera llamado la atención del encargado de leerse el material enviado, la hubiera abierto, y al leer la primera línea, y tras tener un orgasmo múltiple, hubiera dicho: "¡¡¡Dios!!! ¡¡¡Tenemos que publicar esto como sea!!!", y te hubiera llamado ofreciéndote un cheque en blanco. Pero sabes que eso no va a así. Yo lo sé porque tú me lo has contado, así que no desesperes porque, aún quedan setenta y cuatro días para que se cumpla el plazo normal de respuesta. Mientras, fantasea, faltaría más, escribe posts como éste, sigue trazando la carretera intermedia entre la autopista del friquerío y la autovía que lleva directa a la Alta Literatura (sin peaje ni nada). Es un camino difícil, el más difícil, pero siempre el más reconfortante. O, en tu caso, el único que puedes tomar. Porque te conozco y sé que no puedes quitar ni una sola piedra de tu camino sin sentir que te estás traicionando. Pero, como escribió Borges citando a los estoicos (Fijaos, he llevado la pedantería a un nuevo nivel de sofisticación, citar una cita de una cita), "la puerta de la cárcel siempre está abierta". Así que arriba ese morro, vista al frente, y a seguir caminando. Llegarás al final. Estoy convencido de ello, y no por la calidad de la novela, que eso hasta daría igual, sino porque es imposible que tarde o temprano un editor no se dé cuenta de la increíble bomba que tiene entre manos, una novela con unas posibilidades de explotación comercial infinitas. Las famosas tarteras con tu animal interior, Politeísmos, la película (prométeme que cuando la estrenen dirás lo que dijo Alan Moore de From Hell, que ya la verás en vídeo), Politeísmos, el juego de rol, Politeísmos, el video juego. Hasta Politeísmos, la película porno. Sin olvidarnos de las action figures con movimientos especiales, como los del pressing catch.

Un saludo.

13 Abril 2007 | 01:43 PM

Álvaro Naira

Álvaro Naira dijo

Me he partido el culo con tu comentario, The Watcher. Sólo que lo sepas.

13 Abril 2007 | 06:07 PM

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alvaronaira

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Autor del limes; siempre en la delgada línea entre la alta literatura y el pulp. Decidió, en medio de un delirio provocado por las drogas, que iba a ser el único escritor que contara historias fantásticas haciendo uso de todos los recursos sublimes y exquisitos de la Literatura Con Mayúsculas —habría tenido mucho más éxito al contrario, narrando gafapastadas en un estilo mediocre y bestsellario—. Cuando tomó tal camino único y propio y resolvió abrirlo a dentelladas, seguramente aún no había leído a Cortázar o, si lo hizo —otorguémosle el beneficio de la duda—, consideró que el maestro no se mojaba lo bastante, que no hundía los puños en el fango de la fantasía más salchichera y cutre para bruñirla en la cochura a fuego lento de su prosa preciosista y convertirla en una porcelana chinesca. Álvaro Naira es un fracasado por elección, lo cual es todavía más triste que ser un pelagatos a secas: escribió una novela, una editorial se la aceptó pero le ofreció un contrato leonino, así que se sintió ultrajado en su delicadísimo ego y la sacó en Lulú, donde nadie la lee, ni la compra ni nada, lo cual le satisface plenamente. Actualmente se encuentra en retiro espiritual en una cueva del Tíbet, con la única compañía de un ejemplar de las Psicomagias de Jodorowsky —al que no soporta— y ortigas como desayuno, comida y cena. Fruto de tales ejercicios ascéticos, ha parido un segundo libro, entre exclamaciones de eureka y albricias. Espera fervientemente que éste tenga tanta repercusión como el anterior; para ello, ha puesto todos los medios a su alcance y ni siquiera lo ha autoeditado ni sacado de su disco duro para que haga la ronda entre los amiguetes. Antes mostraba su desprecio por la literatura intelectual y el realismo en un hábil juego intertextual —ya que éstos son los géneros que más le satisfacen desde siempre—, y se presentaba como tocapelotas y cínico. En realidad no era más que un niñato un pelo irónico y corrosivo: téngase en cuenta que la ironía es una de las bellas artes; el cinismo una enfermedad terminal. Hoy en día, a tenor de la experiencia que ha ganado y de lo mucho que detesta a la especie humana —desprecio que, bien entendido, comienza por uno mismo— se puede considerar, sin temor a equivocarse, un auténtico cínico. O un enfermo terminal: ustedes deciden.








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