Lances y peripecias de Escritores Oscuros. (Mercado editorial II).
Hoy, para que no os aburráis, no os voy a hablar de mí. No os voy a contar mis aventuras porque carezco de ellas. Vamos a hacer un parón en la vida, obra y milagros del autor de Politeísmos para narrar una de las mayores vergüenzas del mercado literario, ya a la venta en vuestra librería. Desgraciadamente, estoy cogido por las pelotas y no puedo daros todos los detalles; más que nada, porque si pongo en la bitácora nombre y apellidos de los implicados, título de la novela y página de la editorial a la que me refiero, mi follamiga me mataría. Y con razón, porque ella está en el ajo. Es una de las víctimas, y lo que menos desea es que se le dé publi a esta mierda. A mí que me denuncien me vendría de la hostia de bien. ¡Publicidad!
Precisiones lingüísticas.
[Iba a encabezar el post con “Negro editorial. (Mercado editorial II)”, porque os voy a hablar de la figura Nunca Suficientemente Bien Ponderada del negro en la literatura, aquél cuyo nombre jamás se conoce, cuya identidad no sale a la luz. El que sostiene los pilares de la escritura de otros. El que vive tras la máscara. El grande. El único.
El negro editorial.
No me he corregido por motivos Políticamente Correctos, respirad tranquilos. Se llaman negros editoriales porque son esclavos de otros. Yo no lo he inventado. La historia es la que es: borrándola sólo conseguimos repetirla.
No me toca los cojones utilizar los términos que se emplean y los que figuran en el diccionario, estén más o menos connotados. Sí me joden, y mucho, los eufemismos. ¿Por qué? Porque utilizar una palabra en lugar de otra, no llamar al pan pan y al vino vino, por más que algunos se echen las manos a la cabecita, supone, mentalmente, considerar que la realidad que designamos es “mala”, y para no ofender a nuestro interlocutor la disfrazamos. “Hombre de color”. ¿De cuál? ¿Verde? O peor aún: “negrito”. Puto paternalismo colonial, joder. ¿Hablamos acaso de un rubito o un blanquito? Por debajo de esa mentalidad, Escuadrón de lo Políticamente Correcto, está la consideración de que ser negro es algo reprobable y hay que suavizarlo con el léxico. Pues que les jodan.
Así que no he titulado el artículo “Negro editorial. (Mercado editorial II)” porque me subía un escalofrío desde el cóccix a la médula ante la reiteración de la palabra “editorial”, ya que llevo tres semanas dedicándome a pulir mi novela de esos engendros que se le escapan a uno cuando escribe bajo los efectos del alcohol y de la noria, se cree el puto amo y decide que corregir es algo que hacen los mediocres y no los Genios, a los que les sale solita y sin pensar una novela entera de doce mil términos distintos de vocabulario —hablo de Cervantes, claro—. Los textos deben comerse como los bizcochos: calentitos, salidos del horno, no te jode. Pero mi mamá me enseñó de pequeñito que la bollería recién horneada era indigesta, y cuánta razón tenía.
Las cosas hay que tomárselas frías. Así que corrijo, corrijo y corrijo Politeísmos. Me está llevando más meses corregir que los que tardé en escribirla. Y está terminada. Estoy hilando MUY fino. Tal vez sigo, en parte, porque estoy acojonado. Os lo admito.]
Peripecias de una negra editorial (en los dos sentidos).
Nuestra historia comienza como todas las grandes historias lo hacen.
En el infojobs.
Creo que fue en mayo del año pasado. Ahí estaba el anuncio: “Se necesitan escritores”, sin más, como la contraportada de la última novela de Palahniuk. Era sugerente y llamativo. Parecía el sueño de todos: hallar un anuncio por palabras que te ofrezca lo que más deseas. Que las cosas llamen a tu puerta. Que la montaña vaya a Mahoma. Mi follamiga, que por aquel entonces no ostentaba la primera parte del título, me avisó diciéndome:
—Álvaro, yo voy a apuntarme. Apúntate tú también.
A mí se me revolvió todo el contenido del estómago, pero además me entró la risa.
—Mira, esto va a ser para escribir anuncios por palabras, o algo de publicidad. O para recensiones de revistas. Ni de coña buscan autores nuevos para publicar. Lo dirían.
Y ella replicó:
—¿Qué más dará? Te cogerían fijo. ¿No tienes tú los cojones de poner en tu currículum “Alto nivel de redacción”? —solté la carcajada, pues sí, lo pongo y en negrita—. Yo creo que es para hacer reseñas. Pelas siempre faltan.
Por aquel entonces me faltaban más que ahora, es cierto. Pero algo dentro de mí me decía que no, que no se trataba de comentar libros en sórdidas revistas de derecho o medicina. No. El olfato escriturario se encendió, parpadeó en rojo y comenzó a pitar de manera intermitente. Estaban pidiendo negros para escribir novelas en nombre de otro. No me preguntéis cómo lo sabía.
Decliné la invitación. Más que nada porque estaba dentro de Politeísmos —¡compra Politeísmos, novela de gran éxito de Álvaro Naira, cuando salga a la venta en tu librería!—, escribiendo como un loco, y jamás debes abrir el abanico mientras lo coses, que lo mismo se te rompe y te quedas con las varillas en la mano. Ella sí respondió al anuncio, y le pidieron que mandara un relato. Ahí mi alarma subió unos cuantos decibelios, pero me callé la boca. Lo envió, pensando que nunca la cogerían —cándida—, y la citaron para una entrevista en un hotel pijísimo, con un salón privado presidido por una mesa de tonterías de cátering para quedar de interesantes. Desgraciadamente, mi follamiga no llevaba una buena mochila o grandes bolsillos de Mary Poppins. Yo sí sabría qué haber hecho con tal despliegue de manjares —hasta botellitas de champán me contó que ornaban la mesita de los cojones, si no recuerdo mal—, claro que yo tengo mucha jeta y me molesta que me intenten impresionar. Cuando la entrevistaron, le dijeron que había pasado la primera criba. Que tenían a más de doscientos candidatos.
Mi imaginación se disparó al tiempo que mi alarma, y lamenté no haberme apuntado. Porque mi mente calenturienta ya imaginaba una villa Diodati —aquella en la que estuvo Milton, aquella en la que se quedaron encerrados Byron, Shelley y Polidori, donde nació el monstruo de Frankestein y el vampiro tal y como luego lo desarrollaría Stoker—. Sí, eso andaba yo pensando, pero con cámaras, lo juro. Una operación mediática. Un 1984 para intelectualoides, grabado y pagado por La 2. Un montón de escritores encerrados en una casa, enloquecidos, escribiendo, bebiendo y follando, fumando sin parar, drogándose, leyéndose sus textos en voz alta, volviéndose locos, automutilándose, pintando las paredes con sangre y con esperma. El premio: publicar. Me repugnaba la idea —no dejaba de ser una puta Operación Triunfo, joder—, al tiempo que me excitaba.
Los acontecimientos se precipitaron. Le dijeron que estaba dentro y que debía desplazarse un fin de semana a la remota Isla de los Bienaventurados, los Campos Elíseos, las Islas de la Fortuna, el Jardín de las Hespérides, Finis Terrae, el Paraíso de San Brandán. (No la nombro para no precisar, pero mis avezados lectores ya sabes de qué lugar hablo, por supuesto.) Tras diversas peripecias en que le entró mieditis, carreras por el aeropuerto y mucha incertidumbre, embarcó. Todo resultaba misteriosísimo. ¿Para qué tenía que irse al culo del mundo? (Mentira, el vuelo fue breve y no doy más datos, coño ya.) Todos los gastos pagados. La cosa olía fatal, y yo me quedé con el corazón en un puño, aunque parezca una cursilada. Le habían dicho —verídico— que detrás de esta campaña había MUCHO dinero y un escritor MUY MUY famoso. No sé por qué me olió a Benítez. Mentira: era mucho más sórdido. Le dijeron que les darían sólo los personajes y la situación, que escribirían cada uno de los contratados —no firmaron nada— una novela que formaría parte de una saga y que saldría con sus nombres y con el del escritor MUY MUY famoso, como coautoría. En el autobús, los elegidos empezaron a hablar, cosa que tal vez no esperaba la oscura empresa editora. Resultaba que a cada uno de ellos le habían dicho cifras distintas de la criba, de lo cual concluyeron que ellos eran los ÚNICOS que respondieron al anuncio. Había tías, pero también tíos, y de diferentes edades, así que su primer saludo fue: “Parece que esto no es trata de blancas. ¿Será comercio de órganos?”, delante de los asombrados ojos de las personitas encargadas de la Editorial Fantasma, a las que denominaremos Pim, Pam y Pum, para no perder a nuestros lectores. Pim era un siniestro personaje al que rápidamente nuestros intrépidos protagonistas le dieron el papel cinematográfico de “El que pone las pelas”, “El que necesita librarse de dinero negro”, “El escritor frustrado que dice ser MUY MUY famoso”. Y demostró que el rol le convenía, porque pagó unas copas con un billete de quinientos euros, ante la actitud chusca y comprensible del camarero, que se partió de risa en su cara, dejándolo corrido de vergüenza e indignado.
Anécdota: se llevaron hasta el hotel a un tipo que ni siquiera era escritor, sino turista. Eso es organización. La respuesta del infiltrado al “Mañana nos levantamos temprano para hablar de los personajes” fue: “Mañana tú puedes hacer lo que te salga de los huevos. Yo voy a alquilar un coche y visitar la isla”. Magnífico. Es lo que debería haber hecho mi follamiga. Pero no.
Ella partió a lejanas tierras para que le hablaran de unos personajes vacíos y gillipollescos, que no valdrían ni como protagonistas de los Fruitis, y le dieran un lamentable texto de ejemplo del autor MUY MUY famoso, indudablemente escrito con el boli encajado en una fosa nasal saturada de cocaína —no se justifica de otro modo que estuviera peor redactado que una novela de Dan Brown, y hasta con faltas de ortografía— y una ciudad al azar en la que ambientar el libro de la saga que le tocaba. Una de las perlas de la reunión a la que tuvieron que asistir nuestros negros editoriales fue la siguiente: “Una novela se desarrollará en el tren *** porque la gente viaja mucho en el tren ***”. Claro que sí. El mejor argumento que he oído en mi puta vida. Acaban de darme la Idea Magna de ambientar una novela entera en un váter. Claro, los lectores se sentirán todos identificados, ¿no os parece? Todo el mundo caga, ¿a que sí? Y otra cita aún mejor: “Los personajes A y B tienen un enamoramiento semejante al del Quijote y Dulcinea”. Dos cojones. Voy a comparar yo la trágica vida incomprendida de Tinky-Winky con la de Raskolnikov, ¿no os parece?
Pero escribieron todos. Hicieron todos su novela. Y parece ser que a todos se la rechazaron. Nadie vio ni un duro, sólo un viaje gratis, un fin de semana psicodélico y absurdo, completamente surrealista.
Hoy he visto un cartel en el que se anunciaba una de las novelas de esta saga. Mi follamiga dice que no tendrá trozos suyos; yo estoy por apostar a que hicieron la coctelera con todas.
Juzgad vosotros si es o no es una vergüenza.
Desde el faro,
Al.
Álvaro Naira © 2007










Aguaraguazu dijo
Solo añadir que si, que una de las afortunadas pasó la primera criba de manuscritos y la volvieron a citar para darle mas datos (el tio se baña a tantos grados centigrados y no es coña) porque su novela les encantaaaaaaaaaaaba. La rehizo con las sugerencias, incluso metio nuevos personajes (aparte de los "novedosos" comisario, detective y mayordomo requeridos y tampoco es coña, ojalá) y le ofrecieron un mesecito en la isla gastos pagados en hotel de lujo y un kilillo de las antiguas pesetas por el esfuerzo. Ella se negó pero recibio todas las alabanzas (que fueron muchas) con media sonrisa de "me lo pensaré".
Un par de meses despues y acercandose la publicación, esa chica volvio a llamarles para enterarse de si al final contaban con ella o aceptaban el "me lo pienso", pero los telefonos ya no existian. Mando un mail a una de las muchas direcciones que iban dando (otra coña mas, el "director" de la campaña cada vez aparecia bajo una variacion distinta de su nombre, nuevo segundo apellido, nuevo nombre compuesto y mismos apellidos, en fin... todos descocojonados por mail con las novedades).
De pronto van y le contestan que ya no les gusta y lo que es mas, que nunca les gusto pero que les daba pena por la reciente perdida de su padre (fue su madre y eso si que es una vergüenza, junto con todo lo demás)... asi que aunque ninguno gastará un mal duro en ese bodrio que se anuncia, ya veremos si se parece en algo a lo que ella escribio. Solo podremos "suspirar" "¡que hermoso!" como cierto personaje al observar una escena bollera entre presas, esto es de una de las novelas ya cosidas que dejaron ver... ¿que hermoso? siendo realistas, a mi me la pela como deberia hacer ese personaje siendo fieles al mundo real... Al menos el buen recuerdo de las risas del viaje no me lo amarga nadie, de momento...
Gracias por la defensa, sigo diciendo que tenias que haber venido, al menos si me van a follar viva, que me guste, :P
14 Marzo 2007 | 10:46 AM