Punto muerto. (Mercado editorial I).

Sí, joder. Lo sé. Estoy actualizando una vez por semana. Lo siento. La verdad es que tampoco tengo mucho que contar. Veréis; estoy en punto muerto. He enviado los tres primeros capítulos de Politeísmos a una compañera de trabajo de una amiga que se dedica a la autoedición, no para que me autoedite —como no venda mi cuerpo a la ciencia no me pago una autoedición, además de que es un entierro en vida: si sacas doscientos ejemplares de una novela, olvídate de publicar de verdad para los restos: no hay peor carta de presentación que un libro publicado que NO se ha vendido—. Lo que quiero es que me explique qué debo hacer para que en una editorial mi manuscrito —treinta y siete euros imprimirlo y ponerle espiral metálica a espacio simple, y hay que hacerlo a doble espacio— no vaya derecho a la papelera.
Así que espero. Yo no sé nada del mundo editorial. No soy hijo de nadie, hermano de nadie, primo, tío segundo de nadie. Soy el ex compañero de habitación del primo del sobrino del hermano del padre de alguien —¿de dónde es la cita, friquis? Una pista. El otro responde: “¿Entonces tú y yo somos...?” y le contestan: “Absolutamente nada”—. Pues yo, lo mismo. Sólo soy yo, escribo, creo que más que razonablemente bien, y quiero publicar. Pero no quiero gastar el dinero a lo tonto, que no me sobra.
Me he tirado toda la semana leyendo en voz alta Politeísmos. Tengo una faringitis impresionante. He cazado rebuznancias y reiteraciones, me he destrozado la garganta, he reído, he gritado, he llorado y he follado cuando los personajes lo hacían. Mis colegas se dedican a evangelizar sobre el libro, y la gente me dice que debo hacer un book, como las modelos, con cachos de la novela, de la bitácora, algún cuento, cosas sueltas que tenga. Y fotos de Alvarito de frente, de tres cuartos, por delante y por detrás, no te jode. Es asqueroso cómo funciona esto. Mercado. Optimizar el tiempo. Conseguir ganancias. Novedades cada minuto. Libros basura. Literatura de usar y tirar, como los pañuelos.
La cosa es simple: tengo una novela. Quiero publicarla. Me vendo a la editorial que tenga mejor distribución, dentro de las que me abran la puerta.
No sé por dónde empezar. Cogí con mucha vergüenza de la biblioteca la Guía del escritor aficionado y profesional de Fuentetaja, sólo para concluir que para decirme obviedades también me vale una tirada de tarot en el Retiro.
Esto tiene que salir. Si no es de una forma, será de otra. Si en todas las editoriales me mandan al carajo, la transformaré en guión y empezaré a dar la vara a las productoras —es un libro profundamente cinematográfico—. Si en todas las productoras se ríen de mí, la fotocopiaré y la depositaré en los buzones, como Henry Miller en Trópico de Capricornio.
Politeísmos tiene que publicarse. Y no porque sea mía. Eso me la fuma. Si fuera necesario para que saliera, me empleaba de negro editorial y que le ponga el nombre otra persona. No quiero la fama, no quiero la gloria y no quiero estar yo ahí. Tengo miedo escénico. Soy misántropo.
Tiene que salir no para que yo gane dinero y pueda fumar un paquete de tabaco al día (bueno, eso ya lo hago: dejémoslo en dos). No para que me compre una pantalla de plasma. No para que acabe de pagar los plazos del portátil con desahogo. No.
Tiene que salir porque es buena.
Tiene que salir porque puede tener éxito. Porque, igual que a mí me ha cambiado la vida, igual que se la ha cambiado a muchos amigos míos que la han leído —y es la puta verdad, y pueden decirlo, que si lo digo yo parece que me estoy echando flores, hostia—, puede cambiársela a otras personas.
Yo ya me había rendido. Yo no escribía ya. Yo consideraba que era un sueño gilipollas, igual que cuando de pequeño quieres ser bombero. Entonces apareció Álex —el personaje protagonista, el lobo feroz de la novela, el hijo de la gran puta con los cojones cuadrados—. Llegó, me dio dos hostias, me tiró al suelo, me puso las botas New Rock en la tráquea y me dijo: LUCHA, JODER. Porque dentro de los muchos mensajes de Politeísmos —destaquemos el Save the planet, kill yourself— está también ése.
Lucha.
Sabréis antes que nadie cuál es la primera respuesta. Voy a enviar, en cuanto me digan cómo, primero a Ediciones B colección Nova, a Minotauro, a Martínez Roca y a Valdemar. No, no es exactamente una novela de fantasía. No lo es, joder. Y ése no es su sitio. Por eso también voy a enviar a Anagrama y a Lengua de Trapo. Y después, a las otras setenta que tengo apuntadas. A la vez. Que me digan que no. Quiero el no. Quiero empapelar mi pared con sus cartas. Quiero podérselas restregar algún día. Cuando salga. Cuando la gente juegue, como yo lo hago, como lo hacemos todos, lectores del Comité de Corrección de Primeras Pruebas, a Politeísmos. A buscar a la bestia que llevas dentro. Ser un predador, ser una presa, un carroñero. Ser fiel a su comportamiento. Comer, cazar y aparearse.
Sólo estoy esperando a que me den la salida. Entonces, a correr.
A cuatro patas, siempre.

Desde el faro,
Al.
Álvaro Naira © 2007










The Watcher dijo
"Porque, igual que a mí me ha cambiado la vida, igual que se la ha cambiado a muchos amigos míos que la han leído —y es la puta verdad, y pueden decirlo, que si lo digo yo parece que me estoy echando flores, hostia—, puede cambiársela a otras personas."
Doy fe.
4 Marzo 2007 | 08:40 PM