¡Compra Politeísmos, novela de gran éxito de Álvaro Naira, cuando esté a la venta en tu librería!

Yo aquí he venido a hablar de mi libro.
Así que hablemos de Politeísmos.
Politeísmos es una novela de fantasía realista, urbana, sucia y contundente, con una mitología elaborada de tipo chamánico, que da una vuelta de tuerca al tópico de los licántropos. La acción se desarrolla en el Madrid de finales del siglo XX y mezcla el realismo cotidiano con la fantasía desbocada, introduciendo los elementos sobrenaturales poco a poco, sin forzar nunca la credibilidad del lector y cruzando dos géneros de manera gradual. Los personajes trabajan en lugares auténticos, salen por bares que existen, pasean por parques que puedes visitar y se sientan en bancos en los que tú puedes sentarte. Compran preservativos en la farmacia y tabaco en el estanco.
Y llevan divinidades animales dentro que luchan por acabar con el alma humana.
Politeísmos es una novela de fantasía. Pero no es una novela de fantasía con orcos, elfos y bolas de fuego. Es una novela de ciencia-ficción. Pero no es una novela con naves, pistolas láser y seres de otros planetas.
Está en la delgada línea, en el punto en el que se tocan realidad y ficción; el punto en el que, si estiras las yemas de los dedos, puedes llegar al cielo, pero con los pies firmemente asentados sobre la tierra. Es una novela de contrastes entre lo más bajo y lo más alto. Se muestra con cinismo y humor la vida cotidiana de adolescentes que pertenecen a la tribu urbana de los siniestros, que juegan con espiritismos, toman drogas y practican el sexo, y se relata también el momento en que otros personajes se acercan a la crisis de los treinta años, se plantean si se han dejado domesticar por la vida, lo que han dejado atrás, lo que eran antes, lo que querían ser, lo que han perdido, lo que harán de ahora en adelante.
La acción comienza en un garito siniestro, en el que el protagonista, completamente borracho, se liga a una niña de instituto. El hilo conductor de la novela tiene veintiséis años, un mal carácter antológico, la boca muy grande y una sinceridad a prueba de escrúpulos —si le preguntan, dirá lo que piensa y no le importará lo más mínimo que la opinión destroce a su interlocutor de por vida—, viste de negro de la cabeza a los pies y es un hombre profundamente religioso. Álex —así se llama— es creyente; creyente hasta el desgarramiento, y eso le destroza por dentro.
Pero no es cristiano. Tampoco es satánico.
Es politeísta.
Cree en un chamanismo moderno basado en los tótems, animales guía, divinidades privadas, bestiales, que escogen a cada persona. Su dios interior es un lobo. Un grandísimo, violento, jerárquico, altivo, noble y sangriento lobo gris de la tundra.
Un siniestro de veintiséis años embutido en un sobretodo de cuero negro, que fuma sin parar y camina elásticamente sobre botas con remaches de acero, con una sonrisa desagradable estampada en la cara, que cree que es un lobo. Y lo es, por dentro. Si te atreves a discutírselo, puede que te tragues los dientes.
Si le pillas en un buen día, es posible que enarque una ceja, sonría torcidamente, tire la ceniza, se gire en la banqueta del antro, te mire con fijeza y te diga: “Dentro tienes dos almas: una es la humana, la que gobierna a la mayoría de la gente; es la que actúa cuando eres acomodaticio, mezquino y cobarde, cuando esparces tu basura y pudres el mundo en el que vives. Otra es el animal que la combate y la devora. Es la que te hace libre”.
Así engancha a su religión a tres chicas de diecisiete años, que comienzan a realizar ouijas y a ponerse en contacto —siempre de forma dudosa, podría tratarse de sugestión, podrían estar ellas moviendo la moneda— con sus dioses interiores: un zorro, un gato y un cuervo.
La novela tiene adolescentes, adultos, un antihéroe lleno de carisma, destrozado, pero que aún pelea, y un gran gurú argentino. Y dioses. Toda la fauna completa. Lobos salvajes, altivos, magníficos, con las orejas derechas, la cabeza gacha, el collarín del pelo erizado y un gruñido retumbando en el pecho. Hay cuervos agoreros, negriazules y violetas, que llenan el cielo cuando echan a volar en bandada, perros, apaleados y tristes, zorros oportunistas, gatos, coyotes burlones, ciervos extraordinarios con cuernas de un metro y una lechuza blanca y cándida con los ojos azules.
¿Dónde están estos dioses? Están dentro. Todos los personajes llevan los suyos, como una carga y una bendición, en el interior del cuerpo, al tiempo que viajan en autobús, reparten propaganda, trabajan de camareros, comen hamburguesas y se duermen frente a la pantalla del ordenador. Y si ellos, que son tan reales, los tienen, también los puedes tener tú.
Desde el faro,
Al.
Álvaro Naira © 2007


Álvaro dijo
Lectores habituales, disculpas por fusilar, pero ya tocaba volver a hablar de la novela y quiero saber qué os parece como reseña para enviar a las editoriales.
Lectores nuevos, podéis leer los posts originales de los que he sacado sin pudor las frases (qué pasa, yo reciclo) de aquí y aquí.
La imagen de abajo es mi fotomontaje antiquísimo (de cuando acabé el primer arco argumental de la novela) de aquellos maravillosos años (hace siete meses, ni más ni menos).
Lectores del Comité de Primeras Pruebas, que sois más de veinte, agradecería que colgarais vuestras propias idas de tiesto sobre la novela, sin reventar (demasiado).
Lectores esforzados que me leéis sin conocer mi novela, podéis mandarme a la mierda.
Desde el faro, cómo no.
Al.
16 Febrero 2007 | 02:32 AM