¡Construye tu propia breve reseña biobibliográfica! (Play-Doh)

Hay algo que a mí siempre me hace gracia o me crea mala sangre, según el día, y es la imagen del escritor estrella. Ya lo dije hace tiempo en un post, pero me repito: la literatura no le interesa a prácticamente NADIE, así que los figurines que pululan por el mundillo y adoptan gestos interesantes con su cigarrito en mano coquetamente doblada, su melenilla canosa o sus gafas de pasta —y no quiero señalar, que dicen que es muy feo— me provocan lástima, risa y envidia. A partes iguales. Comprendo que toda Editorial Chupi que se precie —insértese un vínculo hacia Planeta, Alfaguara, Anagrama y demás— tiene que sacar partido de sus muchachos y vender sus libros, sus firmas, sus fotos y su marca favorita de papel higiénico, y que seguramente los obligan a posar y que detrás de la sugestiva sonrisa de capullo andarán pensando: “Me cago en tu madre, me cago en el fotógrafo y me cago en el mercado, que yo seré ojituerto, narigudo y tapón, pero mis libros son la polla”.
Se les perdona que ensucien los volúmenes con sus jetas, aunque yo preferiría que apareciera un recuadro negro o un smiley en la contraportada, harto más sugerentes que las caras de los personajes a los que leo —salvo la de Lovecraft, todo un cuadro expresionista en sí misma— pero por lo que no paso es por las breves reseñas biobibliográficas, que ésas las autoriza el artista y seguro que algunas incluso se las escriben ellos, temerosos de que el chupatintas de turno ensucie su limpísima vitae. Oscilan entre lo soso intrascendente —¿a mí qué coño me importa si el autor está casado y tiene cachorros o si es gay?— y el obsceno cacareo de autobombo y platillo, que mire usted que el escritor X es el más importante del siglo y que sus X obras han renovado el género-siempre-muerto-redivivo de la novela; que hay que ver, se la lleva matando un siglo y la muy puta nunca se acaba de morir—. Así que hoy, por aclamación popular, he decidido escribir mi propia reseña biobibliográfica —hasta el nombre es pedante—, igual que otros escriben sus propias novelas de Dan Brown. Limpiaos los pies en la alfombra antes de pasar al siguiente párrafo.
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Álvaro Naira nació en Madrid el 15 de octubre de 1977, lo que, según los expertos, lo convierte en un Libra, una persona “equilibrada y ordenada, diplomática, encantadora y sociable”. El destino que le deparaba la posición de los astros se truncó trágicamente cuando desarrolló un trastorno de personalidad maniaco-depresivo, que lo transformó en un desequilibrado, un borde y un insociable, cosa que se la pela ampliamente. Escritor precoz y de talento, aprendió a leer con las cajas de los cereales y confeccionó este primer relato con tres años y medio de edad:
“El patito Acena y el pollito Docena fueron a una casa ya entraron”.
Obsérvese la inmensa calidad literaria de su temprana obra, la elección simbólica del nombre parlante “Docena” para la onomástica del pollito —que apunta, connota y remite a las cajas de huevos— y la similicadencia melódica que rima con el calificativo del patito, atrevida maniobra de creación léxica, puesto que la palabra "Acena" es una elaboración propia del autor con la intención de producir desplazamientos significativos y amplitud de resonancias, como ya hizo Unamuno cuando creó su nivola. Nótese también la arriesgada combinación agramatical, evocadora e insinuante, de la conjunción copulativa “y” y el adverbio de tiempo “ya”, cuya fusión crea la impresión fónica de la inmediatez del acto de disponerse a abrir la puerta y, de pronto, encontrarse ya dentro de la casa, parábola de las prisas de la sociedad contemporánea y de la angustia del hombre que lucha contra el sistema.
Aficionado a la literatura fantástica desde la juventud, poseedor de la colección de Sandman en siete formatos distintos —sin ningún número repetido—, de una réplica del Anillo Único en latón, unos polígonos recortables de Planilandia y un fluorescente en el baño al que cariñosamente denomina "sable láser", estudió Filología Hispánica por hacer algo con su vida en un momento de gravísima debilidad mental. El conocimiento de las obras cumbres de la literatura española, en especial del realismo decimonónico, lo traumatizó de tal modo que dejó aparcadas por completo sus aspiraciones escriturarias y se dedicó en cuerpo y alma al noble arte de realizar pajaritas. Un día se levantó y vomitó una novela: Politeísmos, pendiente de las últimas correcciones. Tiene en mente y bocetos al menos cinco novelas más, pero no las escribe todavía porque se encuentra en plena prepromoción de la primera. Vive con sus tres perros en un piso que no es suyo.
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Desde el faro,
Al.
Álvaro Naira © 2007


Al dijo
Ante el abrumador volumen de comentarios exigiendo que explique la procedencia de la foto del smiley, os doy la fuente, que tiene coña marinera: la saqué de
aquí. Busqué la foto más posera de escritor de todo internet para ilustrar el post, y ganó Millás. Se siente, caballero. La próxima vez, a ponerse ante la cámara mostrando el dedo medio, que seguro que nadie te hace parodia.
24 Enero 2007 | 09:31 PM