Iba a añadirlo como comentario en el post de licántropos, pero es TAN bueno que no me he podido resistir a pegaros el vídeo. Así además os entretenéis hasta que os cuelgue el siguiente post de cuatrocientas páginas y media (ya me conocéis).
¿Es una broma? ¿Un videoaficionado espectacularmente bien hecho? ¡NO! ¡Es la última película de Weta Workshop! ¡Sí! ¡Los mismos de El señor de los anillos! Y sí:
Gracias por entrar en mi estacio, veo que te agradó, lo celebro con entusiasmo. Si te gustan este tipo de temas podrás encontrar lecturas en mi blog que seguro te seguirán agradando. Me encantaría que los comentases, yo grabaré el tuyo como enlace para visitarte. Me a gustado tu manera de escribir, muy natural, puede que la mia sea algo más complicada pero es lo que he ido encontrando en varios escritos antiguos, tanto sobre la licantropia, la zoantropia y la hipertricosis antiguamente considerada licantropia y motivo de juicio enquisitorial. Ya pues no me queda mas que decirte, lo demás ya lo habrás leido y si no es así te invito a ello ya que dediqué al tema tres capitulos. un abrazo y espero tu visita nuevamente. Hasta pronto.
Pues mola un huevo el anuncio. Sobre todo, por la hostia contra el cristal. Aunque me da a mí en visión rápida que los lobitos son chuchos husky... Mucho mejor. Qué coño es eso de molestar a una buena manada de lobos para que corran ante la cámara. Puta falta de respeto.
Autor del limes; siempre en la delgada línea entre la alta literatura y el pulp. Decidió, en medio de un delirio provocado por las drogas, que iba a ser el único escritor que contara historias fantásticas haciendo uso de todos los recursos sublimes y exquisitos de la Literatura Con Mayúsculas —habría tenido mucho más éxito al contrario, narrando gafapastadas en un estilo mediocre y bestsellario—. Cuando tomó tal camino único y propio y resolvió abrirlo a dentelladas, seguramente aún no había leído a Cortázar o, si lo hizo —otorguémosle el beneficio de la duda—, consideró que el maestro no se mojaba lo bastante, que no hundía los puños en el fango de la fantasía más salchichera y cutre para bruñirla en la cochura a fuego lento de su prosa preciosista y convertirla en una porcelana chinesca. Álvaro Naira es un fracasado por elección, lo cual es todavía más triste que ser un pelagatos a secas: escribió una novela, una editorial se la aceptó pero le ofreció un contrato leonino, así que se sintió ultrajado en su delicadísimo ego y la sacó en Lulú, donde nadie la lee, ni la compra ni nada, lo cual le satisface plenamente. Actualmente se encuentra en retiro espiritual en una cueva del Tíbet, con la única compañía de un ejemplar de las Psicomagias de Jodorowsky —al que no soporta— y ortigas como desayuno, comida y cena. Fruto de tales ejercicios ascéticos, ha parido un segundo libro, entre exclamaciones de eureka y albricias. Espera fervientemente que éste tenga tanta repercusión como el anterior; para ello, ha puesto todos los medios a su alcance y ni siquiera lo ha autoeditado ni sacado de su disco duro para que haga la ronda entre los amiguetes. Antes mostraba su desprecio por la literatura intelectual y el realismo en un hábil juego intertextual —ya que éstos son los géneros que más le satisfacen desde siempre—, y se presentaba como tocapelotas y cínico. En realidad no era más que un niñato un pelo irónico y corrosivo: téngase en cuenta que la ironía es una de las bellas artes; el cinismo una enfermedad terminal. Hoy en día, a tenor de la experiencia que ha ganado y de lo mucho que detesta a la especie humana —desprecio que, bien entendido, comienza por uno mismo— se puede considerar, sin temor a equivocarse, un auténtico cínico. O un enfermo terminal: ustedes deciden.
la Roja dijo
ostias con las putas ovejas dolly
20 Enero 2007 | 07:22 PM