La Coctelera


8 Enero 2007

El lanzallamas Politeísmos © (a los niños les encanta).

Me han hecho el mejor regalo de no-cumpleaños y de post-Reyes de toda mi vida: un peluche modificado a manita del personaje protagonista de mi novela —¡compra Politeísmos, gran éxito de Álvaro Naira, cuando salga a la venta en tu librería!—, con el cual inauguro oficialmente el merchandising de mi libro.

Es, sencillamente, la polla. La foto desmerece. No me canso de mirarlo. El original es de alguna serie manga chorra —me dijo el nombre, pero no lo recuerdo— reformado de arriba abajo, con la ropa teñida, un abrigo cosido de polipiel, un cigarro realizado en masilla con cubierta de papel y unas botas acojonantemente bien hechas. Sí, unas New Rock en miniatura. Todos sabemos que mi personaje protagonista es, entre otras muchas cosas, un macarra —lo que a mí me flipan las puñeteras New Rock y lo lejos que están de mi economía lo dejaremos aparte—. El muñecote mide unos quince centímetros de alto, y tiene una humilde aportación realizada con mis torpes manos. No, no son las botas. Ya me gustaría ser tan mañoso...

La situación fue más o menos así:

AMIGA REALMENTE HABILIDOSA: —Álvaro, feliz no-cumpleaños. Casi con tres meses de retraso; ya me conoces.
(Alvarito coge la bolsa con cara de “oh, gracias, no tenías que haberte molestado”, notando al tacto perfectamente el peluche y pensando con un bufido: “Un puto muñeco de una serie manga. Joder. La verdad es que me haría más ilusión un chuluche —peluche de Cthulhu—. Al menos espero que sea el Ikki de Caballeros del Zodiaco, que mola un huevo”.)
AMIGA REALMENTE HABILIDOSA (sonriendo): —Creo que te va a encantar.
(Alvarito rebusca en la bolsa, saca el muñeco, abre los ojos como platos).
YO: —¡JODER QUE ES EL ÁLEX!
AMIGA REALMENTE HABILIDOSA: —Sip.
YO: —¿Pero cómo coño...? ¿Lo has hecho tú?
AMIGA REALMENTE HABILIDOSA: —Sip.
YO: —Peroperoperopero... ¿Cómo?
AMIGA REALMENTE HABILIDOSA: —Llevo ya un tiempo buscando un peluche que se le pareciera, pero era difícil encontrar uno con su cara de mala hostia, y eso no hay forma de modificarlo porque se notarían los restos del original debajo. La mayor parte de los muñecos manga tienen los ojos enormes y pinta de no haber roto un plato. Para el Álex necesitaba un malo, con el pelo corto y con pocas tonterías en el cuerpo, porque había que descoserlas. Pensé en Ikki, pero con toda la armadura imposible... Le tuve que quitar la ropita, teñirle el cuerpo, introducir alambres dentro para ponerlo de pie porque el original estaba sentado, y las botas... de las botas me siento realmente orgullosa.
(Alvarito, manejando con cuidado el muñeco como si se tratara de un ídolo pagano que mereciera sacrificios de vírgenes y quema de inciensos, escucha la lista de materias primas y tribulaciones con las cuales el peluche de Álex, protagonista de Politeísmos, ha cobrado realidad tangible.)
AMIGA REALMENTE HABILIDOSA: —¿Te gusta?
YO: —¿Que si me gusta? ¡Joder! ¡Voy a ponerle un puto altar debajo!
AMIGA REALMENTE HABILIDOSA: —Lo único que a mí no me convence es el colmillo. Está demasiado grande. Estuve por volver a hacerlo, la verdad... Lo mismo te lo hago de nuevo.
(La verdad es que era cierto. El colmillo que el peluche de Álex llevaba al cuello era demasiado grande, y la famosa frase que aparece en el libro de “¿El colmillo es de lobo o de mastín?” hubiera resultado más propia, siendo francos, reformulada del siguiente modo: “¿El colmillo es de lobo o de Tiranosaurus Rex?)
YO: —Sí, es un poco grande, pero me la pela. Es la polla (y lo pensaba). En serio. Creo que es el mejor regalo que me han hecho en mi vida. Y no lo digo por quedar bien.
AMIGA REALMENTE HABILIDOSA (perfeccionista e insatisfecha con su obra): —Pero el colmillo es demasiado grande. Mira, estoy pensando que mejor déjame el muñeco que te lo vuelvo a hacer y te lo traigo otro día.
YO (protegiendo mi regalo como si me fuera la vida en ello): —No, no. En serio. No hace falta. Me gusta así (pensando: “Ni de coña esto sale de mi casa. ¿Y si te roban la mochila, qué?”).
AMIGA REALMENTE HABILIDOSA: —Sí, es que no me gusta. Te lo voy a modelar mejor.
(Alvarito pensativo, sabiendo que hay ocasiones en las que no se puede discutir y no queriendo deshacerse de su peluche por nada del mundo, tiene una idea de bombero.)
YO (con la cara iluminada): —Espera que se me acaba de ocurrir una cosa.
(Alvarito se lanza a revolver en un cajón lleno de trastos inclasificables hasta que encuentra una cajita y la saca, de forma triunfante).
AMIGA REALMENTE HABILIDOSA: —¿Qué es eso?
YO: —De cuando mis perros eran cachorros. Soy así de friqui y guardé todos los dientes de leche que encontré por la casa, los que no se tragaron, claro. Me hacía ilusión.
AMIGA REALMENTE HABILIDOSA: —¿Y le vas a poner un colmillo de leche de tus perros al peluche? Joder, no sé. Da pena.
YO: —¿Sabes un sitio más seguro para no que no se me pierda que en el cuello del Álex? Además, así llevará un auténtico colmillo de Canis lupus, joder.
AMIGA REALMENTE HABILIDOSA: —Familiaris.
YO: —Familiaris. No se lo diremos a nadie.

Y así fue la cosa. Arranqué el diente realizado con masilla ante la cara de pánico de mi amiga, que temía que destruyera su obra con mis patazas, y pegué el colmillo auténtico con superglue. La cirugía fue un éxito.

El resultado, el prototipo del muñeco que todos querréis tener en vuestra mesa junto al ordenador cuando Politeísmos se publique. Con él, comienza la imparable carrera de las mercaderías de mi obra. Y acaba, claro, con las Tarteras de tu Dios Interior. ¡Hazte con todas!

Desde el faro,

Al.

Álvaro Naira © 2007

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The Watcher

The Watcher dijo

Joder, Al, cómo mola. Le ha quedado muy profesional. ¡Cuida como oro en paño a esa amiga, que tiene que hacer al resto de los personajes!

Un saludo.

9 Enero 2007 | 12:25 PM

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alvaronaira

Madrid, España
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Autor del limes; siempre en la delgada línea entre la alta literatura y el pulp. Decidió, en medio de un delirio provocado por las drogas, que iba a ser el único escritor que contara historias fantásticas haciendo uso de todos los recursos sublimes y exquisitos de la Literatura Con Mayúsculas —habría tenido mucho más éxito al contrario, narrando gafapastadas en un estilo mediocre y bestsellario—. Cuando tomó tal camino único y propio y resolvió abrirlo a dentelladas, seguramente aún no había leído a Cortázar o, si lo hizo —otorguémosle el beneficio de la duda—, consideró que el maestro no se mojaba lo bastante, que no hundía los puños en el fango de la fantasía más salchichera y cutre para bruñirla en la cochura a fuego lento de su prosa preciosista y convertirla en una porcelana chinesca. Álvaro Naira es un fracasado por elección, lo cual es todavía más triste que ser un pelagatos a secas: escribió una novela, una editorial se la aceptó pero le ofreció un contrato leonino, así que se sintió ultrajado en su delicadísimo ego y la sacó en Lulú, donde nadie la lee, ni la compra ni nada, lo cual le satisface plenamente. Actualmente se encuentra en retiro espiritual en una cueva del Tíbet, con la única compañía de un ejemplar de las Psicomagias de Jodorowsky —al que no soporta— y ortigas como desayuno, comida y cena. Fruto de tales ejercicios ascéticos, ha parido un segundo libro, entre exclamaciones de eureka y albricias. Espera fervientemente que éste tenga tanta repercusión como el anterior; para ello, ha puesto todos los medios a su alcance y ni siquiera lo ha autoeditado ni sacado de su disco duro para que haga la ronda entre los amiguetes. Antes mostraba su desprecio por la literatura intelectual y el realismo en un hábil juego intertextual —ya que éstos son los géneros que más le satisfacen desde siempre—, y se presentaba como tocapelotas y cínico. En realidad no era más que un niñato un pelo irónico y corrosivo: téngase en cuenta que la ironía es una de las bellas artes; el cinismo una enfermedad terminal. Hoy en día, a tenor de la experiencia que ha ganado y de lo mucho que detesta a la especie humana —desprecio que, bien entendido, comienza por uno mismo— se puede considerar, sin temor a equivocarse, un auténtico cínico. O un enfermo terminal: ustedes deciden.








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