La Coctelera


28 Noviembre 2006

Qué canto cuando canto a la luna.

Pasan los días, uno tras otro, perezosamente, sin que me pare a contarlos. Mi novela sigue sin estar lista para enviar a editoriales. Corrijo. Releeo. Cambio, modifico, añado, quito y pongo. Y vuelvo a la versión anterior, a veces.

Ayer me recorrí Madrid. Necesitaba sentarme en la mesa del escaparate de la derecha del VIPS de Plaza de España para documentar, que ahí se sienta un personaje mío —el VIPS, sí. Pensaréis: wao, qué lugar tan literario. Sin duda. Realismo sucio. Os desafío a que me lo neguéis cuando leáis Politeísmos. Y va sin coñas; que le follen al Gijón. Que sí, que es muy místico estar en el Gijón. Sobre todo cuando te traen la cuenta—. Pues yo me dirigí al VIPS a documentar con mis mejores intenciones y voy me encuentro con que la mesa estaba cogida. Tras esperar un rato y soltar un par de maldiciones, me marché, deseando que el estado expida unos Carnés de Escritor Oficial, con los cuales puedas entrar en cualquier lugar al grito de ¡DOCUMENTACIÓN! y, cuando todo el mundo se levante para mostrar el DNI, sonrías y digas: “No, no. Soy yo el que tiene que documentar; tranquilos. Soy escritor. ¿Desea aparecer en mi novela? Son diez mil”.

Estuve en los jardines Sabatini, en Gran Vía, en Noviciado, en Fuencarral, en el Retiro. En todos esos sitios se desarrollan escenas de mi libro. Había olvidado el cuaderno de notas y no tengo cámara, así que tuve que entrar en una cafetería, robar un puñado de servilletas e ir anotando en ellas detalles para las descripciones. Llevaba la música con que escribí a toda potencia en el mp3. Se le acabó la batería; siempre pasa.

En completo silencio, pensaba.

Sé que me estoy dejando caer. Ya conocéis la noria, los que me lleváis leyendo un tiempo. Los que no, les recomiendo ese post: es probablemente de los mejor escritos de toda la bitácora.

La noria. La puta noria. Subo y bajo con ella. Paso de pensar que mi libro es una mierda a que es la polla y que dará un pelotazo —no a lo Harry Potter, porque en este país no se lee, y menos los chavales, pero sí a lo Historias del Kronen: un éxito fugaz, rápido, imponente, y luego todo se olvidó y aquí no pasó nada y la novelita del chico que cuenta cómo se pajean los madrileños va al baúl de las curiosidades del mercado editorial. Perdonadme si sugiero que mi libro es mejor que el de Mañas, vaya, pero es que creo que es cierto y tampoco es decir gran cosa—. Cuando pegue el pelotazo Politeísmos, sucederán varios milagros y otras alteraciones del orden natural: en primer lugar, que me haré de oro —estaría bien porque mi economía se va en en el piso, en dar de comer a mis perros y en fumar, oh, si supierais cuánto fumo últimamente... No fumo tabaco. Fumo tiempo. Quemo los cigarros como los hombres grises de Momo.

Fumo para matar el tiempo; para matarme a mí mismo. Para arrancarle al día los minutos de siete en siete, que es lo que tardo en fumármelos. Divido mi vida por lo que fumo, y fumo mucho—. Además de poderme pagar el tabaco, que ya es bastante inversión de las leyes cósmicas, sucederán otras cosas no menos extrañas: me encontraré por la calle con lectores, que no sabrán quién soy yo; sólo el tipo raro al que se le caen las lágrimas mirándote leer en el metro. Después, el boom: niños disfrazados en convenciones de los personajes, cortos de coña en youtube sobre el argumento, chavales que se creen la religión del libro, asociaciones de padres que me ponen a caldo, curas ofendidos, nuevas generaciones de góticos que se hicieron por la novela, peregrinaciones de grupitos a los lugares en que suceden escenas del libro... Y la película, claro. Dirigida, como poco, por Amenábar, al que se le dan bien las delgadas líneas entre la fantasía y el realismo.

Soñar es gratis.

Después baja la noria, y entonces pienso que Politeísmos sólo es una novela juvenil. Ni más, ni menos. Probablemente, una muy buena novela juvenil. Pero sólo eso. Politeísmos es un libro sobre chamanismo moderno, en que los personajes creen que llevan bestias dentro. ¿Original? No especialmente. Tal vez por su tratamiento. Es un libro para chavales entre los quince y los veinticinco años que ningún profesor recomendaría en clase, porque tiene sexo explícito y burro, drogas —de diseño y tradicionales, para hacer viajes astrales—, espiritismo —ouijas, documentadas al detalle— y música siniestra. Un antihéroe lleno de carisma, destrozado, pero que aún pelea, adolescentes a puñados y un gran gurú argentino. Y dioses. Toda la fauna completa. Lobos salvajes, altivos, magníficos, con las orejas derechas, la cabeza gacha, el collarín del pelo erizado y un gruñido retumbando en el pecho. Hay cuervos agoreros, negriazules y violetas, que llenan el cielo cuando echan a volar en bandada, perros, apaleados y tristes, zorros oportunistas, gatos, coyotes burlones, ciervos extraordinarios con cuernas de un metro y una lechuza blanca y cándida con los ojos azules. ¿Dónde están estos dioses? Ah. Están dentro. Cada personaje lleva el suyo, como una carga y una bendición, en el interior de su cuerpo.

Eso es Politeísmos. La religión más primitiva en mitad de una gran ciudad a finales del siglo XX. Sube la noria, y me digo: dios, cuánto se vendería, se vendería tanto, si lo pusieran junto a los libros de rol de Mundo de Tinieblas... se podría convertir en un juego de rol, sí, se podría. Baja la noria y digo: ¿y acaso es para batir palmas que un libro se convierta en un juego de rol? ¿Me parecen buenos los libros que saca La Factoría sobre juegos de rol? Ah, no. Yo hago Literatura Con Mayúscula, demonios. Sea lo que sea eso.

Baja aún más la noria y pienso: ni yo hago Literatura Con Mayúscula, ni Politeísmos será convertido en un libro de rol. Sube de nuevo, y me flipo y repito mi grito de guerra: ¡que les follen al Realismo y a la novela intelectual! Que les follen, sí. Eso dice la zorra. Y baja la noria, pero sin las uvas, porque “están verdes”. Una vez, y otra.

Al final, da igual lo que piense. Hasta que termine de corregirla y empiece a recibir los rechazos de las editoriales, no importa. Mi opinión no sirve. No es la novela; no tiene nada que ver con su calidad mi estado de ánimo. Es la noria: soy yo. Siempre corriendo, siempre moviéndome... y siempre en el mismo sitio.

“Arriba el hocico, lobo. Cántale a la luna”, me dijo ayer un amigo. Sí. Arriba. No importa no conseguirlo; lo que importa es luchar por ello. ¿Qué hay más inútil que cantarle a la luna? La luna no va a bajar, y da igual. No canto para que baje. Canto por cantarle a la luna, respondería un lobo.

Y yo me acuerdo de una canción tradicional finlandesa, ya veis lo raro que funciona mi cerebro.

HEDNINGARNA
Mitä minä (Qué canto)

Mitä minä laulan kun kuuta laulan
mitä minä laulan kun kuuta laulan
oi, kuuta laulan kuuta laulan joo noo

¿Qué canto cuando canto a la luna?
¿Qué canto cuando canto a la luna?
Oh, canto a la luna, canto a la luna.

Simplemente.

Desde el faro, subiendo y bajando por las escaleras,

Al.

Álvaro Naira © 2006

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28 Noviembre 2006 | 01:41 PM

Al

Al dijo

Cielos. He recibido un comentario de un spammer de sexo japonés. Nada, ahí se queda como documento.

28 Noviembre 2006 | 01:45 PM

lynnsinhill

lynnsinhill dijo

Yo también tengo de éso, una novela, pero la tengo inconclusa y mis personajes andan muy cabreados conmigo porque les he dejado con la palabra en la boca. Ya se les pasará en cuanto me vean volver rebosante de ideas.

Mucha suerte con la tuya

4 Diciembre 2006 | 06:26 PM

Al

Al dijo

Gracias, lynnsinhill :) Por leer, postear y desearme suerte.
Si tienes una novela inconclusa seguramente andará por la página 30. Comprobado: es terrible la Crisis de las Treinta Páginas. Si la has pasado, la cosa es más sencilla de solventar. Que haya mucha suerte y no dejes a tus hijos de papel quietos. No es recomendable, que algunos (al menos los míos) tienen una mala hostia que...
Échale un vistazo a este post. Creo que te gustará.

(Lo cito directamente a riesgo de parecer pedante, que la coctelera va y te mete en comentarios cuando haces referencia, y queda de lo más ridículo lo de citarse a uno mismo, pero es un coñazo seguir las búsquedas a partir de los archivos... A ver si arreglo la plantilla.)

Desde el faro, y como unas castañuelas.
Soy leído. Y algunos de mis lectores, hasta me postean.
Gracias.

Al.

4 Diciembre 2006 | 09:48 PM

lynnsinhill

lynnsinhill dijo

La última vez que nos vimos, mi novela y yo, ella andaba por la página 90, espero que la muy traicionera no se haya buscado a otra. Si la dejé, no fue por falta de inspiración, circunstancias que en breve echaré abajo porque acabarla es lo que más deseo.

12 Diciembre 2006 | 08:47 PM

K

K dijo

Hola,

Por casualidades de la vida hoy me topé con esta página. Todo comenzó cuando estaba viendo un video de Evanescence llamado "lithium" y obviamente pensé que dicho título se debía a la depresión, así que me dirigí a google a buscar la palabrita litio. Bueno, el resultado fue encontrar el término ciclotimia, es decir la hermanita menor del trastorno maníaco-depresivo. Ya llevo más de 3 horas leyendo sobre el tema y he leído además lo que has escrito en esta página. Cabe destacar que la redacción es impecable y graciosa...
Hace tiempo pasé un año en terapia con una psicóloga y a pesar de todas las cosas que le dije nunca quiso medicarme, de hecho, ni siquiera me diagnosticó ciclotimia. Siempre he creído que hay algo mal en mí porque no puede ser posible que alguien "normal" cambie de humor tan repentinamente y que sea tan melancólica o tan insensible de un momento a otro. Un día siento que me como al mundo y al día siguiente soy una hormiga insignificante. Yo pienso que mi terapeuta no quería decirme lo que tenía ni medicarme porque ella no creía mucho en eso de las pastillas. Para ella medicar era una medida extrema. No sé si sufro de ciclotimia, pero desgraciadamente la explicación y descripción de eso se parece más a mi vida que cualquier otra cosa.

Por cierto, quería comentar que "hedningarna" significa "los paganos", sin embargo el resto de la letra de la canción a la que haces referencia está escrita en finlandés o sami, no en sueco. La banda "Hedningarna" es sueca, pero algunas de sus canciones están escritas en finladés.

Yo soy traductora de profesión...a veces escritora cuando tengo la fuerza e inspiración suficiente. El resto del tiempo me hundo en mi melancolía, miseria humana y autodestrucción.

Suerte con la novela.

12 Enero 2007 | 10:48 PM

Al

Al dijo

Gracias por el comentario, K, y por indicarme que la canción está en finlandés. Evidententemente, traductor yo no soy xD Lo corregiré en el post. Y gracias, muchas gracias por leer. A veces me da la sensación de que escribo sólo para mí, de que no me lee ni dios. Y, bueno, citaría una frase de Goethe que me comentó un amigo hace unos días, pero en realidad no me acuerdo de cómo era, así que la rehago.

"Quien no quiera tener cien mil lectores, no es escritor".

Porque uno escribe para que le lean. Sobre todo teniendo en cuenta que planteé mi blog como pre-publicidad antes de enviar mi novela a editoriales. Publicar no es fácil, y pensé que si llevaba por delante un blog con tropecientas visitas diarias tal vez me hicieran algo de caso.

Ya veremos.

Gracias por leer.

13 Enero 2007 | 02:06 AM

Al

Al dijo

Encontré la cita: "Quien no quiera tener un millón de lectores que no escriba una línea".

Gran verdad.

13 Enero 2007 | 11:02 PM

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alvaronaira

Madrid, España
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Autor del limes; siempre en la delgada línea entre la alta literatura y el pulp. Decidió, en medio de un delirio provocado por las drogas, que iba a ser el único escritor que contara historias fantásticas haciendo uso de todos los recursos sublimes y exquisitos de la Literatura Con Mayúsculas —habría tenido mucho más éxito al contrario, narrando gafapastadas en un estilo mediocre y bestsellario—. Cuando tomó tal camino único y propio y resolvió abrirlo a dentelladas, seguramente aún no había leído a Cortázar o, si lo hizo —otorguémosle el beneficio de la duda—, consideró que el maestro no se mojaba lo bastante, que no hundía los puños en el fango de la fantasía más salchichera y cutre para bruñirla en la cochura a fuego lento de su prosa preciosista y convertirla en una porcelana chinesca. Álvaro Naira es un fracasado por elección, lo cual es todavía más triste que ser un pelagatos a secas: escribió una novela, una editorial se la aceptó pero le ofreció un contrato leonino, así que se sintió ultrajado en su delicadísimo ego y la sacó en Lulú, donde nadie la lee, ni la compra ni nada, lo cual le satisface plenamente. Actualmente se encuentra en retiro espiritual en una cueva del Tíbet, con la única compañía de un ejemplar de las Psicomagias de Jodorowsky —al que no soporta— y ortigas como desayuno, comida y cena. Fruto de tales ejercicios ascéticos, ha parido un segundo libro, entre exclamaciones de eureka y albricias. Espera fervientemente que éste tenga tanta repercusión como el anterior; para ello, ha puesto todos los medios a su alcance y ni siquiera lo ha autoeditado ni sacado de su disco duro para que haga la ronda entre los amiguetes. Antes mostraba su desprecio por la literatura intelectual y el realismo en un hábil juego intertextual —ya que éstos son los géneros que más le satisfacen desde siempre—, y se presentaba como tocapelotas y cínico. En realidad no era más que un niñato un pelo irónico y corrosivo: téngase en cuenta que la ironía es una de las bellas artes; el cinismo una enfermedad terminal. Hoy en día, a tenor de la experiencia que ha ganado y de lo mucho que detesta a la especie humana —desprecio que, bien entendido, comienza por uno mismo— se puede considerar, sin temor a equivocarse, un auténtico cínico. O un enfermo terminal: ustedes deciden.








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