Un año más.
---------------------------------Tarta de cumpleaños de otra persona.---------------------------------
Ha pasado un año. Sin comerlo ni beberlo y sin darme cuenta de ello. Los treinta se sitúan, ominosamente, en el horizonte. Es el momento de hacer recuento. Como hago siempre.
Este año han pasado muchas cosas. Dejé el tabaco y lo cogí. Conseguí un trabajo decente y lo perdí. Tuve algo parecido a una novia y me dejó. Escribí una novela en cinco meses, aunque corregirla parece que, a este paso, me llevará otros cinco.
No. Repitamos.
He escrito una novela.
Este año he escrito una novela.
Y es jodidamente buena. Vale, lo digo yo porque es mía. Pero también me lo dicen los Lectores del Comité de Corrección de Primeras Pruebas, y no son tan gilipollas como para mentirme. Si le echo huevos y la corrijo, es posible que me la cojan. O no.
Ahora estoy en modo autodestructivo. Sé que es aburrido ya. Lo siento. Mañana prometo un post más alegre, más cínico y más risible. Hoy no. No tengo ganas. He apagado el móvil porque no me apetece hablar con nadie.
Cuando era pequeño, decía: “Con quince años habré escrito una novela y habré publicado”. Cuando cumplí dieciocho, me dije: “Menos mal que no publiqué mi mierda de los quince: con veinte años habré escrito una buena novela y publicado”. Con veintiuno dije: “Bueno, no pasa nada. Hay tiempo. Triunfaré con veinticinco”.
Y ahora tengo veintinueve, y aún no he conseguido nada.
Pero he escrito una novela. Debería sentirme irracionalmente feliz.
Hoy me he puesto a repasar obras viejas; antiguas bitácoras que no colgaba en internet, que escribía sólo para mí. Cuando uno lee textos antiguos siente algo muy extraño. Sobre todo si son textos autodestructivos. Es la sensación de no haber avanzado un milímetro, pase el tiempo que pase; la sensación de estar siempre en el mismo sitio. Todos los sueños y aspiraciones de aquella persona que eras antes siguen ahí, intactos, sin cumplirse. Parece que, desde el papel, el chaval que eras te mira con reproche, y te dice: “Yo no iba a crecer para ser tú. Yo iba a ser otra persona”. Porque siempre he querido dedicarme a escribir, y nunca lo he logrado.
¿Y si el año que viene, por estas fechas, he publicado?
¿Y si entonces puedo hablar con el Álvaro del pasado, hacerle un corte de mangas y decirle: QUE TE FOLLEN?
Feliz cumpleaños, Al, jodido mocoso pretencioso de veintiocho años. Te hablo yo, desde los veintinueve. No puedo decirte “Que te follen” porque aún no cumplí tus sueños. El año que viene tal vez tengamos un feliz cumpleaños de verdad, y el Álvaro de treinta tacos —me entran escalofríos sólo de pensarlo— pueda reírse de nosotros, de ti y de mí, y de lo inútiles que éramos. Porque él habrá llegado, y nos mirará desde arriba.
Brindemos por eso.
Desde el faro,
Al.
Álvaro Naira © 2006









Padron-Dueñas dijo
No dudes que si sale esa novela que dices ... me apunto a leerla y disfrutarla...
Saludos
15 Octubre 2006 | 02:09 PM