La Coctelera


15 Octubre 2006

Un año más.

---------------------------------Tarta de cumpleaños de otra persona.---------------------------------

Ha pasado un año. Sin comerlo ni beberlo y sin darme cuenta de ello. Los treinta se sitúan, ominosamente, en el horizonte. Es el momento de hacer recuento. Como hago siempre.

Este año han pasado muchas cosas. Dejé el tabaco y lo cogí. Conseguí un trabajo decente y lo perdí. Tuve algo parecido a una novia y me dejó. Escribí una novela en cinco meses, aunque corregirla parece que, a este paso, me llevará otros cinco.

No. Repitamos.

He escrito una novela.

Este año he escrito una novela.

Y es jodidamente buena. Vale, lo digo yo porque es mía. Pero también me lo dicen los Lectores del Comité de Corrección de Primeras Pruebas, y no son tan gilipollas como para mentirme. Si le echo huevos y la corrijo, es posible que me la cojan. O no.

Ahora estoy en modo autodestructivo. Sé que es aburrido ya. Lo siento. Mañana prometo un post más alegre, más cínico y más risible. Hoy no. No tengo ganas. He apagado el móvil porque no me apetece hablar con nadie.

Cuando era pequeño, decía: “Con quince años habré escrito una novela y habré publicado”. Cuando cumplí dieciocho, me dije: “Menos mal que no publiqué mi mierda de los quince: con veinte años habré escrito una buena novela y publicado”. Con veintiuno dije: “Bueno, no pasa nada. Hay tiempo. Triunfaré con veinticinco”.

Y ahora tengo veintinueve, y aún no he conseguido nada.
Pero he escrito una novela. Debería sentirme irracionalmente feliz.

Hoy me he puesto a repasar obras viejas; antiguas bitácoras que no colgaba en internet, que escribía sólo para mí. Cuando uno lee textos antiguos siente algo muy extraño. Sobre todo si son textos autodestructivos. Es la sensación de no haber avanzado un milímetro, pase el tiempo que pase; la sensación de estar siempre en el mismo sitio. Todos los sueños y aspiraciones de aquella persona que eras antes siguen ahí, intactos, sin cumplirse. Parece que, desde el papel, el chaval que eras te mira con reproche, y te dice: “Yo no iba a crecer para ser tú. Yo iba a ser otra persona”. Porque siempre he querido dedicarme a escribir, y nunca lo he logrado.

¿Y si el año que viene, por estas fechas, he publicado?

¿Y si entonces puedo hablar con el Álvaro del pasado, hacerle un corte de mangas y decirle: QUE TE FOLLEN?

Feliz cumpleaños, Al, jodido mocoso pretencioso de veintiocho años. Te hablo yo, desde los veintinueve. No puedo decirte “Que te follen” porque aún no cumplí tus sueños. El año que viene tal vez tengamos un feliz cumpleaños de verdad, y el Álvaro de treinta tacos —me entran escalofríos sólo de pensarlo— pueda reírse de nosotros, de ti y de mí, y de lo inútiles que éramos. Porque él habrá llegado, y nos mirará desde arriba.

Brindemos por eso.

Desde el faro,

Al.

Álvaro Naira © 2006

servido por Álvaro 4 comentarios compártelo

4 comentarios · Escribe aquí tu comentario

Padron-Dueñas

Padron-Dueñas dijo

No dudes que si sale esa novela que dices ... me apunto a leerla y disfrutarla...

Saludos

15 Octubre 2006 | 02:09 PM

Álvaro Naira

Álvaro Naira dijo

Joder, gracias. Otro lector desconocido que postea. No sabéis cómo me subís la moral. Espero que me lleves siguiendo desde hace tiempo, pero si no es así, hay mejores post en el archivo; últimamente ando un poco tirado y también me baja el número de visitas. Recomiendo especialmente para nuevos lectores el de "La colilla y el mito".

Desde el faro,

Al.

15 Octubre 2006 | 03:15 PM

Gran Duque

Gran Duque dijo

Joder, Naira, la verdad es que no sé si felicitarte, visto lo visto. Pero qué cojones, sí, te felicito. Te felicito porque la novela es jodidamente buena. Te felicito porque sé que el año que viene por estas fechas mirarás hacia atrás y podrás decir, con una sonrisa bien grande, un "que te follen" bien alto y con todas las letras.

¿Te apuestas algo?

15 Octubre 2006 | 09:52 PM

chipitadechiapas

chipitadechiapas dijo

¡¡¡Mecagoenlaputadebastos!!! ¡¡¡Si eres un jodido crío!!!

Álvaro, después de cenar te echaré un puro que te vas a cagar...

28 Octubre 2007 | 09:01 PM

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alvaronaira

Madrid, España
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Autor del limes; siempre en la delgada línea entre la alta literatura y el pulp. Decidió, en medio de un delirio provocado por las drogas, que iba a ser el único escritor que contara historias fantásticas haciendo uso de todos los recursos sublimes y exquisitos de la Literatura Con Mayúsculas —habría tenido mucho más éxito al contrario, narrando gafapastadas en un estilo mediocre y bestsellario—. Cuando tomó tal camino único y propio y resolvió abrirlo a dentelladas, seguramente aún no había leído a Cortázar o, si lo hizo —otorguémosle el beneficio de la duda—, consideró que el maestro no se mojaba lo bastante, que no hundía los puños en el fango de la fantasía más salchichera y cutre para bruñirla en la cochura a fuego lento de su prosa preciosista y convertirla en una porcelana chinesca. Álvaro Naira es un fracasado por elección, lo cual es todavía más triste que ser un pelagatos a secas: escribió una novela, una editorial se la aceptó pero le ofreció un contrato leonino, así que se sintió ultrajado en su delicadísimo ego y la sacó en Lulú, donde nadie la lee, ni la compra ni nada, lo cual le satisface plenamente. Actualmente se encuentra en retiro espiritual en una cueva del Tíbet, con la única compañía de un ejemplar de las Psicomagias de Jodorowsky —al que no soporta— y ortigas como desayuno, comida y cena. Fruto de tales ejercicios ascéticos, ha parido un segundo libro, entre exclamaciones de eureka y albricias. Espera fervientemente que éste tenga tanta repercusión como el anterior; para ello, ha puesto todos los medios a su alcance y ni siquiera lo ha autoeditado ni sacado de su disco duro para que haga la ronda entre los amiguetes. Antes mostraba su desprecio por la literatura intelectual y el realismo en un hábil juego intertextual —ya que éstos son los géneros que más le satisfacen desde siempre—, y se presentaba como tocapelotas y cínico. En realidad no era más que un niñato un pelo irónico y corrosivo: téngase en cuenta que la ironía es una de las bellas artes; el cinismo una enfermedad terminal. Hoy en día, a tenor de la experiencia que ha ganado y de lo mucho que detesta a la especie humana —desprecio que, bien entendido, comienza por uno mismo— se puede considerar, sin temor a equivocarse, un auténtico cínico. O un enfermo terminal: ustedes deciden.








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