La Coctelera


28 Septiembre 2006

AUTOR IBÉRICO BUSCA LECTOR ARGENTINO SIN PROPÓSITOS SEXUALES, AL MENOS DE ENTRADA.

De nuevo estoy en modo autodestructivo-on. Hay que aprovecharlo porque son los únicos instantes de mi vida en que tengo una visión clara, sin piruletas, casitas con puertas de caramelo, ladrillos de chocolate con leche, argamasa de avellanas y tejas de almendra triturada con miel.

He tirado mi vida por la ventana para escribir una novela que nadie me había encargado.

Y cuando no baja la noria, me siento de puta madre.

Cuando baja... cuando baja me pregunto a qué estoy jugando. Ahora no tengo trabajo, no tengo dinero, no tengo nada. Estoy en bolas. No sé qué coño voy a hacer con mi vida.

La huida, siempre hacia delante, el lobo dixit. Y yo creo en el lobo.

Esta es la lista provisional de editoriales a las que voy a enviar mi novela. Oh vosotros mis lectores, que tanto me apoyáis escribiendo para decirme que creéis en mí, que soy la polla y que voy a comerme el mundo a cucharadas, ampliad la lista si conocéis más editoriales de fantasía en las que pueda colar el gol de Politeísmos:

Minotauro - La Factoría - Gigamesh - Bibliópolis - Plaza y Janés - Timun Mas - Ediciones B - Alianza - Edhasa - Valdemar - Booket - AJEC - Equipo Sirius - Silente - Salamadra - Celeste - Metaluna - Revista Parnaso - Parnaso Vórtice - Celeste - Infernaliana - Calamar Ediciones - SM - Letra Celeste Minúscula - Devir - Edaf - Puzzle - Entrelíneas - Alfaguara - Anaya - Alberto Santos / Star Wars - Martínez Roca - Revista Sable - Anagrama - Berenice - Planeta - Nerea - Juan José de Olañeta editor - El Cobre - Lengua de Trapo

Así que se me ocurran de pronto.

Claro que para enviar, uno que es diletante no se puede permitir hacer como Cela, que mandaba manuscritos con faltas de ortografía, y lo sé porque he dado cursos de corrección y te ponen como ejercicio un original suyo para que cundan las risas. No. Yo tengo que enviar un manuscrito perfecto, y como me gusta meterme en camisas de once varas, tengo que:

a) Corregir, claro, corregir hasta el agotamiento: erratas, rebuznancias, torpezas y casitas. Eso es fácil, se puede hacer desde casa.

b) Patearme Madrid y localizar todos los detalles. Algunos son sencillos, si superara el pudor que me ocasiona poner un pie fuera de mi territorio —hogar, dulce hogar, portal y aledaños—: tengo que ir al Retiro, El Tejar, Fuencarral, Parque del Oeste, Plaza de España... Otros no tanto.

c) Debo encontrar un instituto que responda a ciertas características muy especiales... Veamos. Oh madrileños del mundo, ilustradme: ¿deseáis que vuestro instituto sea inmortalizado en una magna obra que dejará en bragas a Harry Potter y después lo sodomizará? Pues si vuestro instituto —en Madrid capital— tiene las siguientes características: público, de más de cinco pisos —chungo, lo sé—, que los ventanales de las aulas den a la calle, que enfrente haya una cafetería con cristaleras desde la que se pueda mirar a la peña que está en clase y ya de paso —sería de coña y glorioso— que tenga la enfermería en el último piso, escribid por aquí y decidme cuál es. Sí, lo sé. Es mucho pedir. Uno que es gilipollas y empezó la novela así, a lo que saliera, sin pensar en localizaciones reales, y luego descubrió que lo que más molaba era el contraste realidad-ficción. Así que intento acoplar, como dios me da a entender.

d) Localizar un edificio por el barrio de Noviciado que tenga más de cuatro plantas con ascensor, a ser posible de los antiguos de hierro, en una callejuela poco transitada. Si podéis ayudar, ya sabéis. Post. Eso que no hacéis nunca.

e) Irme a Londres y documentar el aeropuerto de Heatrow, la calle Oxford, el edificio de Square-Enix, Candem Town, rivera del Támesis, y otros muchos lugares. Para saber qué busco tengo que estar ahí.

f) Conseguir que un londinense me corrija el trozo de conversación que está en inglés, que me aumente el slang y me encuentre erratas.

g) Lograr que un argentino de Buenos Aires Capital Federal me corrija, a ser posible gratis, TODOS los diálogos de dos personajes que son argentinos. De momento tiro gracias a los colegas de Wordreference, pero no les puedo pegar cachos enteros de la novela porque me da reparo que circule por internet, aunque está registrada. Y he documentado como un bestia, pero habré metido la gamba. Así que: AUTOR IBÉRICO BUSCA LECTOR ARGENTINO. Antes de enviar a editorial querría estar seguro de que no he cometido ningún error gilipollas. Lucien y Ángeles no podían ser de Valladolid, no. Tenían que ser porteños (disculpen a los que les moleste el patronímico burlón, pero a mí, como soy madrileño pura cepa, me hace mucha gracia) y de los que no salían del Requiem (boliche darky famosísimo de Buenos Aires, allá por el Microcentro) en su tierna adolescencia. Así que antes de que me toque irme a la Casa del Libro con un pilot y un típex para ponerles tildes a las segundas personas y quitar vocales a los imperativos, agradecería que me mirara el texto un argentino de carnet. Ya sabéis: alvaronaira::gmail.com. POR FAVOR, corre prisa. Al incauto LECTOR ARGENTINO que se ofrezca para el curro (naturalmente, no está remunerado, que yo soy más pobre que las ratas) le agradeceré eternamente su labor, le mandaré por correo certificado un ejemplar firmado y, si tiene afán de protagonismo, meteré en la bitácora su nombre y apellidos para que todos mis ávidos fans le envíen cajas de bombones y ramos de rosas.

Creo que ya. Habrá más cosas. Pero ahora estoy en modo autodestructivo-on. Prometo un post más interesante mañana. Disculpadme: para escribir hay que estar razonablemente deprimido, pero creo que estoy un poco más allá de la línea. Estoy irracionalmente deprimido, y así no se escribe.

Siempre lo digo. Lo sé por experiencia.

Si estás contento, no escribes. Vives.

Si estás muy deprimido, no escribes. Lloras.

Si estás razonablemente deprimido, escribes.

No sé si estoy deprimido o no. No escribo porque he terminado, y estoy ACOJONADO. Eso es lo que estoy. No me atrevo ni a abrir el archivo. Me da miedo que tras el tiempo de descanso y la merienda del Monstruo... Politeísmos me parezca una mierda y me entren ganas de tirarlo por la ventana. O de defenestrarlo, que es lo mismo, pero en simpático.

Desde el último piso del faro, considerando si arrojar mi novela, arrojarme yo, arrojar a todos los editores que se me pongan por delante o arrojar el faro y quedarme a oscuras,

Al.

Álvaro Naira © 2006

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Madrid, España
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Autor del limes; siempre en la delgada línea entre la alta literatura y el pulp. Decidió, en medio de un delirio provocado por las drogas, que iba a ser el único escritor que contara historias fantásticas haciendo uso de todos los recursos sublimes y exquisitos de la Literatura Con Mayúsculas —habría tenido mucho más éxito al contrario, narrando gafapastadas en un estilo mediocre y bestsellario—. Cuando tomó tal camino único y propio y resolvió abrirlo a dentelladas, seguramente aún no había leído a Cortázar o, si lo hizo —otorguémosle el beneficio de la duda—, consideró que el maestro no se mojaba lo bastante, que no hundía los puños en el fango de la fantasía más salchichera y cutre para bruñirla en la cochura a fuego lento de su prosa preciosista y convertirla en una porcelana chinesca. Álvaro Naira es un fracasado por elección, lo cual es todavía más triste que ser un pelagatos a secas: escribió una novela, una editorial se la aceptó pero le ofreció un contrato leonino, así que se sintió ultrajado en su delicadísimo ego y la sacó en Lulú, donde nadie la lee, ni la compra ni nada, lo cual le satisface plenamente. Actualmente se encuentra en retiro espiritual en una cueva del Tíbet, con la única compañía de un ejemplar de las Psicomagias de Jodorowsky —al que no soporta— y ortigas como desayuno, comida y cena. Fruto de tales ejercicios ascéticos, ha parido un segundo libro, entre exclamaciones de eureka y albricias. Espera fervientemente que éste tenga tanta repercusión como el anterior; para ello, ha puesto todos los medios a su alcance y ni siquiera lo ha autoeditado ni sacado de su disco duro para que haga la ronda entre los amiguetes. Antes mostraba su desprecio por la literatura intelectual y el realismo en un hábil juego intertextual —ya que éstos son los géneros que más le satisfacen desde siempre—, y se presentaba como tocapelotas y cínico. En realidad no era más que un niñato un pelo irónico y corrosivo: téngase en cuenta que la ironía es una de las bellas artes; el cinismo una enfermedad terminal. Hoy en día, a tenor de la experiencia que ha ganado y de lo mucho que detesta a la especie humana —desprecio que, bien entendido, comienza por uno mismo— se puede considerar, sin temor a equivocarse, un auténtico cínico. O un enfermo terminal: ustedes deciden.








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