La Coctelera


30 Julio 2006

Pétalo, Cactus y Burbuja.

He acabado el capítulo IV del segundo arco argumental. Trata de amorrrrr. No, no es ninguna ñoñería. Y no, tampoco se regalan Living Death Dolls. (De momento). Son dos licántropos y se quieren como se quieren los lobos: a mordiscos.

No. Mentira. Deberíais echarle un vistazo al documental de Félix Rodríguez de la Fuente del lobo ibérico. Cuando la pareja de lobos alfa se empieza a lamer y a mordisquear los hocicos sin parar, gañendo, emociona. Parte el alma. Te entran unas ganas enormes de salir a la calle a arrastrar tu soltería a ver si a alguna criatura del sexo opuesto le apetece compartir tu soledad y media botella de absenta. Pero luego asomas la nariz, notas el calor y decides que en casa se está mucho mejor, y que tienes tres perros que mueven la cola por ti y que dependen de tu persona para su subsistencia y felicidad, así que la vida no está tan vacía. A veces.

Yo tuve un chucho mezcla de labrador que se llamaba Binky. Sí, como el caballo de la Muerte en Terry Pratchett. Y también tuve una novia. No, ella no se llamaba Binky. Cuando mi perro murió fue una tragedia; entre otras cosas, porque yo sólo salía de casa para sacar a Binky y, de paso, hacía paradas en el supermercado dejándolo atado fuera, así que mi nevera pasó a ser un armario más donde poder colgar la ropa y mi estómago un compartimento extraño que de cuando en cuando hacía ruidos. Al comenzar a perder peso de forma anormal, mi novia me dijo que decidiera entre comprarme otro perro o comprarme otra vida. Consideré más sencillo cumplir la primera opción, pero yo no pago por tener un perro igual que no pago por tener un amigo, así que nos fuimos a un refugio de bichos abandonados y pedimos que nos enseñaran cachorros. Un cachorro te mea toda la casa, te muerde los calcetines, se come tus sillas y, mientras te entran ganas de tirarlo por la ventana, no te da tiempo a pensar en lo mucho que echas de menos a tu perro anterior. Resultó que tenían media camada de dobermans con pedigrí y demás pijadas porque un criador se marchaba de vacaciones, no había logrado venderlos y no podía seguirlos manteniendo en Cancún o en las islas Fidji, así que regaló unos cuantos y los otros los dejó en la protectora. Yo me iba a llevar uno, pero vi los tres y, claro, me llevé los tres. Eran tan pequeñajos que me entraron ganas de metérmelos en los bolsillos. Luego crecieron, y pasaron a consumir kilo y medio de pienso de pollo con arroz al día entre todos y cien euros al año en veterinario por cabeza, así que mi economía se convirtió en un ejercicio de funambulismo, pero eso no viene al caso. Mi novia, al ver las bolitas panzudas, las consideró de lo más kawaii —sí, era una maldita otaku fervorosa, y a mis lectores ajenos al fandom les informo de que la soplapollez anterior significa “mono” en japonés— y decidió bautizarlos del siguiente modo:

“Pétalo, Cactus y Burbuja”.

“Joder”, dije yo. “¿Esas no son las supernenas?”.

“Sí...”, contestó ella. “¿No te parece una monada?”.

Se entiende por qué cortamos, sí. Yo le indiqué que ni siquiera eran tres hembras, sino un macho y dos señoritas. No importó. Pétalo, Cactus y Burbuja. Bien se encargó ella de repetírselo a los pobres animalitos, y de ponerlo en la cartilla y de que lo apuntara el veterinario y de que lo grabaran en el chip.

Y yo, mientras, pensaba:

“¿Y cuando se hagan mayores, qué?”.

Mi novia voló. Mis perros se quedaron. Y sus nombres, también. Talo, Cactus y Buja, por mantener la dignidad y porque un chucho no comprende un nombre de más de dos sílabas. Son tres pedazo de dobermans que rondan los cuarenta kilos —cada uno—, negros y pardos, con la cara como una cuña y los ojos pequeños, las orejas caídas sin recortar porque yo no hago según qué salvajadas, el rabo cortado porque el criador sí que las hacía, el pecho como un armario y las patazas con unas garras que parecen cacahuetes. Pero cacahuetes afilados. Como anacardos... Vale, de acuerdo: el símil no funcionó a la primera, así que no intentaré arreglarlo. Mis perros se hacen la rosca y duermen apelotonados mientras yo escribo o curro. Me recuerdan que es su hora de comer metiéndome la nariz por debajo del brazo que está tecleando y me lo levantan. Me dicen que es su hora de salir del mismo modo. Si estoy tan febril escribiendo que no les hago caso, empiezan a llorar. Me chuperretean la cara. Si salgo sin ellos a algún recado, al entrar por la puerta, entre los tres me tiran al suelo. Cuando se hace de noche, los saco a correr al parque. Sí, a la una de la mañana, o a las dos. Al tener tres dobermans los ladrones y psicokillers no dan ningún miedo; aunque son la cosa más mansa que os podáis imaginar: yo creo que me sale un tío con una navaja y entre los tres se pelean para ver quién le chupa la mano primero. A ver si escaneo una foto de éstas en que salen las tres narices intentando olisquear la cámara y torturo a todos mis lectores con ella.

Me siento solo y un poco triste. Cuando Politeísmos se publique —JA— y todos podáis leer el cuarto episodio del segundo arco argumental, creo que me entenderéis.

Desde el faro,

Al.

Álvaro Naira © 2006

servido por Álvaro 5 comentarios compártelo

5 comentarios · Escribe aquí tu comentario

Legionario

Legionario dijo

Entiendo por qué lo dejasteis macho, pero los nombres son cachondísimos; nada de Asesino, Colmillo o esas horteradas, acojona más esto porque solo una persona muy peligrosa les pondría esos nombres a esos bichos y seguiría con vida jejejeje Oye y por q´ a Pétalo no le acortaste en Peta en vez de en Talo? jejejeje

30 Julio 2006 | 04:56 PM

Álvaro Naira

Álvaro Naira referenció

Revival Goth: La noche de los zombies calientes (perdón, que es de los muertos vivientes).

... dejé sacadas a las supernenas —el que no capte el chiste que vaya a los archivos y se lea el post de Pétalo, Cactus y Burbuja—para que no se mearan sobre mi cama, arrastré mi cuerpo hasta Sol...

26 Febrero 2007 | 03:03 AM

Rocío

Rocío dijo

Pétalo es la mejor de las supernenas,me encanta su pelo.Eres la más WAPAAAAA!!!!!!
Burbuja es la más tierna de todas la supernenas pero las dos coletas son super GRACIOSAS.
Cáctus se parece a mi por ke tiene muy mal humor,aun ke hay veces ke muestra su lado GRACIOSO y DIVERTIDO!!!!!!!!

19 Diciembre 2007 | 09:32 PM

Pangeah

Pangeah dijo

Tengo una duda como una casa: ¿En España se llaman supernenas y Pétalo, Cactus y Burbuja realmente o es una traducción casera del inglés original? Por que acá son Las Chicas Superpoderosas -Antes Las Chicas Coquetas, no pregunten xD- Pétalo es Bombón, Cactus Bellota y Burbuja Burbuja xD El cambio de nombres se debe a que los dobladores querían que los tres empezaran con be como en Gringolandia y fueran cosas tiernas y niñosas, supongo.¡¡¡Así que las identidades alternativas de Talo, Cactus y Buja serían Bombón, Llota y Buja!!!!

xD me voy, pues!!!!

27 Diciembre 2007 | 02:46 AM

The Watcher

The Watcher dijo

No, se llaman así realmente, Cactus, Pétalo y Burbuja, y el verdadero protagonista de la serie: ¡Mojo Jojo!

27 Diciembre 2007 | 08:08 PM

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Autor del limes; siempre en la delgada línea entre la alta literatura y el pulp. Decidió, en medio de un delirio provocado por las drogas, que iba a ser el único escritor que contara historias fantásticas haciendo uso de todos los recursos sublimes y exquisitos de la Literatura Con Mayúsculas —habría tenido mucho más éxito al contrario, narrando gafapastadas en un estilo mediocre y bestsellario—. Cuando tomó tal camino único y propio y resolvió abrirlo a dentelladas, seguramente aún no había leído a Cortázar o, si lo hizo —otorguémosle el beneficio de la duda—, consideró que el maestro no se mojaba lo bastante, que no hundía los puños en el fango de la fantasía más salchichera y cutre para bruñirla en la cochura a fuego lento de su prosa preciosista y convertirla en una porcelana chinesca. Álvaro Naira es un fracasado por elección, lo cual es todavía más triste que ser un pelagatos a secas: escribió una novela, una editorial se la aceptó pero le ofreció un contrato leonino, así que se sintió ultrajado en su delicadísimo ego y la sacó en Lulú, donde nadie la lee, ni la compra ni nada, lo cual le satisface plenamente. Actualmente se encuentra en retiro espiritual en una cueva del Tíbet, con la única compañía de un ejemplar de las Psicomagias de Jodorowsky —al que no soporta— y ortigas como desayuno, comida y cena. Fruto de tales ejercicios ascéticos, ha parido un segundo libro, entre exclamaciones de eureka y albricias. Espera fervientemente que éste tenga tanta repercusión como el anterior; para ello, ha puesto todos los medios a su alcance y ni siquiera lo ha autoeditado ni sacado de su disco duro para que haga la ronda entre los amiguetes. Antes mostraba su desprecio por la literatura intelectual y el realismo en un hábil juego intertextual —ya que éstos son los géneros que más le satisfacen desde siempre—, y se presentaba como tocapelotas y cínico. En realidad no era más que un niñato un pelo irónico y corrosivo: téngase en cuenta que la ironía es una de las bellas artes; el cinismo una enfermedad terminal. Hoy en día, a tenor de la experiencia que ha ganado y de lo mucho que detesta a la especie humana —desprecio que, bien entendido, comienza por uno mismo— se puede considerar, sin temor a equivocarse, un auténtico cínico. O un enfermo terminal: ustedes deciden.








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