La Coctelera

20 Julio 2006

“Consigue la tartera de tu Dios Interior”.

He estado unos días away, en mi planeta. Mis manadas de coléricos lectores deberían alegrarse por mí: mis ausencias significan que estaba escribiendo. Cosas más productivas que la bitácora.
Estoy en la página treinta y cinto, seguida, del segundo arco argumental de Politeísmos. A cachos llevaré unas cincuenta páginas. Tengo hasta el uno de agosto para acabar el libro. Luego tendré curro y falta de tiempo y angustia vital y depresión y sin baja. Me quedan unas setenta páginas. Así, a pelo. Sí, es imposible. Ya lo sé, qué me vais a contar...

Me pone muy nervioso lo de los plazos. Ya, ya sé que yo no soy profesional sino diletante, y que mis malditos plazos me los pongo yo, pero si no acabo antes de agosto la novela la habré cagado pero bien: quería dejarla reposar antes de enviarla a las editoriales en septiembre, y además tengo que buscar los dos correctores necesarios para trozos de diálogo —hay dos personajes que no, no podían ser de Valladolid, tenían que ser bonaerenses y, pese a mi estricta documentación, caballeros, YO NO SOY ARGENTINO, así que habré metido la zarpa en expresiones, que no todo es ponerles tildes a las segundas personas y los imperativos: necesito que se lo lea un porteño de pura cepa (que a nadie le joda el gentilicio, que uno es íbero y no entiende esas sutilezas). Para más inri, el prota es bilingüe, papá spanish y mamá inglesa el muy hijo de puta, y cuando se pira a London city hay conversaciones enteras, aunque breves, en inglés, y nada de inglés de manual, sino slang de UK, que el lobo feroz es jodidamente mal hablado; no sé de dónde lo habrá sacado, el cabrón. No, no se me pasó por la imaginación escribir en castellano con una apostilla que dijera: “aquí hablan en inglés”. Joder, hubiera sido el camino fácil. Y además, es divertidísimo escribir directamente en inglés: ahora entiendo a Nabokov—. Vaya pedazo de inciso diegético, que dirían los críticos literarios. Al hilo de lo que andaba comentando, que, si se han perdido mis lectores, no se imaginan lo que me he perdido yo, decía que las novelas tienen que reposar. Se las tiene que merendar el Monstruo y vomitarlas. Al menos necesitan un mes de descanso. Luego se releen, se decide que son mierda y se lanzan por la ventana.

Pues se acabó. QUIERO publicar, hostia. VOY a publicar, y pronto esta bitácora se verá asaltada por las hordas de la noche enfurecidas ante el sano cinismo de Politeísmos, los chavales empezarán a sacarse sus animales totémicos, a evangelizar a sus amiguetes y con las cajas de cereales regalarán el muñeco y la tartera de tu Dios Interior, Politeísmos ©. Y yo, mientras, me habré muerto de sobredosis de fanta de limón, que es mucho más dañina que la absenta, y encontrarán mi cadáver por el olor, semidevorado por mis perros, y lo que me parte el alma es que los sacrificarán los muy hijos de puta del ayuntamiento. ¿Qué culpa tendrán los animalitos de tener un dueño que está tan bueno, sobre todo cuando se pudre?

El otro día salí de casa. Sí, ya sé que es malo. Pero tenía que documentar, sin más excusas. Me pegué un alegrón de cojones al encontrar la calle del lobo feroz. Mirad; yo escribí que había unos chinos, un bar de bocatas y una iglesia cerca, además de un cajero de La Caixa en la esquina. Y lo escribí antes incluso de mirarlo en el callejero fotográfico de QDQ. Lo puse de forma provisional, diciéndome: “luego lo corregiré”. Pues bien, voy y me pateo Fuencarral y aparece mágicamente ante mis ojos la calle del cubil de nuestro licántropo preferido. CON TODO: hasta con una Caixa, y en la esquina, decidme cómo es posible. ¿Serendipia? La iglesia de San Ildefonso a la vuelta, chinos y farmacia al lado, un Casa Pepe enfrente y... TACHÁN: una tienda de ropa gótica. Yo me descojono. Naturalmente, no estaría en el año 2000, en que se ambienta el texto, pero no deja de tener su gracia. Así que quedan advertidos: hay un superpredador viviendo en la calle de Colón, número 4, tercer piso, con su pedazo de ventanal antiguo. Sólo le faltaba tener el cristal roto, joder. Me entraron ganas de lanzarle un cascote, por la documentación, ya sabéis.

Desde allí partí incansablemente, arrastrando a mis asombrados amigos —uno de ellos desconocía mi síndrome de Clark Kent y se quedó flipado al saber de mi identidad secreta como Superescritor nocturno y panoli por el día— hasta un garito que aparece en el texto, al que, para no hacerle publicidad, denominaremos coquetamente, como en el XIX, mediante la inicial y tres asteriscos: P***. Documenté la puerta, la entrada, las calles adyacentes, los muros donde van y vienen las hostias de los personajes y demás ternuras. Después comencé a buscar el estanco hacia el que se encaminaba el lobo en un capítulo. Unas señoritas, góticas ellas —el antro es gótico, ya informé a mis fans de que la novelita tiene siniestros dentro, así que se adjunta la bolsa como en los aviones pegada a la solapa por si a alguien le dan náuseas leyéndola— se cruzaron en nuestro camino. Se sentían muy malas, muy tenebrosas y terribles, y comprendo sinceramente su angustia vital, porque estamos en julio y Lorenzo rasca cosa mala incluso a las nueve de la noche, así que con los sudores que llevarían bajo sus licras, vinilos y botazas debían de ir cociditas y, cuando a una muchacha la rehogan como a las almejas, o se pone cachonda o se siente desgraciada y de muy mala hostia. Fue la segunda opción, qué le vamos a hacer. Mi grupo de friquis acompañantes carecía de aspiraciones góticas y yo lucía un agradable conjunto de camiseta negra y vaqueros azules —lo sé, lo siento, es que en verano el luto riguroso me acaba deshidratando y tengo prohibido bajo prescripción médica ir de siniestro en los meses de calor por mi delicada salud—, así que las dulces doncellas de la noche o putas de Satán, según prefieran, nos miraron como si fuéramos un montón de cucarachas y hasta arrugaron la nariz, introduciéndonos en el cajón de los “mundanos”, o en el de los calcetines, no lo sé. Da la casualidad de que a mí las góticas siempre me han hecho mucha gracia, y tengo una lengua larguísima, que a veces debería pillarme entre los dientes. Así que ni corto ni perezoso me planté ante las siniestrillas, que me valoraron pobremente debido a mi razonable vestimenta, y les pregunté a bocajarro que si sabían dónde había un estanco. Interpelar a una siniestra para preguntarle qué hora es, qué calle es ésta o dónde hay un estanco no parece adecuado y suele sentarles mal, porque, ya sabéis, ellas dan miedo. Y más les jode que un capullo en vaqueros les toque la moral, porque, a todo esto, olvidé mencionar que eran las nueve y los estancos en Madrid suelen cerrar a la hora en que se acuestan las gallinas, así que mi pregunta estaba, ciertamente, un par de horas fuera de lugar. La vampiresa nº1 alzó el labio, la doncella de las tinieblas nº2 enarcó las cejas y la puta del demonio nº3 replicó: “¿Pero para qué quieres un estanco?”.

Ante tanta inteligencia, admito que me quedé sin habla. Estuve a un pelo de responder: “Para documentar una novela”. A saber qué hubiera sucedido en tal caso...

La gótica continuó diciendo: “Si quieres tabaco, compra en un bar”.
Cuando se dispone de una economía tan precaria como la mía, toca los cojones que te supongan millonario y dispuesto a malgastar diez céntimos, y así se lo hice saber a la oscura niña. Sin prestarme atención, me dieron la espalda y se marcharon, meneando la cabeza como si estuviera chiflado o, peor aún, fuera un gilipollas que las hubiera entrado para ligar; como si no tuviera nada mejor que entrarles a tres góticas, joder. Que yo ya estoy viejo para montar tríos. Y las cuadrillas nunca las comprendí: me sobran cuerpos para el efecto. Veamos: una chupando al varón, otra siendo chupada por él... ¿Y la tercera? ¿Distribuyendo cariños entre las otras dos? No me interesa, lo siento.

Mientras las princesas de la noche se alejaban, yo estreché los ojos y pensé tan sólo:

“Huid, huid, malditas. No sabéis que habéis perdido la oportunidad de documentar al escritor por el que luego mojaréis las bragas”.

De ilusión también se vive.

Desde el faro,

Al.

Álvaro Naira © 2006

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5 comentarios · Escribe aquí tu comentario

Gran Duque

Gran Duque dijo

Ahí, muy bien, creando lugares de peregrinaje. Aunque, como yo creo que la realidad no supera nunca a la ficción, seguro que en el piso del prota en lugar de vivir él vive una vieja decrépita con el síndrome de Diógenes.

Y joder, Naira, con lo que tú has sido, parece mentira: la tercera sirve para animar con dos pompones, y, si fuera necesario, traer y llevar accesorios útiles y/o deseables en las artes amatorias, ya sea lubricante, fresas con nata, o pececitos de colores, eso ya va en gustos.

Un saludo.

20 Julio 2006 | 03:19 PM

Legionario

Legionario dijo

Al machote, la tercera de repuesto por si se te rompe la otra jejeje o me quieres decir q ya no puedes con dos? estás mayor amigo, muy mayor jejejejejjeje

21 Julio 2006 | 01:57 AM

Aguaraguazumara

Aguaraguazumara dijo

Jejeje, no sé si es falta de memoria o de práctica, ciertos snapshots me asaltan en los que no tenías reparos en dentellear las ofertas de 3 por 1, aunque si que es verdad que a mí me solía gustar pararme a mirar con cierta distancia y fumar y dar exigentes indicaciones, jejeje... ¿lo hicimos? ¿lo hablamos? yo tampoco tengo memoria, va a ser la edad, si, jejeje.
Recuerdos de la Loba, la Jineta juanramoniana y la Aguaráguazu de las botas altas que suscribe.
Ten un descuido y déjate caer por mi casa con la Matahari que me prometiste cuando finiquites el plazo.
Bechitos incisivos!!!

23 Julio 2006 | 12:00 PM

Álvaro Naira

Álvaro Naira dijo

JAJAJAJA Aguara, que estoy necesitado, princesa. No me hables de las brujas de Eastwick que miedo os tengo a las tres... Por cierto, inmortalizadas estáis. Más o menos; una escena... Igual os jode, pero mala suerte. Ya sabes lo que dicen: "Todo lo que digas o hagas podrá ser... inmortalizado en una novela". Cuidadito con los escritores.
Voy a citar a APR, siempre oportuno y mal hablado y soplándosela la crítica: gran hombre; yo de mayor quiero ser como él. Pérez-Reverte dixit: "Quiero tanto a este cacereño volador que hasta lo he metido en la novela, con nombre y apellidos. De personaje. Me lo prohibió, claro, porque todo lo agresivo que resulta cuando está allá arriba lo es de tímido en tierra firme, donde no habla por no molestar. Pero me importa un pito".
Resumiendo: los escritores existen tan sólo para cumplir una función en la vida: inmortalizar a sus amigos y hacerles pasar mucha vergüenza cuando se leen en los libros.

Desde el faro,

Al.

24 Julio 2006 | 01:28 AM

Álvaro Naira

Álvaro Naira referenció

El lanzallamas Politeísmos © (a los niños les encanta).

... comienza la imparable carrera de las mercaderías de mi obra. Y acaba, claro, con las Tarteras de tu Dios Interior. ¡Hazte con todas!

Desde el faro, ...

8 Enero 2007 | 11:57 PM

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