“Lobos y mariposas”.

El politeísmo totémico pega fuerte en una fabulosa página para marujas.
Sí, yo también lo floté. No, carece por completo de validez científica. ¡Joder! ¡Me salió una mariposa! ¡A mí! Dice lo siguiente:
La Mariposa: Perteneces a la familia de la metamorfosis. Sabes superar tus fracasos y renacer. Tienes un temperamento enamorado, ligero e intuitivo. Posees el arte de magnificar la realidad. Tienes un espíritu muy libre y sabes transformar las obligaciones en placeres de la vida diaria. Eres una artista.
(El femenino como neutro me toca los cojones, pero más me los tocaría una arroba como en tod@s, y más todavía me los estruja que me llamen mariposa, así que no nos cabrearemos. Demasiado).
Como pareja ideal de la mariposa apareció un lobo feroz —sin comentarios— del cual la página concluía lo que os pego:
El Lobo: Perteneces a la familia de la metamorfosis. Sabes superar tus fracasos y renacer. Tienes un temperamento seductor, una fuerte personalidad y bastante carisma. Sabes fascinar a la gente que te rodea y llevarla a tu terreno. Eres hábil y determinada. Posees el arte de ganar dinero y de saber gestionarlo.
De puta madre. Que alguien me explique por qué la mariposa y el lobo están juntos en la “familia” de la metamorfosis. Que yo sepa, el canis lupus lupus y el lepidóptero se encuentran un poquito lejos en el arbol de Linneo. La gente no se ha dado cuenta todavía de que la mejor biblia para sacar animales de poder es una buena enciclopedia del National Geographic. ¿Tienes los pies en el suelo? Descartamos pájaros. ¿Te sientes en tu ambiente, cómodo en general con el biotopo que te rodea? Descartamos peces y mamíferos acuáticos. ¿Cazas, dañas, depredas, lo quieras o no, con tu forma de ser y tu carácter? Descartamos presas. ¿No te conformas con los restos de otro? Descartamos carroñeros. ¿Te gustan los retos, intentas siempre llevar a cabo empresas que te superan y te creces en ellas? Descartamos los predadores pequeños. ¿Necesitas desesperadamente compañía de los demás, aunque te joda admitirlo? Descartamos felinos. ¿Eres jerárquico, competitivo, hijo de puta, grande y orgulloso? Descartamos cánidos de tamaño mediano, como el zorro y el coyote. ¿Tienes fama inmerecida de ser el mayor cabrón que existe sobre la tierra, aunque tú andes sonriendo con los belfos negros y meneando el rabo? Descartamos perros. ¿Tienes algún tipo de pasión inútil, de talento extraño, al que te dedicas sin sentido, por placer, porque sí, porque te sale de las pelotas, es decir, le cantas a la luna? ¿Aúllas?
Enhorabuena, chaval. De ser así, eres un lobo. Como el protagonista de mi novela. Disfruta de tu suerte: te has llevado al bicho que se encuentra en la cumbre de la cadena alimentaria, el superpredador, carente de competidores aparte del hombre.
Pero también te has quedado con el antepasado del perro doméstico. Con el lobo feroz, te tragas al pastor alemán, al chihuahua y al caniche, y toda la tragedia terrible de la domesticación. Te llevas al animal más noble, más elegante y bello del bosque europeo, y al chucho histérico con coletas al que todos deseamos aplastar con el pie. Te tragas la culpa inmensa de haber sido la primera bestia que renunció a su libertad a cambio de calor y compañía del ser humano —su peor enemigo—, te tragas el miedo, el pánico a que en cualquier momento se te crucen los cables y dejes de disfrutar del sabor de la sangre cuajada entre los colmillos para deslizarte desde el monte altivo, y renuncies a tu libertad magnífica para comer carne cocinada y calentarte junto a una antinatural hoguera. Come y mastica tu pecado, lobo. Es un drama como la copa de un pino.
Es la historia —una de ellas— que se cuenta en Politeísmos.
Desde la lobera,
Al.
Álvaro Naira © 2006
Escuchad esto y juradme que no se os ponen los pelos de punta. No os creeré.








