Joder, Naira, al final lo has puesto. Di que sí, con dos cojones, que hay que reírse de uno mismo. La verdad es que el muñeco (sacado del Para ti que eres joven, hombre, hay que mentar las fuentes XDD) se te da un aire, excepto en lo de la botella de absenta rellena de fanta de limón: que más quisiera tu hígado que fuera fanta de limón... Pues eso: para el pequeño Chespir de la casa (para el que no haya caído: Chespir: castellanización con fines cómicos de la fonética de Shakespeare, el célebre personaje secundario de la serie The Sandman).
Jodrrrrrrrrrrr estoy espeso. Es que he dormido una mierda. Qué bueno lo de Sandman. No lo había cazado, o leído, o visto. Así me comento a mí mismo y aumento los comentarios del blog, sus visitas y camino derechito al Templo de la Inmortalidad (pasando por la coctelera).
Autor del limes; siempre en la delgada línea entre la alta literatura y el pulp. Decidió, en medio de un delirio provocado por las drogas, que iba a ser el único escritor que contara historias fantásticas haciendo uso de todos los recursos sublimes y exquisitos de la Literatura Con Mayúsculas —habría tenido mucho más éxito al contrario, narrando gafapastadas en un estilo mediocre y bestsellario—. Cuando tomó tal camino único y propio y resolvió abrirlo a dentelladas, seguramente aún no había leído a Cortázar o, si lo hizo —otorguémosle el beneficio de la duda—, consideró que el maestro no se mojaba lo bastante, que no hundía los puños en el fango de la fantasía más salchichera y cutre para bruñirla en la cochura a fuego lento de su prosa preciosista y convertirla en una porcelana chinesca. Álvaro Naira es un fracasado por elección, lo cual es todavía más triste que ser un pelagatos a secas: escribió una novela, una editorial se la aceptó pero le ofreció un contrato leonino, así que se sintió ultrajado en su delicadísimo ego y la sacó en Lulú, donde nadie la lee, ni la compra ni nada, lo cual le satisface plenamente. Actualmente se encuentra en retiro espiritual en una cueva del Tíbet, con la única compañía de un ejemplar de las Psicomagias de Jodorowsky —al que no soporta— y ortigas como desayuno, comida y cena. Fruto de tales ejercicios ascéticos, ha parido un segundo libro, entre exclamaciones de eureka y albricias. Espera fervientemente que éste tenga tanta repercusión como el anterior; para ello, ha puesto todos los medios a su alcance y ni siquiera lo ha autoeditado ni sacado de su disco duro para que haga la ronda entre los amiguetes. Antes mostraba su desprecio por la literatura intelectual y el realismo en un hábil juego intertextual —ya que éstos son los géneros que más le satisfacen desde siempre—, y se presentaba como tocapelotas y cínico. En realidad no era más que un niñato un pelo irónico y corrosivo: téngase en cuenta que la ironía es una de las bellas artes; el cinismo una enfermedad terminal. Hoy en día, a tenor de la experiencia que ha ganado y de lo mucho que detesta a la especie humana —desprecio que, bien entendido, comienza por uno mismo— se puede considerar, sin temor a equivocarse, un auténtico cínico. O un enfermo terminal: ustedes deciden.
Gran Duque dijo
Joder, Naira, al final lo has puesto. Di que sí, con dos cojones, que hay que reírse de uno mismo. La verdad es que el muñeco (sacado del Para ti que eres joven, hombre, hay que mentar las fuentes XDD) se te da un aire, excepto en lo de la botella de absenta rellena de fanta de limón: que más quisiera tu hígado que fuera fanta de limón... Pues eso: para el pequeño Chespir de la casa (para el que no haya caído: Chespir: castellanización con fines cómicos de la fonética de Shakespeare, el célebre personaje secundario de la serie The Sandman).
Un saludo.
16 Julio 2006 | 12:50 AM