La Coctelera


30 Junio 2006

Probando, probando.

Aquí estamos. Haciendo lo que siempre dije que no haría ni muerto y enterrado: un maldito blog. Al menos, llamémoslo en castellano, por su nombre, "cuaderno de bitácora" pese a que suene friqui y sacado de Star Trek.

Esta mañana he ido a pagar los 11, 95 euritos por Politeísmos a Alcalá, 31. Y me he sentido gilipollas. Como siempre que voy. Anormal. Estúpido. Diletante. Ésa es una palabra perfecta para definir lo que se me pasaba por la cabeza mientras sonreía como un imbécil y echaba las firmitas en las casillas. Es una sensación de las que se degustan y se paladean: el ridículo. Es como si las funcionarias se estuvieran riendo de ti a mandíbula batiente. Cuando te repiten el título no es para comprobar si lo han apuntado correctamente, no. Es para descojonarse en tu cara de que le hayas puesto un rótulo tan idiota a un texto. Es para reírse de que escribas; de que te sientas autor, de que estés dispuesto a pagar para demostrarlo, y se parten el pecho de que creas, sinceramente, que te vas a comer una rosca en el mundo editorial. Se mean de ti, de que lo intentes.

NO, joder, no he publicado en la vida. Y puede que no publique jamás. Seguiremos enterrando el material en el cajón, en el disco duro, debajo del puto colchón, junto con el Monstruo Indeciblemente Feo que reside en el hueco oscuro que hay bajo toda cama que se precie de serlo.
Pero he registrado Politeísmos, y las apuestas contra uno mismo es lo que tienen: que siempre pierdes. Así que de esta forma tan de andar por casa en zapatillas, sin timbales, trompetas ni deus ex machina, inauguro solemnemente la bitácora del escritor Álvaro Naira.

Álvaro Naira © 2006

servido por Álvaro sin comentarios compártelo

sin comentarios · Escribe aquí tu comentario

Los comentarios están cerrados


Sobre mí

Avatar de Álvaro

alvaronaira

Madrid, España
ver perfil »
contacto »
Autor del limes; siempre en la delgada línea entre la alta literatura y el pulp. Decidió, en medio de un delirio provocado por las drogas, que iba a ser el único escritor que contara historias fantásticas haciendo uso de todos los recursos sublimes y exquisitos de la Literatura Con Mayúsculas —habría tenido mucho más éxito al contrario, narrando gafapastadas en un estilo mediocre y bestsellario—. Cuando tomó tal camino único y propio y resolvió abrirlo a dentelladas, seguramente aún no había leído a Cortázar o, si lo hizo —otorguémosle el beneficio de la duda—, consideró que el maestro no se mojaba lo bastante, que no hundía los puños en el fango de la fantasía más salchichera y cutre para bruñirla en la cochura a fuego lento de su prosa preciosista y convertirla en una porcelana chinesca. Álvaro Naira es un fracasado por elección, lo cual es todavía más triste que ser un pelagatos a secas: escribió una novela, una editorial se la aceptó pero le ofreció un contrato leonino, así que se sintió ultrajado en su delicadísimo ego y la sacó en Lulú, donde nadie la lee, ni la compra ni nada, lo cual le satisface plenamente. Actualmente se encuentra en retiro espiritual en una cueva del Tíbet, con la única compañía de un ejemplar de las Psicomagias de Jodorowsky —al que no soporta— y ortigas como desayuno, comida y cena. Fruto de tales ejercicios ascéticos, ha parido un segundo libro, entre exclamaciones de eureka y albricias. Espera fervientemente que éste tenga tanta repercusión como el anterior; para ello, ha puesto todos los medios a su alcance y ni siquiera lo ha autoeditado ni sacado de su disco duro para que haga la ronda entre los amiguetes. Antes mostraba su desprecio por la literatura intelectual y el realismo en un hábil juego intertextual —ya que éstos son los géneros que más le satisfacen desde siempre—, y se presentaba como tocapelotas y cínico. En realidad no era más que un niñato un pelo irónico y corrosivo: téngase en cuenta que la ironía es una de las bellas artes; el cinismo una enfermedad terminal. Hoy en día, a tenor de la experiencia que ha ganado y de lo mucho que detesta a la especie humana —desprecio que, bien entendido, comienza por uno mismo— se puede considerar, sin temor a equivocarse, un auténtico cínico. O un enfermo terminal: ustedes deciden.








Creative Commons License
Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons.

Fotos

Álvaro Naira todavía no ha subido ninguna foto.

¡Anímale a hacerlo!

Buscar

suscríbete

Selecciona el agregador que utilices para suscribirte a este blog (también puedes obtener la URL de los feeds):

¿Qué es esto?

Crea tu blog gratis en La Coctelera