La Coctelera


30 Junio 2006

“Yo aquí he venido a hablar de mi libro”.

Paco Umbral, novelista y hablador de su libro, es un gran tipo, siempre inspirador. Tiene solera la famosa anécdota, pero hay otras docenas igual de entrañables y tiernas, como la vez en que una dulce muchachita, periodista al parecer, se le acercó con amplia sonrisa, dando por sentado —ingenua— que un Caballero Tan Importante como un escritor, adalid de las artes y las letras, al que se debe dirigir uno con tarjeta de filo de oro por debajo de la puerta, se acordaría de su ínfima y despreciable persona sólo por haberla visto en una ocasión anterior —otro día escupiré veneno por la boca sobre el paradigma romántico, la visita de Calíope a las cuatro de la mañana, la idea del Genio y el superhombre nietzscheano y cómo me toca las pelotas Harold Bloom: pero hoy, no—. Paquito respondió: “Discúlpeme, señorita, pero yo tengo una memoria fatal para las caras. Ahora bien, si me enseña usted el culo seguro que la reconozco”.

Bravísimo.

Pues siguiendo los pasos del Maestro, ha llegado el momento cumbre en que yo voy y hablo de mi libro, aunque si alguna hembra de las muchas presentes me quiere enseñar las posaderas, tampoco me quejaré, claro.

¿Preparados?

Captatio benevolentiae: mi texto NO está bien escrito. Bueno, a ver, a ratos me parece que es lo mejor que he hecho en mi puñetera vida, pero sigue un estilo seco, contundente y veloz, sin florituras. Hasta los cojones de la calidad. Hasta los cojones de los filólogos. Hay que prenderles fuego a los filólogos. A todos. Que trabajen para comer: filólogo que empieza la carrera, a levantar mampostería de ladrillos, o a subir una piedra como Sísifo, que es menos útil y más frustrante.

[Sí. Por supuesto. Yo SOY filólogo.]

A ver, entendedme: ¿qué coño es eso de valorar un texto literario y explicárselo al lector como si no supiera leer solito? ¿Qué coño es eso de un montón de pseudointelectualoides que comen —tres veces al día— de criticar libros en artículos que lee el que está sentado en el despacho de enfrente, y de poner a caldo —cuando la mayoría son incapaces de escribir una línea propia que no trate sobre otro— a Arturo Pérez-Reverte, por ejemplo, como si fuera la bestia negra de la literatura española, sólo porque hace novelas de entretenimiento?

Haciendo uso de mis amplios conocimientos en cultura general, os ilustro con la ironía finísima de don Jacinto Benavente, coyote oportunista donde los haya: “¿Críticas?”, dijo. “No hay escritor de prestigio en España que no se haya metido conmigo y con mis obras. Meterse con mis obras hace intelectual”.

¿Acaso la literatura es algo más que un puto ocio? ¿Por qué se cree la gente tan importante? La literatura, señores míos, no ocupa más que una parte muy pequeña de la vida de una parte muy pequeña de la humanidad. El resto ve la tele. Así que menos lobos. O más, pero de los que muerden y lanzan tarascadas; porque mi novelita es de licántropos. A quien no le guste, que mire en otra dirección. Mi libro está compuesto por mucho diálogo violento, llenito de tacos y extremadamente oral, y salen un montón de niños góticos haciendo el gilipollas. En principio es un texto de diversión sin pretensiones. Y entretiene, cojones. ¿No se trata de eso? Que yo estoy HASTA LOS HUEVOS de intelectualidades después de cinco años de carrera idiota, y me siento dispuesto a gritar sobre una colina, orgullosamente, con la espada en alto y un trueno al tiempo, que yo consumo y escribo literatura fantástica porque la realidad me aburre y me frustra. Denúncienme.

(Luego es mentira, por supuesto, que yo siempre tengo pretensiones, que me lo tengo así de creído, y soy DIOX y escribo mejor que nadie y nadie me llega a las suelas: inflad un ego de globo hasta llenar el cuarto y probad después a pincharlo y os haréis a la idea de cómo funciona mi carácter.)

Desde el faro,

Al.

Álvaro Naira © 2006

servido por Álvaro 5 comentarios compártelo

5 comentarios · Escribe aquí tu comentario

Aarón

Aarón dijo

Un gran post. ;)

30 Junio 2006 | 12:50 AM

Álvaro Naira

Álvaro Naira referenció

¡Construye tu propia breve reseña biobibliográfica! (Play-Doh)

... según el día, y es la figura del escritor estrella. Ya lo dije hace tiempo en un post, pero me repito: la literatura no le interesa a prácticamente NADIE...

24 Enero 2007 | 01:46 AM

Stavrogin

Stavrogin dijo

Reconozco que la literatura hace ya mucho tiempo que dejó de interesarme.

Y eso que me paso el día leyendo: en el metro, en los retretes del Ministerio de Asuntos Exteriores, en las escaleras de la FNAC o incluso en la puerta de los cines Verdi. No puedo parar de leer. Montones de libros se han acumulado en mis estanterías y aun así me empeño en seguir comprando nuevo material en la Antonio Machado o en La Central del MNCARS.

Pero no leo literatura. Jamás. Nueve de mis diez libros favoritos son novelas. Llegué a admirar profundamente a Dostoievski, Chejov, Hesse, Camus, Hoffmann, Flaubert y Sábato, pero un buen día me cansé de la narración. De pronto sentí que la novela no me enseñaba nada. Me cansé de historias. Me harté de sentimentalidad (decimonónica) y de cinismo (posmoderno). Me aburrí de sentencias lapidarias y de frases asfixiantes de cinco palabras. La literatura ya no tiene nada que ofrecer. Fue un artificio de la modernidad burguesa (aunque heredera, como siempre, del mundo greco-latino) y murió con la modernidad burguesa. Una simple etapa en la historia de la transmisión del conocimiento. Una etapa bonita, sin duda. Pero nada más.

La posmodernidad propone la ruptura de las fronteras en el conocimiento. Ya no habrá que elegir entre filología, filosofía o sociología, porque todo es lo mismo. No puede haber buena literatura sin buena formación filosófica, ni buena sociología sin buena literatura. Todo está en todo. Ni novela, ni ensayo, ni ciencia. Todo junto. Ni derecha ni izquierda: lo uno y lo otro. Ni heterosexualidad ni homosexualidad: sexualidad.

27 Enero 2007 | 12:27 AM

Stav

Stav dijo

Aunque con tu novela pienso hacer una excepción, claro...

27 Enero 2007 | 01:07 PM

Al

Al dijo

Se agradece enormemente el voto de confianza y la excepción. Yo creo que puede llegar a gustarte. Bueno, estoy absolutamente convencido de que flipará al 80% de la población entre los quince y los treinta y cinco años, pero eso es porque vivo en la nube y porque YO soy el mayor FRIQUI de mis propios textos, y si no salgo a la calle disfrazado de los personajes es de milagro. Es una novela de fantasía realista, actual, de politeísmos chamánicos y... y salen un montón de niños góticos haciendo el gilipollas.
Pero es grande. Créeme. O no. Mejor no me creas. Es mía, yo qué coño te voy a decir. Cuando logre colocarla, serás de los primeros en enterarte y podrás juzgar por ti mismo. Advertencia: es ENGAÑOSAMENTE juvenil. Quiero decir que en realidad no lo es, pero al principio lo parece. Va... in crescendo, que mola más que decir que va creciendo.
Ahora mismo sigo esperando que una colega de un colega de un colega de una colega me corrija los diálogos de un personaje secundario porteño -me maté a documentarlos, pero yo no soy argentino y habrá errores, y de los de traca, chiste y voltereta, échale un vistazo a mi post de "El argentino cuando acaba, acaba de verdad"-. Y claro, como es un favor, pues la chica se retrasa y se lo toma con calma. No, no le pago un duro a la pobre. Tampoco podría aunque quisiera.

De todas formas, no estoy para nada de acuerdo con tu opinión sobre la literatura. Claro, es mi oficio, no te jode. Pero por más cosas que por mis garbanzos futuros. Sería largo que te contara lo que opino del postmodernismo, así que lo reservo para un post, pronto... De momento, meto una chorrada para poner contenta y feliz a La Masa. Este blog sólo recibe visitas y comentarios de desconocidos cuando hago festival de chorradas, cosa que me jode. Pero entiendo que mis artículos son larguísimos y da vagancia, así que llegué a la conclusión de que intercalando podía meter en mi tela de araña a más lectores posibles... que yo quiero vender. Yo quiero que cuando salga mi novela, haya alguien esperándola.
¿Me conformo con uno? Mentiría. No me conformo ni con diez mil. Para mí es importante, dice muchas cosas que pienso y me gustaría que los demás pudieran leerlas.
Un libro te puede cambiar la vida. A mí me la cambian todos y cada uno de los libros que leo, aunque sea mínimamente.

Llámame pedante, iluso, gilipollas, majadero, subnormal, soberbio, cándido, ególatra y memo.
Me gustaría cambiarle la vida a alguien. Y ahí sí que me vale con uno.

Ah. Me alegro de leerte, Stav.

28 Enero 2007 | 07:22 PM

Los comentarios están cerrados


Sobre mí

Avatar de Álvaro

alvaronaira

Madrid, España
ver perfil »
contacto »
Autor del limes; siempre en la delgada línea entre la alta literatura y el pulp. Decidió, en medio de un delirio provocado por las drogas, que iba a ser el único escritor que contara historias fantásticas haciendo uso de todos los recursos sublimes y exquisitos de la Literatura Con Mayúsculas —habría tenido mucho más éxito al contrario, narrando gafapastadas en un estilo mediocre y bestsellario—. Cuando tomó tal camino único y propio y resolvió abrirlo a dentelladas, seguramente aún no había leído a Cortázar o, si lo hizo —otorguémosle el beneficio de la duda—, consideró que el maestro no se mojaba lo bastante, que no hundía los puños en el fango de la fantasía más salchichera y cutre para bruñirla en la cochura a fuego lento de su prosa preciosista y convertirla en una porcelana chinesca. Álvaro Naira es un fracasado por elección, lo cual es todavía más triste que ser un pelagatos a secas: escribió una novela, una editorial se la aceptó pero le ofreció un contrato leonino, así que se sintió ultrajado en su delicadísimo ego y la sacó en Lulú, donde nadie la lee, ni la compra ni nada, lo cual le satisface plenamente. Actualmente se encuentra en retiro espiritual en una cueva del Tíbet, con la única compañía de un ejemplar de las Psicomagias de Jodorowsky —al que no soporta— y ortigas como desayuno, comida y cena. Fruto de tales ejercicios ascéticos, ha parido un segundo libro, entre exclamaciones de eureka y albricias. Espera fervientemente que éste tenga tanta repercusión como el anterior; para ello, ha puesto todos los medios a su alcance y ni siquiera lo ha autoeditado ni sacado de su disco duro para que haga la ronda entre los amiguetes. Antes mostraba su desprecio por la literatura intelectual y el realismo en un hábil juego intertextual —ya que éstos son los géneros que más le satisfacen desde siempre—, y se presentaba como tocapelotas y cínico. En realidad no era más que un niñato un pelo irónico y corrosivo: téngase en cuenta que la ironía es una de las bellas artes; el cinismo una enfermedad terminal. Hoy en día, a tenor de la experiencia que ha ganado y de lo mucho que detesta a la especie humana —desprecio que, bien entendido, comienza por uno mismo— se puede considerar, sin temor a equivocarse, un auténtico cínico. O un enfermo terminal: ustedes deciden.








Creative Commons License
Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons.

Fotos

Álvaro Naira todavía no ha subido ninguna foto.

¡Anímale a hacerlo!

Buscar

suscríbete

Selecciona el agregador que utilices para suscribirte a este blog (también puedes obtener la URL de los feeds):

¿Qué es esto?

Crea tu blog gratis en La Coctelera