Uno se aburre, ahora que ha acabado el primer arco argumental de su novelita, y se plantea si joder por completo algo que aparentemente funciona, escribiendo el resto, o si mandarlo a tomar por culo, bajo la cama, y a otra cosa mariposa. Lo de enviar el manuscrito a una editorial, como es evidente, no entra dentro de las posibilidades.

Así que me aburro, y cuando yo me aburro suceden cosas terribles, tales como que desempolvo mis escasas dotes como diseñador gráfico y creo la portada ficticia de mi ficticia edición. Y voy y la registro —imbécil, subnormal, estúpido: 15,86 euros; 3,91 de más por estar en formato electrónico y no sólo en papel, pero mi impresora es un asco y escupe borrones de autoría imposible de reconocer ante los tribunales frente a la muchedumbre ansiosa por robar mi mierda y emplearla para sus propios fines—. No contento con darle dinero al estado por mis majaderías, de forma enfermiza y vergonzosa voy y abro el modificador de imágenes y planto encima del jpg, que no estaba del todo mal, mi nombre y el título, y hasta le doy el aspecto de diversas editoriales: pego las tiras negras y el escudo de Alfaguara, la cenefa gótica de Valdemar, los marcos amarillos de Lengua de Trapo, las líneas y esfumatos de la edición lujo de Destino, la franja inferior de Espasa tapa dura, el recuadro de Minotauro, la tipología textual corrida a un lado de Ediciones B, el fondo tono pastel de Salamandra y la escalerilla marrón de la esquina de SM Gran Angular. Y luego, una vez que he malgastado horas y horas frente al adobe, contemplo mis fotomontajes con placer, me enciendo un cigarro y considero en qué editorial quedaría más estético mi libro. Y no me siento de pronto gilipollas, como concluirán mis muchos y ávidos lectores: me llevaba sintiendo gilipollas desde el principio.

Por si no había suficiente disfuncionalidad en la actuación precedente, compongo la faja de best-seller, color rojo sangre con letras negras que chillan: “18ª. edición”. Puestos a fliparse...
Ya para rematar la hazaña, en un arranque de inspiración escribo la síntesis comercial de la contraportada. Os deleitaré con ella por si tuvisteis un mal día, para que comprobéis que siempre hay alguien que lo tuvo peor. Reza lo siguiente:


“Novela de fantasía realista, urbana, sucia y contundente, con una mitología elaborada de tipo pagano, que le da una vuelta de tuerca al tópico de los licántropos”.

Le falta por añadir un “y que sacudirá los cimientos de la civilización occidental” para parecer una contraportada de Dan Brown. Si no la conocéis —raro sería—, no os perdáis esta bitácora.

Desde el faro,

Al.

Álvaro Naira © 2006