La Coctelera


30 Junio 2006

"Politeísmos es una seductora y verosímil historia de intriga” (The New York Times)

Uno se aburre, ahora que ha acabado el primer arco argumental de su novelita, y se plantea si joder por completo algo que aparentemente funciona, escribiendo el resto, o si mandarlo a tomar por culo, bajo la cama, y a otra cosa mariposa. Lo de enviar el manuscrito a una editorial, como es evidente, no entra dentro de las posibilidades.

Así que me aburro, y cuando yo me aburro suceden cosas terribles, tales como que desempolvo mis escasas dotes como diseñador gráfico y creo la portada ficticia de mi ficticia edición. Y voy y la registro —imbécil, subnormal, estúpido: 15,86 euros; 3,91 de más por estar en formato electrónico y no sólo en papel, pero mi impresora es un asco y escupe borrones de autoría imposible de reconocer ante los tribunales frente a la muchedumbre ansiosa por robar mi mierda y emplearla para sus propios fines—. No contento con darle dinero al estado por mis majaderías, de forma enfermiza y vergonzosa voy y abro el modificador de imágenes y planto encima del jpg, que no estaba del todo mal, mi nombre y el título, y hasta le doy el aspecto de diversas editoriales: pego las tiras negras y el escudo de Alfaguara, la cenefa gótica de Valdemar, los marcos amarillos de Lengua de Trapo, las líneas y esfumatos de la edición lujo de Destino, la franja inferior de Espasa tapa dura, el recuadro de Minotauro, la tipología textual corrida a un lado de Ediciones B, el fondo tono pastel de Salamandra y la escalerilla marrón de la esquina de SM Gran Angular. Y luego, una vez que he malgastado horas y horas frente al adobe, contemplo mis fotomontajes con placer, me enciendo un cigarro y considero en qué editorial quedaría más estético mi libro. Y no me siento de pronto gilipollas, como concluirán mis muchos y ávidos lectores: me llevaba sintiendo gilipollas desde el principio.

Por si no había suficiente disfuncionalidad en la actuación precedente, compongo la faja de best-seller, color rojo sangre con letras negras que chillan: “18ª. edición”. Puestos a fliparse...
Ya para rematar la hazaña, en un arranque de inspiración escribo la síntesis comercial de la contraportada. Os deleitaré con ella por si tuvisteis un mal día, para que comprobéis que siempre hay alguien que lo tuvo peor. Reza lo siguiente:


“Novela de fantasía realista, urbana, sucia y contundente, con una mitología elaborada de tipo pagano, que le da una vuelta de tuerca al tópico de los licántropos”.

Le falta por añadir un “y que sacudirá los cimientos de la civilización occidental” para parecer una contraportada de Dan Brown. Si no la conocéis —raro sería—, no os perdáis esta bitácora.

Desde el faro,

Al.

Álvaro Naira © 2006

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3 comentarios · Escribe aquí tu comentario

Aguaraguazu

Aguaraguazu dijo

Hay gente que para ver animales pasea por el zoológico e incluso compra esas pequeñas bolsitas de comida, como si les hiciera falta, y les tira cacahuetes o da de fumar a los monos, animalitos, en fin...
Politeismos me enseñó a buscar esa diversion dentro de la gente del zooilógico de la vida del arcén, buscando siempre su verdadera sombra... y ya no puedo dejar de hacerlo.
Ahora camino como de costumbre, un poco agachada como el aguara que me diste y que ya estaba aquí conmigo, observando desde abajo, siempre de caza, sin cobrar presa pero anhelando, rezando, creyendo, completamente "dentro"... y voy cruzandome con zorros, lechuzas, gatos, alimañas sonrientes, mascotas resignadas y depredadores varios, siempre buscando al lobo, al único, al Lobo, aunque sólo viva en tu novela, aunque no sea mio ni tuyo en realidad porque pronto será de muchos "sacudiendo los cimientos de la civilización occidental".
Otras portadas le daran muchas caras pero yo siempre me acordare de esta, la primera, la que creo el sueño y recreo al soñador.

¡Larga vida al Lobo!

Porque creaste, yo "creo".

27 Enero 2007 | 07:24 AM

Al

Al dijo

Porque creaste, yo /creo/.

De las cosas más bonitas que me han dicho nunca. Gracias, Aguara. Ojalá mi personaje deje pronto de ser mío, tuyo y mío, y de los pocos que han leído ya la novela, para pasar a ser de todos.

Recemos por ello. Cada uno a su dios, princesa.

Saludos.

28 Enero 2007 | 07:09 PM

Álvaro Naira

Álvaro Naira referenció

Longum est, non legitur.

... tiempo perdido. Yo soy escritor, cojones. No diseñador gráfico (aunque haga mis pinitos).

A pesar de todo el trabajo, sigo sin tener apenas lectores...

12 Abril 2007 | 12:10 AM

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alvaronaira

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Autor del limes; siempre en la delgada línea entre la alta literatura y el pulp. Decidió, en medio de un delirio provocado por las drogas, que iba a ser el único escritor que contara historias fantásticas haciendo uso de todos los recursos sublimes y exquisitos de la Literatura Con Mayúsculas —habría tenido mucho más éxito al contrario, narrando gafapastadas en un estilo mediocre y bestsellario—. Cuando tomó tal camino único y propio y resolvió abrirlo a dentelladas, seguramente aún no había leído a Cortázar o, si lo hizo —otorguémosle el beneficio de la duda—, consideró que el maestro no se mojaba lo bastante, que no hundía los puños en el fango de la fantasía más salchichera y cutre para bruñirla en la cochura a fuego lento de su prosa preciosista y convertirla en una porcelana chinesca. Álvaro Naira es un fracasado por elección, lo cual es todavía más triste que ser un pelagatos a secas: escribió una novela, una editorial se la aceptó pero le ofreció un contrato leonino, así que se sintió ultrajado en su delicadísimo ego y la sacó en Lulú, donde nadie la lee, ni la compra ni nada, lo cual le satisface plenamente. Actualmente se encuentra en retiro espiritual en una cueva del Tíbet, con la única compañía de un ejemplar de las Psicomagias de Jodorowsky —al que no soporta— y ortigas como desayuno, comida y cena. Fruto de tales ejercicios ascéticos, ha parido un segundo libro, entre exclamaciones de eureka y albricias. Espera fervientemente que éste tenga tanta repercusión como el anterior; para ello, ha puesto todos los medios a su alcance y ni siquiera lo ha autoeditado ni sacado de su disco duro para que haga la ronda entre los amiguetes. Antes mostraba su desprecio por la literatura intelectual y el realismo en un hábil juego intertextual —ya que éstos son los géneros que más le satisfacen desde siempre—, y se presentaba como tocapelotas y cínico. En realidad no era más que un niñato un pelo irónico y corrosivo: téngase en cuenta que la ironía es una de las bellas artes; el cinismo una enfermedad terminal. Hoy en día, a tenor de la experiencia que ha ganado y de lo mucho que detesta a la especie humana —desprecio que, bien entendido, comienza por uno mismo— se puede considerar, sin temor a equivocarse, un auténtico cínico. O un enfermo terminal: ustedes deciden.








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