"DIIS IGNOTIS"

Yo lo flipo.
La verdad es que inicié mi bitácora aquí porque se podían insertar imágenes y gilipolleces, y porque el texto quedaba justificado y con sus cursivas lindísimas —pocas cosas me incordian más que los márgenes de escalera beoda: yo soy fanático del orden, la pulcritud y la corrección como buen maniaco depresivo, y si publico algún día me iré a las tiendas con pilot y típex para modificar los mil detalles que no me satisficieran a la vigésimo octava relectura de las primeras, segundas y terceras pruebas, porque yo me releo hasta que me sé de memoria y me aburro de mí mismo más de lo habitual en una persona que convive consigo las veinticuatro horas—, pero un coleguita me dijo que la coctelera molaba más y que en la coctelera hasta te leían. Y uno tiene su orgullito, su ego arrugado y flácido que se empalma de cuando en cuando, así que me dije: pues vamos a copiar las entradas y mantengo dos blogs espejeantes y magníficos, el de blogspot con sus JPGs y el de la coctelera todo cerdo a línea tirada.
Y voy y me topo con un comentario en menos de una hora. ¡Joder! ¡Soy leído! ¡Es la polla! ¡Alguien se ha tragado mis chorradas! ¡Alguien, en alguna parte del planeta, ha malgastado cinco minutos de su tiempo en MÍ, y le he interesado lo bastante como para dejar un posteo! No bailo porque son las seis de la mañana e igual a los vecinos les jode que dé patadas en su techo, que si no...
Ahora que estoy feliz como una lombriz, me sucede algo curioso e intenso: no puedo evitar ir eyaculando chorros de pedantería —luego me flagelaré por ello, tranquilos—, así que voy a culturizar un poco al personal porque no sé cómo andaréis de latines: el título macarrónico que encabeza mi vómito del día proviene de los Hechos de los Apóstoles, XVII, 23. Naturalmente, yo no lo conocía por ahí, y no porque no me guste la Biblia, que me pone y mucho, sobre todo el Cantar de los Cantares, con esa Iglesia de Cristo personificada en señorita cuyos pechos brincan como gacelillas gemelas, y suscribiría la opinión borgiana si no fuera porque le encuentro más interés al Poema de Gilgamesh, a la Odisea y al Kalévala —aunque esos textos son mitología y yo soy politeísta como los personajes de mi novelita, así que creo en su veracidad, no en la bíblica, y estoy con Borges, finalmente, en que la Biblia es la obra cumbre de la literatura fantástica—. Todo esto viene al caso porque Balzac, escritor como la copa de un pino de ese coñazo de movimiento denominado Realismo, pero además cuentacuentos de lo fantástico más que notable, emplea tal fórmula en El elixir de larga vida, diciendo cosas tan bonitas como las siguientes:
“La lectura proporciona amigos desconocidos y ¡qué amigo, el lector! Tenemos amigos conocidos que no leen nada nuestro. El autor espera haber pagado su deuda dedicando esta obra DIIS IGNOTIS (A los dioses desconocidos)”.
Álvaro Naira se quita el cráneo como en Luces de Bohemia y asiente con la cabecita: sí, señor. Eso está muy bien. Pues a los lectores desconocidos les levanto un altar y les rindo culto y les quemo una barrita de incienso.
Gracias, Aarón, tío. Te impongo la medalla al mérito de ser mi Primer Lector Desconocido. Y que sepas que me has hecho inmensa, salvajemente feliz; que yo soy más simple que el mecanismo de un chupete y basta con esto para tenerme dando saltitos como un teletubbie.
Desde la puta cima,
Al.
Álvaro Naira © 2006










eltioantonio dijo
A todos nos place que nos lean -el ser humano es así- y negarlo sería una falsedad.
Nuestro empeño en cada post se ve recompensado por una amena y grata nota de algún desconocido que ha quitado unos minutos de su preciada vida en leernos....
Un saludo
6 Julio 2007 | 10:21 AM